carrusel, teatro — 22 septiembre, 2014 at 9:33

Sexpearemente: Que no te cuenten peluquerías

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Por Alicia Aragón

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Ver un montaje de ‘Sexpeare’ y no reírse, es como un Benidorm sin guiris. Sencillamente inconcebible. Pero la última ida de olla de este dúo loco tiene un punto reivindicativo que contiene la risa y antepone la reflexión. Aunque ‘Sexpearemente’ ya estuvo en el Teatro Alfil el año pasado, la situación actual del teatro obliga a reponerla.  El que espere ver otro argumento desternillante tipo ‘Qué pelo más guay’ o ‘El título de este espectáculo no es mi madre’ va a salir algo escaldado, o como poco, confuso. No obstante, si uno se considera amante del arte escénico, el viraje hacia la indignación de Rulo Pardo y Santiago Molero le revolverá la conciencia.

Con medio cuerpo atravesando la cuarta pared, estos chicos se dirigen de tú a tú al público. El patio de butacas descubre por medio de mini parodias llenas de salero, pero con muy mala leche, el delicado estado de salud del espectáculo teatral en España. La propia trayectoria de la compañía sirve de hilo conductor para hablar de los buenos y de los malos tiempos. La realidad ficcionada a veces deja flecos inverosímiles (Rulo, para haber nacido el año que fusilaron a Lorca estás ideal. Menudas 78 primaveras más bien llevadas) y abusa del cliché (Una de las profesoras de interpretación tenía que ser argentina por narices. La concha de tu madre). 

Sin embargo, tras lo ilusionante de los bolos por toda España o la época de formación actoral en la que había que comerse un bocadillo con conflicto, los espectadores se dan de bruces con la cara amarga de ‘Sexpearemente’. Los protagonistas salen de sus personajes para gritar que están hartos de que las ayudas no lleguen, de representar para sus amigos y no para el ciudadano de a pie (Santi está harto de masturbarse y quiere follar, ahí queda eso), de que los ayuntamientos no les paguen amparándose en una deuda eterna, de que los teatros no lleven el nombre de sus autores, etc.

Al mismo tiempo, la obra es un homenaje a dos grandes de la escena teatral universal. Por un lado, Federico García Lorca clama a un célebre juez inhabilitado para que le saque de su fosa común y así poder luchar por la recuperación de los escenarios. Mientras, los actores elevan a Bernarda Alba a la categoría de oficial de primera. Por otro lado, el monólogo más famoso de ‘Hamlet’ rinde tributo a un Shakespeare con el que todos los actores sueñan representar.

Con una caradura impresionante, Santi y Rulo crean su propio diccionario Sexpeare-Español, Español-Sexpeare. Esta excusa cómica les sirve para provocar la carcajada gracias a juegos de palabras y sinsentidos lingüísticos. Pero también hay referencias plenamente explícitas con nombre y apellidos que están cargadas de intención y que son verdaderas trampas para los no iniciados. Al final, lo que importa es que con tu entrada colabores en minimizar los efectos de unos recortes que matan patas y apagan focos, aunque estos mueran con estilo parafraseando a un replicante. Que no te tomen el pelo. Recuerda que el arte siempre vence, con V de vedette. 

@aaragonmartin

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