ACHTUNG!, arte, carrusel, entrevistas, escena, teatro — 5 junio, 2021 at 2:34

Por encima de una profesión, el teatro es un arte

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Hemos hablado con el director, dramaturgo y uno de los fundadores de la compañía Atalaya: Ricardo Iniesta. Quien ha dirigido veinticinco espectáculos que han recorrido 40 países de la totalidad de los continentes y ha obtenido el Premio Nacional de Teatro en 2008. A título personal ha recibido una veintena de premios, algunos de ellos de carácter internacional. Asimismo, es fundador y director del Centro Internacional de Investigación Teatral TNT, de Sevilla.

A esta presentación habría que añadirle, que en un mismo centro conviven cuatro proyectos principales (el teatro TNT, la compañía Atalaya, el Laboratorio de Creación y la compañía Andanzas). Los cuales de un modo u otro, han puesto a Sevilla como una ciudad que ha ejercido una gran influencia, en lo que se refiere a la investigación teatral.

Y parte de la responsabilidad de ello, proviene de la labor que han llevado a cabo Ricardo Iniesta y su equipo. Quienes se mantienen fieles a una serie de principios, que los han hecho volver a ser nominados a los Premios Max del teatro de esta año, con su Elektra 25. Y en esta ocasión con diez nominaciones, entre ellas: mejor espectáculo, mejor dirección, mejor coreografía, mejor actriz, mejor adaptación o mejor espacio escénico.

Sin más dilaciones, les dejo con lo que fue mi conversación con Ricardo Iniesta:

-Los que no conocen bien lo que se hace en este centro, suelen confundir que todas vuestras instalaciones funcionan de cara a un mismo horizonte. El hecho, es aquí se desarrollan al menos cuatro proyectos de manera independiente  ¿verdad?

Esto es como el Espíritu Santo, es decir: Atalaya es la compañía en la que sus montajes, son dirigidos por Ricardo Iniesta (con un equipo de actores estable). Luego hay otras cosas que se producen en nuestras instalaciones, que tienen una estética diferente, y que son dirigidas por otras personas, etc… Incluso ha habido actores, que han trabajado en varios proyectos paralelamente.

TNT es el propio centro, y una productora, que también está involucrada con la compañía Andanzas (danza y baile flamenco).

Actualmente, convivimos con diez compañías residentes, en las que casi todos sus integrantes, se han formado en nuestro Laboratorio de Creación. Excepto la compañía “Nómadas”, que son de baile flamenco, y entre otras personas que también, son maestras de nuestro laboratorio: Juana Casado, Ana Salazar y Mara Carbonell.

-Corrígeme si me equivoco, pero  ¿Los que conforman los elencos de los montajes de la compañía Atalaya, sólo hay personas que se han formado en vuestro Laboratorio de Creación?

Nosotros llevamos veintiséis años, en los que todos los actores que han estado en nuestros espectáculos, han pasado por el Laboratorio de Creación. Excepto la actriz Carmen Gallardo, quien estuvo en los orígenes de Atalaya junto a mí. Y también es el caso de las mujeres de “El Vacie”, las cuales han estado involucradas con lo que sucede en este centro.

-¿A qué se debe vuestra apuesta tan férrea, a las personas formadas en vuestro laboratorio? Es decir, seguro que has conocido estupendos intérpretes que provienen de otros sitios.

Esto es parecido a la Masía del F.C Barcelona.

Lo cual responde a una filosofía que se transmite, que no es nuestra, sino de todos los maestros de primer nivel  y todas tradiciones teatrales, que han pasado por TNT (alrededor de ciento veinticinco, de muchos países del mundo). Porque al final, no hay gran diferencia económica al traer a los mejores, siendo que es un aval sus enseñanzas técnicas, sus modos de abordar el trabajo, etc… De todas formas, no todos los actores que superan el laboratorio, salen con esa filosofía.

Fíjate ahora los intérpretes, Marina Miranda y Raúl Gómez Figueroa de Zaherí Teatro (que están ensayando en este momento, en calidad de compañía residente), estuvieron en el laboratorio; y al preguntarme si podían trabajar aquí, yo les dije que no había ningún problema.

Los que vienen como pertenecientes a compañías residentes, tienen acceso a todos los espacios (bajo una coordinación, por supuesto). Estas diez compañías residentes, siempre se le ha tratado de ubicar en uno de los cuatro espacios disponibles para trabajar, y así tendrían un cierta continuidad.

Por otra parte, están lo que llamamos “compañías cómplices”, es decir: son compañías con quienes tenemos una serie de colaboraciones, pero no son residentes. A ellos les ofrecemos cierta manga ancha, sea porque la mayoría  de sus integrantes se han formado en nuestro laboratorio, o son personas afines a nuestra filosofía.

Nosotros no somos ni una secta, ni tratamos de crear un ghetto. Más bien, lo que hacemos es poner en valor una forma de trabajar, que se corresponda con un compromiso ético y estético. Y aún con todo, en lo que vayan haciendo aquí las compañías residentes, no nos metemos en lo que están montando. No obstante, si  he contado con algún actor que ha estado en una de estas compañías residentes, porque veo en ellos que hay un modo familiar de abordar el trabajo.

Atalaya no es una compañía, es un grupo. En cambio TNT si lo es, dado que se contrata a gente para dar salida a varios actores, que están fuera de aquí.

Fíjate, la última vez que trabajé con personas que no provenían del laboratorio, fue en 1993 en la que participé en el montaje de la obra, “La oreja izquierda de Van Gogh”. En ese caso habíamos hecho un casting en la Escuela de Arte de Dramático de Madrid, en la que se presentaron unas seiscientas personas.

Yo pensé que eso no tenía sentido, dado que los que yo tengo aquí,  han estado trabajando con nosotros más de seiscientas horas intensamente: a lo primero que digo, me entenderán de inmediato. Todo esto, tiene como fin perseguir la eficacia.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

-A los que dicen que el trabajo de Atalaya está muy bien, pero que ustedes  no han innovado desde hace unos quince o veinte años ¿Qué les dirías?

Yo les diría que escuchen lo que dijo José María Pou, cuando nos presentó en el Teatro Romea de Barcelona. Esto es: “Es un lujo y un honor para el Teatro Romea contar con Atalaya, que es un referente para todo este país. Siendo que el trabajo de investigación que hacen, no se encuentra en otra sitio de España”.

Sé que suena mal, pero es verdad que generamos mucha envidia. Y lo malo de ella, es que la sufre quien la tiene.

-Me fascina que ustedes tienen un firme convencimiento y vocación, al respecto de cómo entendéis el teatro (lo cual está reflejado, en cómo gestionan ustedes este espacio).  Es un hecho, que no todos han podido seguir creciendo, a pesar que tengan unos principios igual de asentados.

Suelo decir, medio en broma medio en serio, que mi escuela fue estar en  la clandestinidad durante el franquismo. Momento en el que aprendí muchísimo, de estrategia de combate y de lucha.

En esa época te podías jugar la vida organizando una asamblea, o estando en una manifestación. Por ello creo, que los que nos curtimos en esa lucha antifascista, nos ha ayudado a mantener una coherencia en el trabajo.

Por iniciativa nuestra, se ha creado un colectivo llamado “En compañías”. Compuesto por compañías que tenemos más de veinticinco años, asentadas en varios puntos de España. De las cuales cuatro, tenemos un  elenco de actores estables. Porque por lo general, están de manera estable: el director, el escenógrafo, el productor, algunos actores… La cuestión es que la situación económica en la estamos, no nos da margen para mantener esto.

Lo cual es un síntoma de que hemos entrenado una gran capacidad de resistencia, y yo estoy seguro, que otros estando en situaciones concretas, hubieran arrojado la toalla.

A la par hemos tenido un código ético, por ejemplo: si vemos que algunos de los que vienen a hacer nuestro laboratorio, dejan sus ciudades de origen, ello nos conduce a confiar en ellos.

Si olvidar que hemos tenido suerte. En primer lugar, nací en un país occidental, luego provengo del seno de una familia privilegiada. Lo cual me lleva a decir, que exceptuando a Salvador Távora, todos los directores de más de cincuenta cinco años de este país, vienen de una familia pudiente:  cualquiera no se puede permitir venir a Sevilla, alquilar un local y estar unos meses centrado en la elaboración de un montaje.

Cuando comenté a mis conocidos que me iba a vivir a Sevilla en 1983, me decían que era una locura, dado que en Madrid se estaba desarrollando toda “la movida”. El hecho es que en el mundial de fútbol de 1982 fui contratado por “El loco de la colina”, y ello me motivó a venirme. En ese momento tenía claro que quería irme de Madrid capital, pero todavía no sabía a dónde.

Cuando quedó terminado el centro TNT en 2008, tuve la suerte que esto estaba en pie un día después, de la caída en bolsa de Lehman Brothers. Y la gente me decía que estaba loco, que esto sería una ruina. 

Picasso decía que lo mejor es, que la inspiración te pille trabajando. Si es que si te pilla en tu casa, no sirve de nada. Ello se enlaza con que hemos tenido, la oportunidad de encadenar nuestra participación en proyectos europeos. Y ello ha aumentado nuestras posibilidades, de actuar fuera de España.

-Con los tiempos que corren, cómo animarías a un estudiante de artes escénicas, que se está pensando, seriamente, hacerse profesional.

Yo les diría que tienen que decidir cada día, si quieren hacer teatro. Que aunque esta disciplina me resulte lo más fascinante de este mundo, el hecho es que esto es muy duro, y ello te lleva a vivir siempre, en la periferia de la sociedad.

El actor de teatro es un ser marginal, y si no está preparado para ello, es mejor que esa persona se dedique a otra cosa. Eso sí, siendo consciente de esto, siempre se puede ascender, y es cuando yo digo ¡Bienvenido al teatro!

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Es tremendo como personas que quieren dedicarse a otros oficios (tan dignos como los albergados en las artes escénicas), no les llegan este tipo de mensajes, y menos con esta intensidad. A pesar de todo esto, el teatro sigue ahí como algo profesional, no únicamente siendo entendido como “ocio y tiempo libre”.

Por encima de una profesión, el teatro es un arte, es decir: el que piense dedicarse al teatro como forma de ganarse la vida, mejor que escoja otra profesión. Lo que no es lo mismo, a entender el teatro como una forma de vida.

Todos los actores de Atalaya tienen su sueldo (aunque no son para tirar cohetes), como también el equipo estable: producción, técnicos de luz y sonido, etc…, y así reunimos a casi veinte personas en nómina.

Ya lo decía Eugenio Barba: lo bueno de una isla flotante (y en este caso TNT/Atalaya lo es) es que uno no tienen que pagar “impuestos ideológicos”. De ello recojo, que yo puedo hablar fatal del Partido Popular o del PSOE, y no hay problema, dado que es muy conocido que soy una persona muy de izquierdas, y me respetan.

Ojalá que cuando yo me muera, haya gente aquí continuando con esto…

El teatro es como una aventura en una montaña, lo que es diferente a ir de turismo a esa misma montaña. Porque en medio de una aventura, uno se va familiarizando con cosas que uno no conoce, mientras se nos van abriendo rutas.

-Recientemente, ustedes han lanzado una convocatoria para una nueva edición de vuestro Laboratorio de Creación ¿Qué más puede ofrecer el mismo, más allá de lo que hemos hablado?

Para empezar tendremos otra vez en el equipo de maestros, a Roberta Carreri (Odín Teatro), entre otros pedagogos habituales de TNT/Atalaya.

-¿De qué manera está enfocada la formación que se imparte en vuestro laboratorio?

Hace años estábamos más encasillados en lo físico, pero en las últimas críticas positivas de nuestros espectáculos, se ha valorado mucho que el texto y los cánticos se entienden muy bien, y crean emoción.

La primera pregunta que les hago a los que vienen a formarse al laboratorio, y a los que pasan por el taller previo al mismo es: ¿Qué cometido tiene el actor? Unos dicen “comunicar”. Yo les digo ¿más? Otros dicen “emocionar”, “contar historias”. Digo sí, pero hay más. Los que aciertan (que no siempre los hay), dicen: seducir.

Un actor tiene que seducir a quinientas personas a la vez. Y les pregunto con qué se seduce…, y les digo, con la mirada y la voz.

De hecho, la mirada es algo que no se suele trabajar en las escuelas de teatro. Y al final ello, les sirve para sus vidas más allá de este centro.

No obstante el cuerpo es la base, y ello lo abordamos entre otras cosas, con el trabajo de objetos, los cánticos, etc… Aquí se forman actores creadores, y ese es el motivo que esto sea un germen para el nacimiento de compañías residentes.

En el último laboratorio (cuyos integrantes actuarán en el próximo Fest de Sevilla) han creado una compañía de doce intérpretes, bajo el nombre de “Incandescente”; quienes hacen un espectáculo que le han llamado “Vertebra”. La base del mismo, fue creada aquí como muestra final, y fue un montaje original (no uno derivado de alguno que haya hecho Atalaya) ¡Y es muy potente!

Cuando este grupo empezó hace año y medio, yo pensé que era un grupo más flojo en comparación con los de otros años. Y al final lo que han hecho, con más de mil doscientas horas de trabajo de laboratorio, más lo desarrollando desde “Incandescentes”, es superior a lo que han hecho otros grupos.

Aquí inculcamos la idea de “tribu”, de trabajo colectivo; y terminan saliendo cosas así, estando compuesto de personas de sitios tan dispares. Es que nos interesa formar actores creadores, no intérpretes que van a ser dirigidos.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Hoy por hoy, están operando varias “etiquetas”: teatro físico, danza-teatro, etc… Desde tu trayectoria ¿Crees que tiene sentido conservar a las mismas, más allá de la promoción de un montaje?

En el laboratorio de este año (espero que suceda lo mismo, y en el taller de introducción a éste), tenemos a un actor/bailarín de Senegal. Quien tras ver nuestro montaje de “Rey Lear” en Barcelona, decidió apostar por nuestro laboratorio, para decir un texto como lo hacemos nosotros.

Hace dos laboratorios tuvimos a dos bailarinas, que hasta aquél momento, no habían hecho nada de teatro. Y a partir de esto, empezaron  a manejar la palabra tal y como abordan la danza. Es decir: no queremos hacer un teatro “naturalista”, porque incluso el cómo estamos hablando tú y yo, nosotros estamos ejerciendo una energía y un ritmo, determinados.

Cuando un  bailarín que entiende que la palabra proviene de un impulso, como cuando lanza un brazo, o gira sobre sí mismo. Éste sabe que el trabajo que hay detrás del texto y la palabra, es muy cercano al de la danza. Y ello no se suele enseñar en las escuelas de teatro.

-Lo común es que nos digan en un lugar u otro: “aquí se hace danza”, “aquí se hace teatro”.

Nuestros alumnos del laboratorio no suelen echar en falta nada en su formación, y destacan el amor que se ha desprendido hacia el trabajo y al teatro. Y ello parece que entra en contradicción, con la línea de disciplina que tenemos.

Ellos localizan una unión entre voz y cuerpo, que no han tratado de esta forma, del lugar de donde vienen.

Espacio, tiempo y energía. Son las coordenadas que han de estar siempre juntas, en el trabajo de un actor.

-Parece evidente lo que dices…

Claro. Lo común es que se entienda “lo natural” como “naturalismo”. Y en realidad, lo natural es trabajar con una energía con la que, por ejemplo, pueda ejercer sobre ti, si quiero convencerte de algo.  En el caso de un actor “naturalista”, podría entender esta emisión como algo forzado ¡Lo que hacen es aburridísimo!

Cuando fuimos a Moscú para representar “La Celestina” (una hora y cuarenta minutos), el público estuvo toda la obra atento, y no teniendo subtítulos en ruso: éste terminó aplaudiendo en pie. Lo que se suma a los que nos dijeron la crítica de allí: “Nos habéis traído algo que es importante para nosotros, es decir: un grupo de España nos ha enseñado algo que es nuestro, pero que nosotros no hacemos” (se refería a la biomecánica actoral).

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

-¿Cómo hacen ustedes para encontrar un trabajo equilibrado, abordando un clásico a través de un lenguaje propio de TNT/Atalaya?

Cuando entramos en cualquier autor, nos sumergimos en él. Por ejemplo, cuando hicimos “Lorca surrealista”, me intenté imbuir de todo el surrealismo, y aprender todo ese lenguaje aplicado al trabajo con objetos. Y de allí viene el haberle dado más peso, al trabajo con objetos en una acción en escena.

Con Maykovski, aprendimos lo que es el futurismo y el constructivismo, lo que nos derivó a la biomecánica de Meyerhold. Esto viene por lo que pasó en Rusia de 1915 a 1935, que fue la mayor explosión de diversas manifestaciones artísticas que ha habido en el mundo, en un período tan corto y en un solo lugar.

Cuando nosotros trabajamos a Valle-Inclán, fuimos a su mundo. Donde hay crueldad, también esa “magia gallega”; que se refleja en su obra “Divinas palabras”. Una obra universal en el tiempo, en el espacio, en lo ritual…, ello también está en “Comedias Bárbaras” de una manera más impactante, que en lo que se puede recoger de “Luces de Bohemia”.

Después de haber trabajado con las tragedias griegas, con obras de Shakespeare, y otras tantos más. Ahora que estamos con “El avaro” de Molière, me esperaba más en lo literario y en lo político. De cualquier modo, lo que me ha llevado a él, es el juego rítmico que propicia. Por eso en este montaje que estamos haciendo, le daremos un giro.

Una de las razones de por qué no hago montajes de autores más contemporáneos, es el tema económico (aunque no es la principal), dado que nos contratan más y llenamos más butacas, con obras de autores clásicos. De hecho la obra Marat/Sade, con lo que es, se ha hecho muy poco. Porque se dice que es un texto muy difícil.

Además, de aquí a cien años (salvo nuestros allegados) la mayoría de nosotros no seremos recordados por las obras que hemos hecho. Pero los clásicos, pasan siglos e incluso milenios, y siguen allí. También es que he aprendido mucho más de ellos, que de otros en comparación.

-Cuando ustedes han representado obras como “Madre Coraje”, o “La ópera de tres centavos” (que son textos que tienen un mensaje frontal, comprometido con el contexto que los hizo posibles), ello entra en diálogo con contradicciones propias de nuestros tiempos, es decir: Tenemos una cantidad enorme  de productos audiovisuales que nos proporcionan incontables horas, en el formato de películas, series, revistas, libros…, como nunca antes en la historia del ser humano ¿Cómo se aborda a un público profano con el teatro, que va a ver “Madre Coraje” y se queda con la idea que fue a “pasar un rato”?

Las que integraron el elenco de nuestra “Casa de Bernarda Alba”, son personas que un día me encontré al lado de un gran supermercado que está cerca de TNT. Y les invité a asistir a la representación de “Divinas palabras” de Valle-Inclán, que se iba a llevar a cabo en unos días (en un principio, pensaban que no iban a venir). Llegó el día, y al paso de unos pocos minutos del inicio de la obra, llegaron diez mujeres de “El Vacie” con el patriarca. Aprovechamos un momento en el que la música estuviera fuerte y demás, para arreglar la situación y no molestar demasiado a los intérpretes.

En un principio por el atuendo de ellos, el público se pensó que esto formaba parte del espectáculo. Y como estaba ese día el teatro lleno, les tuvimos que ubicar a arriba del todo. Me preocupaba que al rato, se empezarían a salir uno por uno, porque quizás se aburrirían o lo que fuera.

No sólo no salió nadie, sino que al día siguiente, vinieron veinte personas recomendados ¡Valle-Inclán con “Divinas palabras”! ¡Una hora y cincuenta minutos de espectáculo! Puede que haya habido cosas de la obra que no hayan entendido, pero seguro que habrían cosas que les habrán emocionado.

-¿Por qué el teatro sigue siendo tan necesario en los días que corren?

El pasado viernes 28 de mayo estuve participando en un foro, “Endanza Cultural”, entre prestigiosos profesionales de diferentes ámbitos artísticos de Colombia (éste tenía como título: “Cultura en los movimientos sociales”). Lo primero que planteé es que estaba allí para aprender, dado lo que están viviendo en aquél país.

Hay que decir que en este momento tenemos en España, el gobierno más progresista de nuestra historia reciente, y nos ha pillado en medio de una pandemia. Y aunque a lo mejor ellos no aprovechen esta oportunidad, el caso es que ello nos está salvando las vidas, en uno de los peores momentos de las últimas décadas.

Lo digo porque gracias a este gobierno, han estado abiertos los teatros en España (y no debido a la intervención de la señora Díaz Ayuso, como ella se atribuye), a diferencia de cómo han estado cerrados en el resto de Europa. Esto ha sido un lujo, lo cual se enlaza con lo que decía Eugenio Barba hace un año: “Vamos a ver si el teatro demuestra lo importante que es, una vez que se abran después de todo este tiempo de restricciones”.

Justo cuando abrieron los teatros en septiembre (al margen de los festivales de teatro que fueron al aire libre), yo pensaba que no iba a venir nadie. Para nuestra sorpresa, nos encontramos el teatro lleno (dentro del aforo permitido), incluso había días, en los que estaba más lleno a como se encontraba antes de todo esto. Lo cual demuestra que el público, está respondiendo a cosas como las que planteó Eugenio Barba.

Por otra parte en los últimos meses, nos hemos llevado una sorpresa con la capacidad de convocatoria que ha tenido nuestro Laboratorio de Creación, siendo que pensábamos que nadie se iba a apuntar. De todas formas, se acercaron  personas de distintos puntos de España y el mundo, para asistir al taller previo al laboratorio (y a la par los que estuvieron en la edición pasada del laboratorio, se quisieron quedar).

Nosotros les preguntamos cómo ha sido para ellos estar en este centro, durante todo este tiempo, y ellos respondían que este centro ha sido un refugio.

-¿Cómo crees que se pueden combatir las injusticias que vivimos, desde la tarima de un teatro?

Cuando nos dieron el Premio Nacional del Teatro hace trece años, me pidieron un lema (que me lo tuve que inventar en ese momento, y ahora lo tenemos presente en nuestros carteles): “Otro mundo es posible”.

Los distintos colectivos desfavorecidos con los que hemos trabajado, han demostrado que otro teatro es posible. Asimismo, todas las investigaciones teatrales que se desarrollan al margen del teatro lleno de caras televisivas y conocidas. Muestra que otro teatro es posible.

Volviendo a la cultura del teatro en los movimientos sociales. Yo empecé en el teatro con una obra en 1974, provenía de la joven guardia roja del Partido del Trabajo (en la que estaba militando contra la dictadura de Franco). Y mi hermano Carlos (quien me metió en el teatro, en política y en el Betis) me animó a unirme a un grupo de teatro que se iba a formar, con el fin de ir a pueblos de Extremadura, Castilla la Mancha y Aragón. Para luego, fomentar la creación de asambleas antifascistas con los jóvenes de cada pueblo.

Así que cogimos un texto del teatro lebrijano de Juan Bernabé, lo alteramos, y lo terminamos llamando “La guadaña y los caciques”. Al final todos acabaron en la cárcel menos yo (en ese momento era menor de edad). Aunque en mi paso en la universidad, yo pasaría un tiempo en la cárcel por organizar asambleas.

En aquél momento había televisión y cine, y por ello yo pensaba que el teatro era una cosa rancia. Fue esta experiencia la que me hizo darme cuenta, que el teatro tiene mucho que decir.

Al tiempo dejé aquello, y volví con un teatro universitario más comunitario que político, lo cual me derivó a estar en el movimiento de “Cultura contra la Guerra” en Sevilla. Llevando una pancarta al lado de Salvador Távora y Benito Zambrano. Consiguiendo sacar a la calle a ciento y pico mil personas el 15 de febrero de 2003. También estaban allí gente como María Galiana o Ana Fernández…, la mayoría éramos del mundo del teatro.

Hay una frase de Jean Jenet que dice: “El teatro tiene que producir ansías de cambiar el mundo. Y si un espectáculo no genera eso, éste será un fiasco”.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

-Han habido una serie de avances técnicos, que han favorecido  a dotar de más recursos a los montajes (atrezzo, iluminación, sonido, etc…). De todas formas y en resumen, se ha estado haciendo lo mismo en artes escénicas, desde hace siglos.

Y me sorprende que su formato, básicamente, se haya conservado a pesar de todos los azotes que han tenido que superar las artes escénicas, a lo largo de la historia ¿Cómo crees que las artes escénicas han sido capaces de sobrevivir?

Porque el teatro no necesita muchos medios técnicos, es decir: con esta pandemia, muchas de las cosas que se generaron desde finales del siglo XIX, se pararon. Como los rodajes de cine y televisión, los Juegos Olímpicos, la suspensión de la Eurocopa de fútbol, etc…, o sea que el único evento que se ha seguido haciendo en España, ha sido el teatro (más allá de la clandestinidad).

En la película “La mirada de Ulises” (ambientada en la guerra de los Balcanes), hay un momento en el que están en Sarajevo, y aparecen unas ruinas en las que están haciendo teatro (con sus espectadores e intérpretes). Es que para hacer teatro basta un actor y un espectador, lo cual no sucede con los eventos deportivos.

Esta metáfora ilustra, como de un modo u otro, esta pandemia ha fortalecido al teatro.

-En este tiempo que llevamos de pandemia ¿Qué se ha interrumpido en el desarrollo de vuestros proyectos, y cómo habéis afrontado los retos que se han desatado con la misma?

En primer lugar, algunas personas de nuestro equipo han perdido a un ser querido. Y luego una de nuestras más importantes actrices (que es asmática crónica, por tanto, una persona de riesgo), sólo ha estado impartiendo clases. Pero afortunadamente, se incorporará a los escenarios a finales de este mes de junio.

A favor, por ejemplo, hicimos en septiembre del año pasado un evento, “El mundo Magallanes”, en el que vinieron maestros de cuatro continentes, los cuales trabajaron con personas refugiadas, con menores no acompañados, personas sin hogar, etc…, (todo ello bajo el tema, de la ruta que hizo Magallanes). Este evento fue súper emotivo, y además cubrimos el aforo permitido en todos los días que se desarrolló.

Luego estuvo el “Puente de los tiempos”, para celebrar los veinticinco años del Laboratorio de Creación. En este evento, tuvimos en una pantalla de zoom, a cincuenta maestros de distintos puntos del mundo, que han pasado por nuestro laboratorio. Curiosamente, si no hubiera aparecido el COVID, esto no hubiese sucedido.

Ha habido dos cosas buenas con esta pandemia: la llegada del zoom, y la salida de la presidencia de Trump. Presidente que si no hubiese sido por el COVID, él hubiera continuado en el cargo, con lo que ello supone.

Ahora bien, he de decir que estos últimos meses, han sido de los mejores en los que respecta a los ámbitos en los que nos movemos.

-Para finalizar ¿Qué proyectos estarán llevan a cabo, de aquí a los próximos meses?

Como te comenté, estamos en medio del montaje de “El avaro” de Molière, con el que llevamos trabajando desde finales del año pasado, y pensamos estrenar a principios del próximo año. Lo cual significa que tenemos el tiempo suficiente para montar, y perdernos en el camino.

Por otra parte, pronto estrenaremos “Esperando a Godot”. Asimismo está previsto estrenar en los próximos meses, una película sobre los cuarenta años de Atalaya.

En enero del próximo año tendremos cuatro semanas en Madrid, representando nuestro Marat/Sade, entre otras más cosas. Y cómo no, sigue nuestra gira de seis espectáculos de gran formato, por toda España.

 

 

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