arte, carrusel, danza, escena — 22 marzo, 2021 at 0:07

Quiral de La Basal, desvela que hay un futuro esperanzador para la danza contemporánea de España

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La joven compañía La Basal, representó Quiral en el Centro San Miguel de Alcalá de Guadaira (Sevilla). Una pieza nacida en 2019, como trabajo de fin de estudios de dos estudiantes de la Real Academia de Arte Dramático de Madrid, que ahora se presenta con una ampliación; el caso es que la misma, se ha convertido en uno de mis grandes descubrimientos en los últimos años.   

El concepto de Quiral en química, es algo que es inherente a cada molécula, propiedad que sale a relucir si lo hacemos en medio de un ejercicio de comparación, con su imagen especular; así ésta quedaría indicando, que cada molécula tiene otra que sería percibida como diferente al ser puesta en otro plano. Lo cual supone que si esa molécula es contrastada con su imagen especular, ambas imágenes no son superponibles.

Dicho lo anterior cabe decir que esta joven compañía, nos presentó una pieza sencilla, elegante y madura; algo que es difícil de encontrar con este alto grado de integridad, en compañías emergentes de este país. Ahora bien, una de las cosas que me resultaron más llamativas de la composición de Quiral, es que en su primera parte, fue montada siguiendo una simple pauta de improvisación, que se resumiría, en buscar movimientos  mientras ambas intérpretes (Luna Sánchez y Rocío Barriga), están bailando adheridas por las mangas de su vestuario. Perfectamente, podría ser una pauta más o menos interesante para ejercitar la escucha, y ponerse al límite a la hora de encontrar otras maneras de moverse con el otro, y así generar imágenes que no emergerían de otra manera.

Foto: Jimena Marcos López
Foto: Jimena Marcos López

 

Sin embargo el mérito de lo que han hecho, empieza cuando ellas investigaron hasta la saciedad entorno a esta pauta, confiaron que en ella habría algo valiosísimo que merecía ser desvelado. Les hablo de un trabajo minucioso, y hecho con un amor y un mimo, que quizás no sea posible alcanzar si no es emprendido entre personas que se perciben entre sí,  como aliadas  y  “compañeras de viaje”. Ambas intérpretes decidieron unirse como siamesas hasta las últimas consecuencias, mostrándonos dinámicas de movimientos e imágenes de una enorme belleza y gran sensibilidad estética. Lo que me fascina de todo esto, es que estoy convencido de que ellas no partieron de la base de hacer una pieza bella, sino de llevar hasta el extremo un marco conceptual ¡Eso es lo que más me seduce cuando voy a un teatro!

En ningún momento percibí la intención de impresionarnos, sino de defender con convicción lo que habían compuesto juntas: eso conmueve, y enriquece la interpretación que nos ofrecen en escena. Se las veía enlazando una figura con otra, no buscando una forma; sino más bien,  esto se tradujo en el esquicito cálculo que tuvieron a la hora de sostener una figura, o precipitarse de un paso a otro ¡De esto se trata montar una pieza! ello daba dinamismo y contenido, a una pauta que pudo haber abocado a la misma, a ser algo plano e insípido.  Sin embargo, derrocharon en escena un juego de volúmenes que subrayaba la importancia de ver artes escénicas desde la butaca de un teatro, pues ellas trabajaron tomado en cuenta que no sólo había un frente para ser vistas por el público, sino cuatro (tómese en cuenta que el público en el Centro San Miguel, estaba dispuesto en sus cuatro laterales). Lo cual supone que los cambios de focos eran permanentes, adoptaron disposiciones en el espacio de perfil, por la diagonal, o retomar figuras en varios frentes. En fin, han hecho una labor magistral y valiente, demostrando como la danza contemporánea puede llegar a exponer los cuerpos de sus intérpretes de tal manera, que los mismos parezcan infinitos. Haciendo creer al público que el cuerpo del bailarín no tienen límites, a la hora de proyectar sus extremidades por todo el espacio. Y creedme que ello se hace más complejo de abordar, si tienes las manos enlazadas con quien estás bailando.

Lo anterior iba cobrando mayor peso mientras más se hacía, dándonos la oportunidad a nosotros los espectadores, de comprender que si no se veían todos los frutos de la selección de figuras que llevaron a escena,  no había manera de entender la riqueza que había en el marco conceptual en cual se desenvolvieron, o dicho de otra manera: muchas veces en las artes escénicas contemporáneas, uno puede tener una gran idea, pero si  no se  da con la tecla para que la misma no se vea desmerecida cuando es traducida en un lenguaje escénico, entonces se termina viendo un trabajo con buenas intenciones, pero incompleto.

Foto: Jimena Marcos López
Foto: Jimena Marcos López

 

Lo que he leído de este marco conceptual, es que había una conjunción entre movimientos que sugerían cooperación, y otros, tensión entre sus integrantes. Representando  que se estaba gestando un cambio en el estado inicial, porque aunque se nos aparece un ser con un solo cuerpo, el caso es que éste va madurando, va habitando nuevos espacios que le permite que emerja pluralidad en su unidad. Esta supuesta contradicción responde a esa idea, de que cuando una especie llega a su máximo nivel evolutivo, es cuando la misma empieza un proceso de autodestrucción, dando paso a una nueva fase.

Ahora bien en dicho tránsito, se transportaban de un estado a otro sin apenas darse cuenta. Así terminó habiendo dos versiones del mismo cuerpo conviviendo a la vez, y aunque la idea de que ambas confluyan pueda resultar interesante de explorar, el caso es que al final, se ven abocadas a separarse, siendo que uno no puede ser dos cosas a la vez. Al tiempo, se suceden dos solos de ambas intérpretes, en los que se identifica que en algunos de sus movimientos, queda una reminiscencia  de que el origen de ambas versiones, procede de haber estado adheridas. En esta línea, ambos solos procuran demostrar paralelamente, que son versiones que tienden a alcanzar una autonomía, en este nuevo estado evolutivo.

Posteriormente estarán las dos en escena, y aunque al final ambas consigan consumar su autonomía de la unidad originaria, el hecho es que aún quedaban momentos en que los roles que interpretaban estas bailarinas, reconectan desde lugares diferentes del escenario (sea siguiendo una misma pauta, o bien coincidiendo de manera coordinada en un mismo movimiento). Lo cual confirmaba, que aunque se haya llegado lejos en la consolidación de dicha escisión, es un hecho que su origen será común, y les acompañará sea a dónde sea que se dirijan.

Foto: Jimena Marcos López
Foto: Jimena Marcos López

 

Después de comentarles lo que vi de esta pieza de La Basal, sólo decirles que Quiral es lo que más me ha gustado de lo que he visto en esta temporada 2020-2021: me he quedado enamorado. Lo cual me da esperanza al respecto de que hay compañías pequeñas y emergentes, que poseen el potencial de asumir el testigo de las más veteranas o más consolidadas, dando argumentos. Y estoy impaciente por volver a ver Quiral, porque sé que hay muchos matices que se me han escapado.

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