arte, carrusel, danza, entrevistas, escena, teatro — 15 abril, 2020 at 1:26

Vamos a tener que dedicarnos a reconstruir lo que se ha visto demolido de una forma muy abrupta

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Durante mucho tiempo vamos a tener que dedicarnos a reconstruir lo que se ha visto demolido de una forma tan abrupta. Así afirmó el actor, profesor y director teatral, Raúl G. Figueroa. Como una manera de resumir el cómo se está disponiendo el terreno tras la irrupción del virus COVID-19 en España.

¿Qué hechos desencadenaron que esta crisis entorno al mundo de la cultura de España, empezará a tener un mayor alcance mediático? ¿Qué fue lo que marcó un antes y después en este proceso? El pasado 8 de abril se publicó en el periódico El Confidencial, la respuesta del Ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, a todas las llamadas de atención del sector de la cultura de este país, en las que se le solicitaban medidas especificas para amortiguar los efectos de esta crisis sanitaria, y las inhabitables condiciones por las que han pasado desde hace años. El caso es que el ministro dio una declaración en rueda de prensa el pasado 7 de abril, diciendo: «Esta es una crisis, total, global y que afecta al conjunto de la economía española, nos ha parecido que en este momento lo razonable es el esfuerzo general para que el país salga adelante. Y llegará el momento en que tendremos que impulsar y reimpulsar, el deporte y la cultura cuando estemos en situación…, la voluntad de que este país salga adelante es una decisión más justificada que actuar por sectores«.

Por más que el ministro Rodríguez Uribes haya reconocido que la cultura es de los sectores más golpeados, insistió en que las medidas emprendidas hasta ahora por el Gobierno Central, deben seguir siendo transversales para atender en paralelo, las urgencias que nos acusan, ya que al fin al cabo lo primero es la vida, la salud de las personas. De todas formas, mostró su voluntad de que todos los espectáculos sean reprogramados, aunque reconoció que no se sabe qué va a pasar: «Es verdad que estamos estudiando distintos escenarios y haremos lo que marquen los expertos sanitarios. No podemos anticipar nada, nuestra prioridad es combatir con éxito esta pandemia«.

Sin embargo, el pasado 9 de abril en eldiario.es el presidente de Redescena, Carlos Morán declaró: hay que tener en cuenta que cuando termine el confinamiento no vamos a poder reactivarnos  como los demás sectores ¿Cuándo podremos abrir? ¿En qué condiciones? ¿Reduciendo aforo? Está claro que no es rentable, mientras se ha de tener presente que subsisten alrededor de 700.000 trabajadores del sector cultural. Como también, el portavoz de la Unión de Actores y Actrices de España, Iñaki Guevara, remarcó que la mayoría de afiliados no se han podido acoger al paquete medidas laborales emprendidas por el Gobierno Central, porque rescindieron sus contratos antes de que se declarase el estado de alarma sanitaria. «Sólo les servirá a un 1% del sector, los que trabajan en El Rey León o Cuéntame. Normalmente, firmas acuerdos por función o por bolos, y todos se han suspendido». Y no es que el ministro Rodríguez Uribes no lo sepa ya que se lo trasladaron en una reunión que tuvieron el pasado 6 de abril: hecho que les hace sentirse traicionados y menospreciados.

Ese mismo día se le solicitó al ministro de Cultura y Deporte, que reconsiderase su situación con ayudas para la subsistencia, «tal como se ha hecho con otros sectores igualmente precarios como el de las empleadas del hogar», ya que las medidas que aprobó el Gobierno Central, no se ajustan a la realidad concreta del sector, entre otras cosas, por su carácter intermitente.

Si es que no tardaron, desde la FECED (Federación Estatal de compañías y empresas de danza de España) en publicar un comunicado oficial (el mismo 8 de abril) con el fin de dar una respuesta a las declaraciones del ministro Rodríguez Uribes. Esta federación sacó a relucir su descontento por las afirmaciones del citado ministro, siendo que aunque asuman la urgencia y la necesidad de atender a la población en medio de este estado de alarma sanitaria, el caso es que ello no le priva de llevar a cabo su trabajo, es decir: la FECED ha calificado  la actitud del ministro de «dejación de funciones y obligaciones para con el sector. Unas funciones y obligaciones que están siendo ejercidas de forma ejemplar por sus homólogos en países vecinos con quienes compartimos un marco común y una necesidad de primer orden en relación a la extrema fragilidad y perentoriedad de nuestros contextos profesionales y de nuestra presencia y relevancia en el conjunto del tejido social y económico del país«.

Al mismo tiempo, la FECED reivindica el valor que está teniendo la cultura a lo largo de estas semanas de confinamiento en el que está inmersa la población de este país, como un elemento fundamental que está garantizando «la cohesión, la solidaridad, la salud mental y espiritual, así como para ayudar a visualizar la superación de esta crisis por parte de toda la sociedad. Saldremos de esta (también) gracias al trabajo generoso y comprometido de cientos de miles de artistas«. Subrayando al ministro Rodríguez Uribes, que precisamente fue al sector cultural al que se le convocó para que enumere sus propuestas para abordar el durante y el después de esta crisis; propuestas que se han ido desarrollando desde finales del mes de marzo, hasta llegar a un documento que nació como fruto de la colaboración y coordinación, de numerosas asociaciones de todos los sectores culturales de España,  52 Medidas de Emergencia para el sector cultural en España (ello fue explicado en el tercer artículo de este proyecto), con una batería de medidas que procuran dar soluciones y conocimiento, de la grave crisis en que vive el sector. He allí que la FECED consideró necesaria la pronta rectificación de sus palabras y acciones, para volver a reconocer al citado ministro, «como interlocutor válido en la protección del derecho de la ciudadanía al acceso a la Cultura, en la defensa de los y las artistas de la Danza y las Artes del movimiento, así como de los profesionales de la Cultura en España».

En esta misma línea también se manifestó en otro comunicado, la Red de Teatros Alternativos. Tan sólo me gustaría añadir una cita de este último: «Lo que nos hubiese gustado, señor Ministro, es que defendiese nuestro valor en la sociedad, que defendiese la Cultura como Bien de Primera Necesidad, como patrimonio de la Humanidad, como aporte vital para el pensamiento y las humanidades, tan necesaria para crear sociedades críticas, sanas y constructivas«.

En paralelo en el programa de radio de RNE, A Compás presentado y dirigido por Olga Baeza (el cual está focalizado en el mundo de la danza): el 9 de abril invitó a todos los involucrados con dicho sector a enviar su testimonio (centrándose en cómo les está afectando las restricciones venidas de esta crisis sanitaria), empezando dicho programa con un mensaje del bailarín y coreógrafo flamenco, Daniel Doña. Uno de varios gestos que han tenido con las reivindicaciones que se han hecho en las últimas semanas, a los responsables del Ministerio de Cultura y Deporte. Por lo pronto les daré el turno de palabra a los dos testimonios, de los profesionales correspondientes a este cuarto artículo.

 

Patricia Trujillo

Actriz, docente, facilitadora de teatro socio-comunitario y coordinadora de Salamandra Cía. Teatro Social.

 

¿Qué repercusiones a nivel económico y de tu desarrollo profesional, te está suponiendo estar en medio de esta crisis sanitaria?

Hay tanto trabajo que  hacer que de hecho estoy agradeciendo el parón. Aunque echo de menos un parón más real y menos exceso informativo en redes y teléfonos: menos uso de pantallas…

A nivel económico depende de cómo reajustemos todo a la vuelta, y de las ayudas reales.

Si nos pilla sin liquidez es una situación insostenible, es obvio que no se debería de seguir pagando nada (alquileres, luz, agua, y otros gastos mínimos). Sin embargo, si nos pilla con liquidez para tirar un par de meses (reduciendo los gastos a lo mínimo), es cuestión de ver qué pasa después. Depende de eso, y esperar para ver las consecuencias.

 

¿Eres capaz de hacer a día de hoy, un pronóstico de las consecuencias que tendrá dicha crisis en tu trabajo, y en el del sector en el que te desenvuelves?

No, según de cuándo se retome la actividad, a qué ritmo y de si las actividades de estos meses de parada son aplazadas, o definitivamente suspendidas y con ello pérdidas de la facturación.

Parece que el ánimo es de no perder actividad, aunque habrá que ver en qué se traduce en las condiciones reales. Va a ser un reajuste de ¡Muchos calendarios!

También depende de las ayudas efectivas para las trabajadoras autónomas, de cómo se gestionen y cuándo lleguen: para no dejarnos a cero en los meses presentes.

 

En la línea de lo anterior ¿Cómo estás desarrollando tu actividad profesional, en estos días de estado de alarma sanitaria?

  • Poniéndome al día en asuntos pendientes de gestión, administración, diseño, planificación…
  • Continuando con la documentación de los espectáculos de teatro.
  • Manteniendo algunas clases online.
  • Haciendo ensayos online para recordar textos y detalles.

En definitiva, preparándonos para la vuelta.

 

¿Hay algo que te gustaría añadir? 

Me gustaría que este fuera un momento para replantearnos las cosas, especialmente la mentalidad productiva-consumista que nos lleva a una velocidad demasiado rápida en los ritmos cotidianos, con el consecuente deterioro de la salud de las personas y del medio ambiente. Es decir, que nos llevara a apreciar más para necesitar menos.

 

Raúl G. Figueroa

Actor y director de teatro. Licenciado superior en Arte Dramático y especialista en el entrenamiento físico- creativo del actor: desarrollando talleres y monográficos de Entrenamiento Actoral, desde su compañía Zaherí Teatro.

 

¿Qué repercusiones a nivel económico y de tu desarrollo profesional, te está suponiendo estar en medio de esta crisis sanitaria?

Desde hace muchos años vengo desarrollando mi actividad teatral desde mi propia compañía. Una compañía pequeña e independiente. Frecuentemente, de forma paralela, dirijo o actuó para otras compañías, dado que en la actualidad y desde hace años, la única opción viable económicamente es diversificarse lo más posible.

Aún así, el sector en ciertos niveles lleva sumido en la precariedad desde la última gran crisis económica y esta dinámica de trabajo solo sirve para sobrevivir a corto plazo: mi compañía ya fue herida profundamente por aquella crisis. Y con este panorama nos enfrentamos ahora a esta crisis sanitaria, que ya es económica también: pronto será social y cultural.

La repercusión económica es radical: la pérdida de todos los proyectos dentro y fuera de la compañía y la imposibilidad de generar un espacio, por el momento, para rentabilizar el trabajo que realizamos. De ganar para sobrevivir hemos pasado a no ingresar nada.

Y como nosotros, muchos compañeros y compañeras, lejos de tirar la toalla, cuando todo vuelva a la normalidad, nos reinventaremos  y empezaremos de cero: algo a lo que nuestro gremio está muy acostumbrado, desgraciadamente. Tal vez las grandes compañías se recuperen de esto con más o menos éxito, pero a los pequeños creadores nos va a costar mucho sacrificio y tiempo, y es un camino muy desconocido que no sabemos dónde acaba.

Esta dureza, esta incertidumbre, van unidas a nuestra forma de trabajo y nuestra única opción es aceptarlo con ánimo, o dedicarnos a otra cosa. No obstante nos encontraremos en una sociedad diferente: el espectador ya está cambiando su forma de ver y de lo que quiere ver en el teatro y los creadores, siempre pegados a la realidad de nuestro tiempo, estamos cambiando la forma de crear y el cómo queremos contar: se abre un tiempo nuevo que supone un reto para la sociedad artística actual.

 

¿Eres capaz de hacer a día de hoy, un pronóstico de las consecuencias que tendrá dicha crisis en tu trabajo, y en el del sector en el que te desenvuelves?

Es difícil pronosticar desde una situación que ni siquiera sabemos cuándo y cómo va a empezar a normalizarse, tampoco sabemos los cambios sociales que vamos a encontrarnos, y a los que vamos a tener que adaptarnos. Pero es obvio que la primera consecuencia, a muy corto plazo, es la destrucción de gran parte del  tejido cultural que tanto esfuerzo ha costado construir y mantener en los últimos años.

Con lo que quede, se tendrá que empezar a reconstruir nuestra forma de vida, que no depende solo del gremio, sino también, de las administraciones y las ayudas y apoyos que deben ofrecer. Del público, que tiene que volver a llenar los teatros cuando esta extraña  etapa  de arte virtual ya no tenga sentido, y el arte deje de ser gratis. De los que también nos dedicamos a la docencia para ganarnos la vida, nuestra habilidad para volver a estimular y motivar al alumnado, verdadero germen de futuras generaciones artísticas.

Todo esto en una sociedad que saldrá más empobrecida económicamente de esta crisis, pero claramente enriquecida en otros valores como la empatía y la solidaridad, sentimientos que deberían estar íntimamente ligados a nuestra actividad diaria teatral. Porque el teatro, el arte en general, es probablemente una de las disciplinas más humanas que poseemos como sociedad. En resumen, la consecuencia más inmediata y tal vez la única que está clara ahora mismo, es que durante mucho tiempo vamos a tener que dedicarnos a reconstruir lo que se ha visto demolido de una forma muy abrupta. Lo que sigue, para mí al menos, es demasiado incierto como para aventurarse a enumerar consecuencias que van a depender en gran medida de cómo demos los primeros pasos.

 

En la línea de lo anterior ¿Cómo estás desarrollando tu actividad profesional, en estos días de estado de alarma sanitaria?

Siempre he desarrollado mi actividad teatral en torno al entrenamiento actoral. No sólo es una forma de afrontar mi trabajo, sino que con el paso de los años, se ha convertido en una modo de vida, en una forma  de resistencia que me reafirma no en lo que quiero hacer en la vida, sino en cómo quiero hacerlo. Esta idea del entrenamiento diario me ayuda a seguir en contacto con lo más íntimo de mi profesión, y me refuerza para afrontar esta crisis que ante todo es humanitaria: no olvidemos que están muriendo personas. No debemos relativizar eso, desde mi humilde opinión.

Reconozco que trascender esto para seguir trabajando sobre la creatividad, sobre las ideas, me está costando y la mayoría de los días no lo consigo. Aparece a veces un sentimiento de inutilidad de lo que hago, de no aportar ahora mismo nada que repercuta de forma práctica, para mejorar lo que está ocurriendo. Muchísimos compañeros y compañeras están realizando una gran labor a través de las redes con su arte, para hacernos más llevadero el momento, así que sé que este sentimiento que a veces me bloquea no es real: pero no puedo, al menos de momento, evitar que me asalte por sorpresa.

No obstante, el entrenamiento siempre me confronta conmigo mismo, me obliga a reflexionar y me enseña que el camino creativo requiere de todo tipo de momentos. Estoy ahora  en un momento de parada. Aún así, a lo largo de cada día siempre pienso en teatro, recuerdo lecturas, autores, teoría teatral, momentos escénicos vividos o momentos de aprendizaje con mis alumnos y alumnas. Eso no ha cambiado y ninguna crisis podrá quitármelo nunca.

 

¿Hay algo que te gustaría añadir? 

Debemos prepararnos como personas de teatro para afrontar lo que viene con paciencia y unidos: se vislumbra un camino duro y largo. Pero en este momento creo, que nuestra obligación moral es estar junto a la sociedad que está sufriendo lo peor de esta crisis. Al menos mi pensamiento a día de hoy está con ellos y ellas.

 

 

Soy artista y mi profesión es una necesidad para la sociedad, porque es terapéutica

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