Prince: La imagen Púrpura. El Genio de Minneapolis Audiovisual

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El mundo no tardó mucho en llamar genio a Prince, y nunca dejó de hacerlo. Y es que no sólo fue su música la que tomó al planeta por sorpresa, también su presencia, entre salvaje y sofisticada, llamaba a la puerta del mundo audiovisual con muchos más aciertos que errores, o más bien ‘errores’. Su muerte en el trágico 2016 ponía un punto y final que se ha traducido en un punto de inflexión (y de reflexión acerca de su obra) para la estampida de necesarias reediciones de su música. También en obras escritas, estudios en este caso que nos ocupa, como La Imagen Púrpura, una obra que será referencia obligada de aquí en adelante, porque es la primera de su estirpe, en español y en cualquier idioma.

Aun siendo la primera, el erudito en la obra de Prince se moverá entre sus páginas entre sorpresa y sorpresa, fruto de una laboriosa investigación de premisa sencilla; cómo el celuloide y otros soportes audiovisuales han proyectado la imagen de Prince. De sus más de cuatrocientas páginas, ciento sesenta y cuatro tratan de sus cuatro principales filmaciones, cantidad y contenido con el que el fan de andar por casa ya estaría más que contento. Esto es Prince: La Imagen Púrpura. Más allá de limitarse a las películas que en su momento se proyectaron en los cines, el libro bucea por los conciertos, videoalbums y videoclips del príncipe de Minneapolis, amén de videoclips, escarceos televisivos, y también de cómo el arte de filmar y él se beneficiaron de una relación en la que el cine hablaba de él, y él hablaba del cine, es decir, sus homenajes al séptimo arte y de cómo el séptimo arte (y aledaños) le homenajeó. La obra no pasa por alto aspectos técnicos y musicales, y también históricos, poniendo en contexto la obra principesca con fechas y lugares relevantes.

Y es que el autor se muestra inmisericorde ante cualquier detalle sin que el resultado sea una mera lista, reflejando en las líneas el porqué y el cómo, esto es, encontrando el sentido sin malabarismos ni fantasías de fans. Por si fuera poco, y coincidiendo con lo anteriormente expuesto, a esta mirada de lejos y con lupa de Prince se le ha ilustrado a la par que adornado, de un número de imágenes suficientes como para entender lo expuesto sin que se convierta en un álbum de fotos.

Hablamos de los entresijos de su creación con su autor, Marcelo Chaparro, que ya está preparando una segunda obra acerca de Prince.

 

 

¿Cuál fue el origen del libro? ¿Qué te llevó a escribirlo?

Soy filólogo, además de fan de Prince de los de toda la vida. Recuerdo que en la facultad solía traducir sus canciones para algunos de mis compañeros de clase y cuando Prince murió me empeñé en traducir sus más de cuarenta álbumes al castellano. Mientras trabajaba en ello (con ayuda puntual de algunos fans) me di cuenta de que había conceptos, figuras y fetiches que aparecían una y otra vez en sus letras, como vetas de cuarzo (sexo, Dios, justicia, amor, cine, sociedad) y empecé a hacer anotaciones y meter trocitos de canciones en carpetas en mi ordenador. Cuando terminé pensé que cada carpeta podría ser el germen de un ensayo o libro temático diferente y presenté uno de ellos como trabajo de redacción a mi tutora de la Universidad Complutense de Madrid. Acto seguido, empezaron las negociaciones con Applehead Team, una editorial nacional especializada en cine. Ellos ya habían publicado un libro sobre Michael Jackson y el cine y deseaban ahora publicar sobre Prince. Para entonces, yo estaba más que deseoso y preparado para sentarme a redactar todo lo que había aprendido en mis últimos veinte años de vida como fan púrpura.

 

En el primer capítulo de tu libro, “The Diamonds”, abordas los largometrajes Prince estrenados en cine. ¿Qué ha sido lo más laborioso de averiguar de estos? ¿Qué sorpresa te has llevado?

Lo más laborioso no ha sido encontrar la información. Además de publicaciones recientes sobre Prince me remití a biografías, artículos y ensayos que llevaba ya años leyendo y referenciando en mi trabajo como traductor. La parte más laboriosa fue contrastar toda esa información para resumirla, procesarla y presentarla como válida.

En cuanto a sorpresas: hubo dos. La primera es el cambio de opinión de los fans y la crítica especializada para con películas como 3 Chains O’ Gold o The Undertaker que, habiendo sido vapuleadas en su momento o completamente ignoradas, parecen gozar de mejor prensa hoy, cuando ya la obra de Prince se analiza desde la perspectiva antológica.

La segunda, y la mayor sorpresa que me he llevado, es la poquísima literatura académica en castellano dedicada al estudio de una figura tan esencial para la música de nuestra generación, el Mozart del pop, como es Prince Rogers Nelson. Palpar la relevancia de la que este multinstrumentista goza en la mayoría de países occidentales que cuidan la cultura y compararla con el vacío que reina en España dice mucho de quienes somos y cómo enfocamos, consumimos y vivimos el arte a este lado de los Pirineos.

 

 

Acerca de Purple Rain dices que unió el cine musical con la industria de la música, de la mano de un afroamericano. ¿Qué diferencia hay entre Purple Rain y, por ejemplo, las películas de Little Richard?

En el éxito y la repercusión globales, su lugar en la historia como documento social y semi autobiográfico, su papel como herramienta para la construcción de un mito de la talla de Prince, la influencia en la moda y el cine musical (la película de Eminem 8 Millas – Curtis Hanson, 2002 – es solo una de las muchas que han copiado su fórmula).

Purple Rain fue una de las películas que ayudaron a cerrar la brecha entre cine y rock, grieta que se abrió tras la aparición del rock en los años 40-50 como fuerza cultural innegable y la respuesta de Hollywood (anquilosada y socioculturalmente acartonada) a dicho nuevo paradigma. Elvis Presley, Mick Jagger y David Bowie protagonizaron películas musicales rock, pero Prince fue el primer artista afroamericano en hacerlo y eso es parte ya de la historia. Rompió barreras raciales en el celuloide, algo a lo que hoy, 35 años después, estamos más que acostumbrados, pero que se correspondería con todas esas películas y series (¿el “nuevo cine”?) protagonizadas por personas transgénero o transexuales. En resumen, a la hora de apreciar el peso de Purple Rain, tres datos:

  1. El pasado mes de diciembre fue agregada a la lista de la El Registro Nacional de Cine de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos por ser un “tesoro nacional de significado cultural, histórico o estético, así como una obra de relevancia para la cultura americana”.
  2. Google maps, Whatsapp, iTunes, Spotify y Tidal han creado sus iconos para vender a Prince utilizando el look Purple Rain (gabardina púrpura, chorreras, rizos, delineador de ojos).
  3. La influyente revista musical Pitchfork eligió dicha banda sonora como el álbum más importante de los años 80 (fue escrita, compuesta, grabada, interpretada, arreglada y producida por este Svengali moderno: Prince Rogers Nelson).

 

¿Qué crees que ha ocurrido para que Under the Cherry Moon (el segundo largometrajde de Prince) se vea ahora bajo una perspectiva más positiva?

Hoy se la aprecia mejor por la valentía, la estética, el humor y la música. Echando la vista hacia los años ochenta, encontramos un buen número de películas “capricho” (vanity product en inglés) hechas a medida de los grandes artistas pop del momento: Tina Turner, Madonna, Michael Jackson tuvieron las suyas. De entre todas éstas Under the Cherry Moon resalta por ser un largometraje en blanco y negro (algo poco común entonces) y estar decorada con la estética híbrida de los años 30/40 y 80 lo cual le ha ayudado a envejecer muy bien hasta convertirse en casi una película de culto entre sus fans. La fotografía (Michael Ballhaus), el vestuario (Marie France) y la dirección artística (Damien Lanfranchi) son impecables. Under the Cherry Moon presenta a un Prince divertido, con ínfulas de director, un galán antihéroe sin complejos que paga un alto precio por su licenciosa vida, lo que revela mucho del ideario moralista y espiritual que Prince adoptaría hasta el final de su vida. Todo lo anterior adornado con una música magnética, ecléctica y jazzística que figura siempre en el Top 10 de sus mejores álbumes y fue la cuna de una de sus más grandes joyas a nivel de memoria colectiva: “Kiss”.

 

 

También abordas el material audiovisual que se ha quedado en el tintero. ¿Cuál es la ausencia más esperada?

En 1987 Prince formó otra de sus bandas experimentales y rodó con ellos una mini película. La banda en cuestión se llamó Madhouse, produjo cuatro álbumes, tocaba jazz funk y la película se tituló La Vida Dura: Una Retorcida Historia sobre Dos Vagabundos que Viven la Vida Dura. Inspirada en la estética gánster y El padrino (Francis Ford Coppola, 1972). Entre los músicos invitados se encuentran gente de la talla de Eric Leeds, Sheila E. y su propio padre, el pianista de jazz John L. Nelson.

Además de esta película, y como fan del Lovesymbol Album (Warner Bros, 1992) espero con ansias el lanzamiento de su película musical acompañante (3 Chains O’ Gold, 1994) completa, ya que la que conocemos fue recortada por motivos no muy aclarados en su momento. Por último, pagaría por ver hoy mismo la filmación hecha en 1997 de la obra de danza-teatro “Around the World in a Day” a cargo de la NPG Dance Company y coreografiada por la primera esposa de Prince, Mayte García, bailarina de danza oriental y musa del ballet nupcial Kamasutra (Prince, 1998) que hace parte del segundo acto.

 

Repasando las obras que mencionas, da la impresión de que Prince no hacía concesiones al público…

Prince fue un creador incansable que estaba muy en contacto con sus musas y luchó por que su arte fuese siempre una canal con el que expresarse, casi sin el menor atisbo de autocensura o complacencia. Cuando Prince escribía, grabada y producía su primer álbum (con diecisiete años) sacó del estudio a uno de los ejecutivos de Warner que habían acudido a verle trabajar tras firmar un contrato con ello por tres álbumes. Cuando éste le sugirió que agregara bajo a la canción “So Blue” la respuesta del músico fue: “lárgate de mi estudio”.

Esta anécdota temprana nos da una idea precisa de cómo desarrollaba Prince su proceso creativo: escribía, grababa, producía y lanzaba su obra (musical, audiovisual) de la forma que le dictaba su consciencia artística o su capricho. Cuando se puso detrás de cámaras este modus operandi le salió muy bien unas veces y otras muy mal: Sign O’ The Times es considerada una de las mejores películas concierto de la historia, pero Graffiti Bridge fue y sigue siendo apaleada por la crítica y un buen número de sus fans. Ambas las dirigió y produjo él mismo.

Una vez entrada la década de los 90 Prince pareció haber encontrado la receta cinematográfica con la que se sentía más cómodo haciendo lo que le daba la real gana: películas concierto rodadas en su zona de confort (su casa / estudio Paisley Park) con viñetas dramáticas entremezcladas que construyen un hilo narrativo cuya función en el subtexto es resaltar el verdadero corazón de la obra: la música.

 

 

¿Hay algo en común en las películas que, de una manera u otra, mencionan a Prince?

Entre las casi sesenta películas que utilizan su música y otras referencias -directas o indirectas- a Prince en el cine, sí que existen variables interesantes. Su música suena mayormente en escenas de fiesta o ruptura amorosa (la canción Prince más usada en el cine es “Nothing Compares 2 U”, por ejemplo). Su imagen o productos de merchandising oficiales aparecen ligados a la estética de lo cool o como referencia directa a ser afroamericano, poseer un talento nato y casi extraterrestre o esa lucha por la propiedad intelectual que mantuvo durante casi una década frente al sello discográfico más poderoso de la era preinternet: Warner Bros. Music Entertainment Inc.

 

Marilyn Monroe, Clara Bow, Mastroianni. Prince parece mirar al pasado del cine en sus canciones y en sus imágenes muy a menudo. ¿A qué crees que se debe esto?

Prince es un producto cultural 100% americano. Es decir, es un ciudadano americano “de manual” y, como bien es sabido, el Olimpo de los Dioses de aquel lado del charco tiene forma de montaña hecha de celuloide. El cine es, entre todas las bellas artes, la más mencionada en las letras de sus canciones, y este es otro dato numérico. Prince utiliza nombres de actores, actrices, personajes de cine y títulos de película de varios géneros para construir metáforas, símiles o paisajes en los que poder enmarcar las historias que cuenta en sus canciones. No solo en el plano creativo usó Prince el cine como herramienta; también en entrevistas hizo referencia a clásicos del cine como Tora! Tora! Tora!, Amadeus o Matrix para explicar su vida. Entre sus biografías más fiables aparecen siempre anécdotas que reflejan el gusto que el genio de Minneapolis tenía por organizar pases privados con amigos o novias, con quienes podía disfrutar del cine más comercial o bien de cine arte, indistintamente.

 

¿Cuál de los directores que trabajó con Prince en sus videoclips captó mejor su esencia?

Cada uno a su época: Bruce Gowers y Brian Greenberg, los directores de los vídeos del álbum 1999, hicieron un trabajo impecable a la hora de plasmar la idea de un álbum escrito por un veinteañero multifuncional con miedo a una guerra nuclear. Este álbum tiene referencias a Blade Runner (Ridley Scott), Eraserhead (David Lynch), El creador de ídolos (Taylor Hackford) y el documental sobre Nostradamus “The Man Who Saw Tomorrow”.

La exquisita Rebecca Blake aportó su toque europeo y su adoración por la belleza femenina a videoclips tan míticos como “Kiss”, “Cream” y “Diamonds and Pearls”. La fotógrafa Randee St Nicholas, muy cercana a Prince, captó al músico en su madurez afectiva en su primer matrimonio y logró unas imágenes que le hacen honor. Pero, sin duda quien mejor capturó la esencia de Prince fue el mismo Prince que, dicho sea de paso, dirigió más de cuarenta vídeoclips suyos, además de tres de sus cuatro largometrajes y varios telefilms.

 

 

Si tuvieras que recomendar una obra audiovisual de Prince para alguien que no conoce su trabajo, ¿cuál sería?

La película Purple Rain es sin lugar a duda su obra audiovisual de referencia obligada para principiantes y curiosos. A los que no conocen a Prince a fondo Purple Rain les resultará fresca, muy ochentera y aportará las claves de sus inicios en la escena musical y posterior ascenso al megaestrellato.

Ésta es una película que funciona perfectamente en dos planos: el semiautobiográfico y el sociocultural. Enseña algo de la cruda realidad familiar y postadolescente que vivió el artista al tiempo que refleja la sociedad afroamericana de la era Reagan, los Estados Unidos y la escena musical de Minneapolis. La música es más que excelente, la figura de Prince resulta magnética. Además, toda la fama que Prince ganó con esta película rock fue determinante en los giros que dio a su carrera y a su vida más adelante.

 

Con La Imagen Púrpura casi recién salida de la imprenta ya casi estás a punto de publicar otra. ¿De qué se trata?

El próximo texto Prince en el que estoy ya trabajando se llamará Prince: Beyond The Lyrics. Orquestado Pilar Giles de López, premiada directora de publicidad, éste será un libro en el que más de cincuenta artistas visuales, nacionales e internacionales, ilustrarán canciones del catálogo púrpura. “Prince: Beyond The Lyrics” contará la vida del genio de Minneapolis a través de sus propias canciones y en clave visual, todo un festín para los sentidos. El texto se editará en formato bilingüe: español e inglés. Para fans, no fans y futuros fans: Poesía, música y artes visuales. La campaña de crowdfunding ya está en marcha.

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Si la obra de Prince parecía no tener fin, los trabajos acerca de su legado nos tendrán igualmente ocupados. Esperemos que, al menos, muchos sean así de novedosos y con la calidad de La Imagen Púrpura.

Marcelo Chaparro
Marcelo Chaparro

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