ACHTUNG!, achtungrafías, arte, carrusel, danza, entrevistas, escena, música — 26 enero, 2021 at 0:44

Se abre un camino nuevo al combinar en mí el mundo de la danza y la música.

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Desde que colaboro con la revista Achtung, me he preocupado en  enriquecer mis críticas de danza y teatro contemporáneo, con lo que le rodea, con las cosas que también las hacen ser lo que son: artes escénicas. Aunque en ocasiones se tome por sentado o ni se piense al respecto, los artistas de lo escénico interpretan como interpretan gracias a que hay un trabajo de iluminación, una vehemente selección musical, entre otras tantas cosas; que diferencian esa interpretación en escena,  de un ensayo más en sus respectivos espacios de trabajo.

Y precisamente Miguel Marín Pavón/Arbol, es un ejemplo fantástico de cómo se pueden entremezclar bailarines con músicos. Y a pesar de que suene extraño, esto no es tan frecuente como debería.  Así su trayectoria me resulta una referencia a la hora de entender que sus trabajos,  son un acto pedagógico para todos los sectores que constituyen a las artes escénicas.

Sin olvidar, que este intérprete sacó recientemente un nuevo álbum bajo el seudónimo que usa como solista, Arbol. De dicho álbum llamado Just Another Confused Animal, también hablaremos a lo largo de esta entrevista, como muestra de que se ha procurado recorrer el amplio abanico que abarca a este versátil artista.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

Dicho lo anterior, les doy paso a la conversación que tuve con Miguel Marín Pavón:

Yo ahora soy consciente de lo que viví de pequeño. Mi padre era bailaor y mi madre cantaora de flamenco. Se la pasaban horas bailando en casa, y mi hermana y yo queríamos que parasen de ensayar.

Justo hace unos años me di cuenta que mi relación con la danza estaba allí dentro, y aunque lo he vivido de pequeño, ahora es cuando lo estoy poniendo como conocimiento: esta sensibilidad por la danza y el movimiento.

Ser músico no significa, necesariamente, que vayas a hacer música para danza. De hecho hay músicos que no se identifican para nada con ella, e incluso ver a alguien bailar, les produce pudor.

-He visto en varios de tus conciertos disponibles en internet, que te vales de diversos recursos audiovisuales. Bajo mi lectura, tienes una insistencia a darle un soporte  extra a tu música ¿Crees que ello hace que tu música sea más palpable, se haga una emisión más directa?

Cuando yo compongo me gusta tener ese punto de inspiración que es componer para algo, o para alguien. Por ello siempre tengo en mente poner imágenes, alguien bailando, alguien moviéndose, una historia real de alguien que me la haya contado, o algo que me ha pasado.

-Estamos en una época en la que lo visual se le da más importancia. Las redes sociales, básicamente, su formato es visual y lo demás es mero acompañamiento o explicitaciones.

A la hora de llevar algo a escena, hay que responder ante este contexto. Incluso una orquesta que va a tocar la décima de Malher, debe ser cuidadosa con su puesta en escena.

Desde hace bastante tiempo  para acá, me siento muy identificado con el movimiento, es decir: yo voy a ver más danza que conciertos de música, me interesan más las artes performativas.

-En la música no deja de plasmarse el movimiento, al haber una composición organizada bajo una temporalidad concreta.

Hay veces que el músico se pone a componer sin ningún tipo de inspiración. En ocasiones pienso primero en el instrumento, por ejemplo un teclado sencillo de los que te regalan en una primera comunión, y luego me pongo en la situación de que voy a hacer una música para Teresa Navarrete, sin saber todavía si ello va a formar parte de una pieza que  esté trabajando con ella.

Por ejemplo, me imagino una música pequeña para una pieza donde Teresa tiene que hacer algo muy pequeñito, algo casi naif. Me llama más imaginarme a Teresa haciendo algo determinado, por encima de la melodía. Y además quiero que con este sencillo teclado, darle un rollo más infantil.

-Muchas veces se tiene esa imagen del músico atormentado luchando con su instrumento y lo que está tocando. Me refiero a idea del violinista o el pianista solista, estando ensimismados

Yo nunca me he encontrado con esa situación  de tener que pelear con la música. Para mí siempre es un placer. Muchas veces llevo días pensando en casa qué voy hacer cuando vuelva al estudio. Y esa idea, normalmente, proviene de algo que he visto, o algo que quiero proponerle a alguien.

Wanted con Teresa Navarrete. Foto: Juan Antonio Gámez
Wanted con Teresa Navarrete. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Me hablas como si fueras un dramaturgo, o un escritor.

Si, por ejemplo, la música de Wanted (pieza que se estrenó los pasados 16 y 17 de enero en el Teatro Central de Sevilla. La cual fue un montaje mano a mano con Teresa Navarrete, con la especial participación en la dirección escénica, de Guillermo Weickert y María Cabeza de Vaca), la hice durante el confinamiento de la pasada primavera. Partí de la temática que había, entonces hice una composición para el principio, otra para el final…, desde allí es donde yo le fui proponiendo cosas a Teresa, para las escenas de esta pieza.

-¿Entonces esto que me comentas, sucede antes, durante y después del “trabajo de mesa”?

Puede pasar que solamente se haya montado la temática, o hayamos desarrollado más el tema. En ocasiones me ocurre, que con sólo hablar de un tema me viene una idea, para una parte de una pieza en proceso.

-En el momento que estás en escena tocando acompañado de alguien que está bailando, tú eres un intérprete más, o dicho de otra manera, es como si estuvieras en dos lugares al mismo tiempo.

Si. Yo he dirigido algún espectáculo de danza, por ejemplo, Welcome to the Montgomery experience (pieza que se programó en la edición del 2014, del festival de danza contemporánea Mes de Danza)  en ese caso me reuní con María Cabeza de Vaca y Teresa Navarrete, y les propongo una idea entorno a un concierto bailado. Planteándoles algo tan acabado como un vestuario, la disposición de cómo estaría el público sentado…, todo.

También en el concierto en el Teatro Central (octubre del año pasado) en el que presenté mi nuevo álbum como Arbol, Just Another Confused Animal, les dije a Silvia Balvín y a Teresa Navarrete, cuando deberían girar en el escenario, recorrerlo todo. Ello lo entiendo así, porque yo he visto muchísima danza, y llevo más de 100 espectáculos hechos.

Componer música es algo que ocurre, pero yo no necesito componer música todos los días. Me pongo música en casa, pero no soy una persona que esté al día de lo último que ha salido en instrumentos musicales. La música es mi herramienta, como lo puede ser mi herramienta lo visual.

-Veo que creas un dialogo entre lo que compones y lo que pones a prueba en la elaboración de un montaje. Como cuando ves que Teresa Navarrete no se está equivocando, y en consecuencia hay que darle unos retoques a lo que has compuesto.

Supongo que tu amplia trayectoria con ella, da para tener la confianza de hablar, y darle más peso a lo que se está bailando en escena.

¡Totalmente! También sucede que propongo una idea y sale cuadrada. Otras veces, hablamos entorno a una idea y barajamos sus posibilidades.

Esto me pasa no sólo con Teresa, sino con mucha gente. Incluso con quien no he estado actuando en directo, pero llevo un tiempo trabajando. Esa persona me pasa una música, a la vez que me va pasando vídeos de lo que está haciendo.

Y aunque yo lo tenga muy claro, a veces llego al estudio con los bailarines, y veo que alguna cosa no cuadra.

-Lo que ustedes hacen, es una manera de articular la danza con la música. Lo digo porque muchas veces en la formación académica de danza, se dice que si tienes alguna duda, estás en un apuro; uno ha de seguir el compás de la música.

Cuando yo compongo y veo que hay algo en el movimiento del bailarín, ello me lleva a buscarle un sonido. Al darme cuenta que me encanta lo que está haciendo, yo asumo qué es lo que tengo que potenciar con mi música.

-Me imagino que ha habido varios bailarines que te han seducido con su movimiento.

¡Muchos! Y muchos cuerpos, incluyendo sus apariencias. Cuando me preguntan si prefiero hacer música para la banda sonora de una película o para danza. Yo digo que para la danza, la percibo como energías: estás en un estudio con bailarines, y pasan cosas que no vuelven a ocurrir.

Cuando estás haciendo una banda sonora, y ya has visto esa escena más de veinte veces, te das cuenta que la interpretación de aquél actor no es tan buena, o que la luz en esta toma, pudo haber sido de otra manera. Este trabajo es muy mecánico.

En cambio, en la danza se produce una comunión: un día es un desastre por la parte de uno o de otro, pero es un desastre humano. Entonces decidimos parar, y retomamos el trabajo al día siguiente.

Suele ocurrir que el pase justo antes del estreno sale fatal, y el de dos días antes salió genial. Así que comentamos que nos quedaremos con el de hace dos días. Es una comunión donde estamos para las buenas, y para las malas.

O sea, si sale mal es para todos. Yo siempre digo que cuando hago un bolo con danza, a mí no me vale haberlo hecho bien, porque yo no soy ninguna estrella del rock.

-Lo que dices es muy necesario. Por ejemplo, aquí en Sevilla el conservatorio de danza, los conservatorios de música y la escuela de arte dramático, son centros que están muy alejados unos de los otros. En esos centros se imparten disciplinas que están íntimamente relacionadas,  y si me permites, las unas sin las otras no podrían existir tal y como son.

Claro. Me ha pasado que he actuado en directo con bailarines, y éstos juegan a aprenderse la coreografía. Y después de haber hechos varios bolos de gira, de repente uno se te acerca y te dice, que la música es muy bonita.

Y siguen diciendo ¿Esto es lo que tocas en directo? A mi entender, eso viene de la propia enseñanza, al no haber suficiente interacción con músicos en directo. Como si no hubiera habido en su formación, alguna clase con músicos en directo.

Yo entiendo que debería haber una asignatura obligatoria, en donde a los estudiantes de danza se les haga ir al teatro a ver danza, y luego hacer un ejercicio sobre lo que hayan visto. Y si me apuras, hablar también de lo que habrán escuchado.

Esto tiene que formar parte de la enseñanza, donde se contemple la música, la iluminación…, porque después van al teatro y no saben de lo que está compuesto  un espectáculo. Se ha llegado al punto, de que hay profesores que no se han subido a un escenario en su vida.

Sin embargo, hay gente muy muy joven que sin darse cuenta hacen cosas geniales. Pero es que no han tenido la oportunidad de estar implicados. Y cuando deciden hacer  un solo, algo propio…, se ven con dificultades a la hora de identificar lo que sucede en la música que estaban bailando.

No es necesario que sepan de música, sino el lenguaje en el que estamos hablando. Un lenguaje que tiene un punto en común.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Es que la danza no debería ser entendida, únicamente, como una correcta ejecución de unos movimientos determinados. Entonces, o tienes una profesora que te avisa de cómo son las cosas, o el estudiante tiene que estar muy alerta, a la vez que se ha de hacer una serie de preguntas.

Cuando estoy en medio de un montaje, vamos concretando distintas marcas musicales para las diferentes secuencias. Sin embargo, a los bailarines les pillan en diferentes momentos de los que se han pensado, no lo entienden, ni saben en qué momento de la música están. Entonces reproducen la coreografía, y les da igual si la han hecho en tres, en cinco o en ocho minutos. Es como si soltaran algo, lo recogen y se van.

-Se suele decir que cuando tienes realmente integrada una coreografía con la música, es cuando realmente empiezas a bailar. Dejando de enlazar movimiento de manera “obediente”.

También esto tiene que ver con esa imagen de la música, que consiste en que es algo que ha de estar subordinada a la danza. Por ejemplo, pienso en el pianista que toca en una clase de danza clásica, a quien se le tiene respeto, pero a veces ves a las profesoras dar indicaciones como si ellos fuesen sus empleados.

Esa es de las cosas más tristes que se puede presenciar como músico. Y esto no sucede así en varias compañías, ello lo ves en la enseñanza. La enseñanza de danza está muy desconectada. Por ejemplo, cuando voy al Teatro Central no veo casi ningún profesor del conservatorio.

-Cuando el Teatro Central programa danza, la mayoría de las veces es danza contemporánea.

También hay que añadir, que las profesoras de danza contemporánea del conservatorio  suelen informar de los espectáculos que les resulta más interesantes, luego hay estudiantes que van y otros que no. Sin olvidar que la mayoría de los estudiantes, son jóvenes menores de edad que hacen lo posible, por compatibilizar sus responsabilidades con el instituto con su formación en danza.

Asimismo, para algunos padres lo que hacen sus hijas en el conservatorio, se limita a una extra escolar con demasiadas horas por semana.

De todas formas, los padres podrían acompañar a sus hijos al teatro perfectamente…

 

-Bueno, yo podría seguir hablando horas de danza. No obstante, también nos convoca hablar sobre tu trayectoria como músico en solitario, bajo tu seudónimo de Arbol. Sobretodo si recientemente publicaste tu nuevo álbum, Just Another Confused Animal.

La música de tu nuevo álbum no es algo que se nos enfrente cara a cara, sino la percibo como si la misma nos sumergiese en un paisaje.

La razón del porqué no saco un disco cada año, es que siempre intento buscar una temática, a la cual la relaciono con una imagen visual que ilustra una historia realmente profunda. Además está planteada para que el que la escuche, se le presente de “tu a tu”, como para ponerte unos auriculares y subirte a un tren.

El disco lo escucho en la playa, en un viaje, estando en casa solo…, necesito tener esa sensación de que es una banda sonora de algo mío, de algo que me está pasando en ese momento. Y si esto vale para mí, puede ser de la misma manera para otra persona.

-Estamos en una época en la que los medios de producción son muy eficientes, y se nos ha aumentado la ansiedad de ser productivos. Por más que sacar un disco a cada dos años, no tiene porqué entenderse que se ha hecho algo de poca calidad.

Si claro. Yo cuando hago algo le doy muchas vueltas. Incluso hasta llegar al punto de que si no me cansa algo que me pongo, no determino que está listo.

-Recientemente tuviste una entrevista en el programa de danza de RNE, A Compás, y otra en el programa de Canal Sur llamado, Encuentros. En ambas comentaste que tu nuevo álbum lo consideras como el más personal ¿Qué hace este disco tan especial? ¿Qué novedades nos ofrece?

Cuando llegas a cierta edad, y ves que la vida es estar en una lucha continua por hacer, deshacer, encontrar, etc…, y al llegar los cuarenta empiezas a calmarte: disfrutas muchísimo de las cosas.

Entonces uno está más abierto a cosas que antes no me hubiese permitido, por ejemplo: la portada, es básicamente mi torso desnudo, yo ya no tengo nada que esconder, soy como soy.

De repente vez que hay belleza, donde antes hubieras visto eso con horror. Esto se debe al haber alcanzado un nivel de madurez, estando siempre en un estado de aprendizaje.

-En el videoclip de la canción Theresa Saint, en inicio parece que se percibe un paisaje árido, y luego te das cuenta que la cámara ha estado recorriendo todo tu cuerpo.

Cuando yo hablé con mi amigo Francisco, para que me hiciera las fotos, yo tenía muy claro que yo quería salir en la portada, pero me imaginaba que sólo saldría mi cara.

Al tiempo de iniciarse la sesión de fotos, me dijo que me quitara la camiseta, y esto sucedió en Barcelona en pleno mes de octubre a las afueras del Caixa Forum ¡Pegaba una rasca! Él me iba dando indicaciones, y de repente empezaron a aparecer niños de colegios mirándome. A lo que Francisco me preguntó si me molestaban los niños…, esto es un aprendizaje.

Y no me molestaba. Estaba totalmente entregado, y quería saber qué realmente iba a salir de allí. Con treinta años igual me hubiera negado a hacer algo así.

Luego llegó el de seguridad, y nos dijo que no podíamos continuar. Entonces Francisco propuso que nos fuéramos a su casa, y dispuso una pared para seguir con la sesión.

Yo estaba intrigado. Me decía a mí mismo, que mucho me tienen que gustar las fotos para permitir que salga mi cuerpo así en la portada. Y cuando me mandó las fotos, me di cuenta que esto era muy potente. Aunque no sabía si realmente quería salir así.

Después de llamarle diciéndole que estaba abierto a hacer cosas así, acordamos que me hiciera las fotos más de cerca para que parezca un paisaje: dunas, montañas…, lo vi y me encantó. Y ahora me siento a gusto.

 

-¿Tienes programados más conciertos como Arbol, más allá del de octubre pasado en el Teatro Central?

Tras el estreno de octubre, estoy planeando con el Teatro Central que vuelva a haber otro concierto, aunque habría cambios con respecto al de aquella vez. A la par, haré más conciertos en Sevilla, y seguro que los habrá en otras partes de Andalucía.

-¿Tu proyección como Arbol, va más allá de Andalucía?

Si. Si no hubiera habido la pandemia, hubiese estado en varios Sonar. Como cuando he estado en el Sonar de Barcelona, el de Nueva York, o el de Franfurt.

-Claro, porque la música es de los sectores del de los eventos culturales, más castigados.

Así es. Sin embargo, con Arbol yo no uso un formato de concierto convencional, más bien doy conciertos performativos donde se incluye la imagen, la danza…, que podrían pasar perfectamente por ser espectáculos de danza.

-¿De qué manera conviven en ti esas dos identidades artísticas: Arbol y Miguel Marín Pavón? Lo digo porque cuando has trabajado con bailarines, en el cartel sale tu nombre personal.

Arbol es un proyecto discográfico en el que hay detrás unos discos. Es un proyecto donde soy el que normalmente toma todas las decisiones. Y soy el que compone toda la música, salvo que haya alguna colaboración. Mientras, Miguel Marín es un colaborador de gente y que forma parte de proyectos, donde no sólo soy músico, sino que además, intérprete.

En el caso de la pieza Wanted que he hecho con Teresa Navarrete. Hice la música, aunque en realidad lo que menos hago en escena es música. O sea, además de cantar me muevo por todo el escenario.

-En la mencionada entrevista que tuviste en Canal Sur, se habló sobre tu participación como intérprete en la pieza “Cuerpos Celestes” de la mano de Cloe Brulé y Marcos Vargas, representada en el teatro de Itálica en el verano pasado. Y estabas allí bailando, como uno más ¿Ha cambiado algo en ti como músico?

Bueno, con Teresa Navarrete esto fue cambiando un poco, ya que ella desde hace un tiempo me fue incorporando en escena, diciendo textos en inglés…, Sin embargo, hasta aquél momento nunca había estado en escena moviéndome, sino como personaje, o maestro de ceremonias, o algo así.

Entonces Cloe Brulé tenía muy claro que yo hiciera la música, y que además bailara más que tocar en directo. Ella tenía muy claro que yo debía bailar, siendo un maestro de ceremonias de la pieza. Nos echamos muchas horas de ensayos y creación colectiva durante dos años, y desde el primer minuto, estuve haciendo improvisaciones, entrenando mucho.

-Al parecer ella te dio un voto de confianza, al ponerte como bailarín en escena.

Claro. Me dijo que nos tomásemos un tiempo de investigación con los cuerpos. De todas formas, mi pauta fue que si yo iba a quedar como un payaso, me quedaría sólo como el encargado de la música. Y ella me dijo que no me preocupara, porque ella no sacaría ningún payaso a escena.

Yo considero que la formación es muy importante, pero te sorprenderían las personas que hacen cosas, sin apenas formación en movimiento. Desde hace muchos años conozco a María Muñoz de “Mal Pelo”, y resulta que su compañero, Pep Ramis, venía de ser bombero. Al tiempo de trabajar con María, se mueve así.

 Yo dentro de mis posibilidades no pretendo ser un súper bailarín, y tampoco un súper músico.

Wanted. Foto: Juan Antonio Gámez
Wanted. Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Ello te habrá generado muchas reflexiones, es decir: de pasar a estar relacionándote con bailarines desde estar tocando  tus instrumentos, a estar bailando en escena con ellos.

Claro. Ahora he de hacer un calentamiento: antes yo llegaba más tarde que los bailarines, súper cómodo con mi americana, y a los pocos minutos yo ya estaba listo. Calentar es algo que me resulta muy gracioso, porque en los ensayos de Wanted, tenía que estar todo el tiempo de calentamiento.

-Menos mal que has tenido aliados que te conocen, y te han guiado bien.

Me acuerdo que en la edición de 2016 del festival Mes de Danza, en la pieza que hiciste con Teresa Navarrete llamada Welcome back Walter. Tú estabas en cuerpo presente, ella interactuaba contigo, aunque ella, básicamente, tenía todo el peso del movimiento.

Si, con el tiempo he ido entrando en más materia de movimiento. En Wanted, nos pegamos un trabajazo en que tuve que aprender a cómo cogerla, a cómo soltarla, cómo tirarnos al suelo…, generando cosas donde ella y yo, no nos hagamos daño.

-Lo bueno es que has tenido a una profesional a tu servicio, que además es profesora de conservatorio de danza.

 De hecho, llevo un tiempo montando en un solo: Cuando estuve hace poco en Barcelona trabajando con María Campos. Aproveché para avanzar en ello, dado que por la noche me quedaba en la residencia donde tenía una sala enorme.

Le mostré lo que tenía a Lucía Vázquez y a otros bailarines, y les gustó mucho. Yo no tengo complejo, aunque soy consciente que si va a ser un churro para mí, no lo hago.

-En la charla que hubo tras el espectáculo “About Bunny”, que representaste junto a Lucía Vázquéz en el ciclo Ahora Danza que se desarrolla en el CICUS (febrero de 2020). Ustedes nos contaron que la pieza está todavía en un proceso de creación ¿Me puedes contar si ya tienen una fecha de estreno? ¿Cómo va el proceso?

De hecho Lucía y yo, estamos mirando nuestras agendas para ensayar, dado que ya tenemos fecha de estreno en otoño de este año. Ahora entraremos en una etapa de creación, porque vamos a grabar unos vídeos, estamos dándole vueltas a la estética, a los colaboradores que van a estar…, y con la fecha de estreno cerrada, toca moverlo.

Para mí este es un proyecto muy fresco porque además, con Lucía he trabajado poquito, y ha sido un descubrimiento.  Ella es una bailarina muy potente, tiene una técnica preciosa, muy sutil…, entonces cuando empezamos a hablar de la temática de About Bunny, las cosas se fueron haciendo solas.

-Es lindo lo que  dices, es decir: haciendo vista atrás de todo lo que has recorrido con Teresa Navarrete, esos quince años de proyectos en conjunto, supongo que se podría decir que estás entrando en una nueva etapa.

Si. Se me ha abierto un camino nuevo, al poder combinar en mí el mundo de la danza y la música.

-Tú y otros creadores han ido constituyendo una comunidad, que no para de dar sus frutos. Por ejemplo, cuando vi la pieza Welcome to the Montgomery Experience, pensé que ustedes hicieron un proyecto en el que abrieron a los espectadores del Teatro Alameda, una puerta para que podamos presenciar una fiesta privada, que probablemente estaba situada a las tres de la madrugada, donde ya no había cabida a tener conversaciones, ni a beber alcohol.

Si. Una idea parecida quisimos hacer en el concierto de estreno de mi nuevo disco como Arbol, donde hacíamos algo muy familiar. Y pensamos que queríamos regalar al público, lo que tenemos entre nosotros.

Esa noche sentí una energía tan bestia, mientras me decía que estaba disfrutando de lo que estaba haciendo, sin preocuparme de si faltaba algo. Es como si hubiera tomado una paseo en el que  sabía  que no me iba a caer:  disfrutaba de ver a las bailarinas que me acompañaban, disfrutaba de cantar…

-Suenas como un privilegiado. Aunque me imagino que habrá mucho sacrificio en tu trabajo.

Si. Totalmente.

-Para finalizar, cuéntanos que más proyectos tienes para este año 2021.

Tengo un estreno para el Festival del Grec con María Campos: una pieza para nueve bailarines. También tengo con Lucía Vázquez, la pieza final que corresponde al taller que dimos  recientemente, para bailarines y músicos.

Bueno eso, y algunas cosas más.

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