crónica conciertos, festivales de música, música — 15 diciembre, 2016 at 0:12

Salif Keita, La Voz de Oro de África, en Espacio Box

por

 

Sabiéndonos unos privilegiados al poder presenciar uno de los pocos conciertos que ha ofrecido el genial maliense por estas tierras, teníamos la certeza de que vendría a darlo todo como suele hacer en sus directos. Salif Keita, la inconfundible voz de un genio que supo traspasar fronteras con su arte, música de raíz africana adaptada y fusionada para instrumentos de occidente, sin que falten imprescindibles instrumentos autóctonos como el n`goni y la kora.

Y es la kora la que suena, precisamente, en las expertas manos de Mamadou Diabaté, con ese precioso y sencillo riff que anuncia M’bemba, tema con ritmo sinuoso que entraría perfectamente por tangos flamencos, al que se une con medido compás el excelente dúo de baile y voces que forman Aminata Dante y Bah Kouyaté, auténticos diamantes en bruto, con un enorme futuro por delante en el pop africano.

 

Mama es el segundo y emotivo tema de un primer bloque de composiciones más tradicionales, en cuanto a los tipos de ritmo de raíz africana utilizados, aunque con el toque eléctrico de la guitarra de Ousmane Kouyaté. Dery, con su aire a reggae primitivo, incluido punteillo recurrente de Kouyaté, y Yamore, probablemente el tema más conocido internacionalmente, cierran este bloque con el público en auténtico delirio: ya no queda nadie sentado y el que más y el que menos se contagia del espectáculo.

Y aún queda la parte contemporánea, comenzando pon Tekere, auténtica salsa africana, donde Salif alterna momentos de contenidos pasitos con arrebatos bailongos de poseído que tienen el poder de disipar toda inhibición entre los asistentes a este milagro rítmico y musical.

Namanamani sigue la estela de la anterior en cuanto a estructura y ritmo y da pie a que se luzca el excelente coro de voces, Aminata Dante y Bah Kouyaté, mientras  Salif desaparece para darse un respiro, antes de afrontar otro de sus clásicos: un largísimo Yambo, Yambo que contagia el ritmo al asistente.

Y entonces llegó la magia, esa magia que sólo recintos privilegiados, con las condiciones de espacio y acústica adecuadas, como el que nos ofrece Espacio Box, pueden propiciar:

En principio tímidamente y más tarde en auténtica oleada, el público se va subiendo al escenario, propiciando un flashmob, a los sones de Madan, el último tema del repertorio, alimentado de auténticos ritmos tribales y fraseos de guitarra marca de la casa, para que Salif Keita, ante tal avalancha, no se arredre y decida fundirse con la masa en este brillante fin de fiestas, con la naturalidad y humildad que sólo los más grandes atesoran.

Deja tu comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *