ACHTUNG!, carrusel, danza, escena — 28 octubre, 2020 at 1:06

“Parece nada” de Guillermo Weickert, repensar qué es ver un espectáculo en un escenario

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“Parece nada” de Guillermo Weickert, nos emplaza a repensar qué es ver un espectáculo en un escenario. De tal manera, que me costará dejar volver a ver cualquier pieza escénica de la misma forma, al menos hasta resolver parte de las preguntas que me ha dejado rondando en mi cabeza.

Foto: CIRAE Florentino Yamuza
Foto: CIRAE Florentino Yamuza

 

Antes de comentar a fondo la pieza Parece nada de Guillermo Weickert (la cual se representó los pasados 24 y 25 de octubre, del presente año en el Teatro Central de Sevilla), me gustaría citar un par de frases del filósofo alemán Fiedrich Nietzsche, esto es: “No hay hechos, sólo hay interpretaciones”…, “la verdad es aquella mentira, que no se nos ha desvelado como tal”. En primera instancia, ambas sentencias diluyen la diferencia (sobre lo que hemos entendido en nuestra sociedad occidental), entre verdad y apariencia: abriendo camino a entender la realidad más allá de categorías que se autoexcluyen la una a la otra, y dando paso a ir constituyendo nuevos “senderos”, que hasta ahora no han sido explorados. Se trataría de una “desaprender” el cómo estar y entender este mundo, para así ir configurando otras maneras de ser en el mundo. Eso sí, de forma afirmativa: donde cada individuo que se atreva a invertir su tiempo y anhelos en semejante empresa, se encontrará que en realidad, cada uno de los seres humanos somos pura potencia creativa, seres capaces de aferrarnos a lo que fuere con la misma fuerza, con que la abandonamos (aquello a lo que nos entregamos) porque su tiempo, su sentido y significado, ha perdido lugar en nuestras vidas, y si mi apuráis, en la comunidad a la que pertenecemos.

Es un reconocer la temporalidad de cada relato que ha sustentado nuestras maneras de estar en el mundo y de entenderlo, llevándonos a hacer una genealogía que nos ayudaría a descifrar los procesos que hicieron posible que dichos relatos hayan sido tomados como la “Verdad” (más que algo que fue útil en su momento fundacional, y ahora ha perdido su vigencia). Sin embargo, siempre se está en medio de una tensión compuesta entre la “muerte” de esos relatos, y la llegada de los nuevos, que no terminan de instaurarse; porque los “cadáveres” de los anteriores aún siguen “calientes”. Siendo que todavía hay personas que no se han ido de su “velatorio”, resistiéndose a “enterrarlo”,  para así, consumar de una vez por todas su despedida.

Teniendo presente lo anterior, me aventuro a afirmar que Guillermo Weickert, al menos ha remitido a este tipo de planteamientos con su “parece nada”, esto es: este intérprete onubense nos  lleva a nosotros  los espectadores, a que nos estemos cuestionando nuestro lugar en tanto espectadores en un espectáculo: las interpelaciones en una pantalla que cobra protagonismo de manera intermitente en esta pieza, nos tratan de conducir hacia dónde Guillermo Weickert le interesa emplazarnos, y no como si fuéramos los ratones del cuento clásico “el flautista de Hamelin”; sino más bien, como espectadores que tenemos un suficiente bagaje y madurez, como para estar preparados para replantearnos en qué consiste la relación entre un intérprete y sus espectadores.

Foto: CIRAE Florentino Yamuza
Foto: CIRAE Florentino Yamuza

 

Las reflexiones a las cuales nos lleva no pretenden tener un carácter necesariamente pedagógico, sino compartir con los espectadores, un debate que llevará sucediéndose en el foro interno de Guillermo Weickert, desde hace tiempo.  Debate que ninguno de los espectadores que le hayamos concedido a esta pieza la atención que merece, habremos sido capaces de eludir, o que se nos haya pasado por desapercibido. Ahora bien ¿Qué es lo que buscamos cuando vamos a ver danza? ¿Qué vemos en los cuerpos de los intérpretes que alcanzan encandilarnos? ¿Hasta qué punto el intérprete juega con estos factores, con el fin de inculcarnos un contenido determinado que siente la necesidad de compartir, hacer público; o bien, se vale de sus “recursos de seducción”, para ganarse la atención suficiente del público, mientras se reivindica como alguien docto en su profesión? ¿El que no suela haber diálogo entre el intérprete y los espectadores en el desarrollo de lo que se representa en escena, hace inevitablemente a los espectadores a ser seres pasivos, dado que se les ha adjudicado el rol de “seres receptores”? Si no es así ¿Entonces cómo los espectadores podrían seguir el hilo de lo que les sugiere la pieza en cuestión, si el intérprete no para de emitir hasta el fin del espectáculo: una suerte de que a los espectadores no les llega el turno de palabra, porque en la mayoría de los casos, un espectáculo de artes escénicas es los más parecido a un monólogo? (he allí el interés que tiene el “teatro del oprimido”, pero ello me desviaría de lo que aquí nos convoca), etc…

Estas y otras tantas preguntas, son posibles de extraer de “parece nada”, mientras Guillermo Weickert  nos va (en tanto espectadores) preparando de escena a escena, a la siguiente. Poniendo en cuestión nuestros “vicios” a la hora de ver cualquier tipo de representación en un escenario, de tal forma de que quien se tome en serio esta pieza, se queda recorriendo un “desierto” donde es difícil retomar nuestra ruta original hacia el “norte” (o a donde sea que nos hayamos encomendado a dirigirnos).

Si es que esta pieza, nos coloca un “espejo” en frente para mostrarnos lo difícil que nos resulta “desaprender” a la hora de ver un espectáculo, tal y como nos hemos habituado a hacerlo (con todas sus consecuencias), esto es: no tanto como personas que entregamos nuestra atención, tiempo y demás cosas por el estilo, cuando vamos a un teatro a ver lo que fuere; sino más bien,  en tanto individuos que no se nos ha fomentado la reinterpretación de lo qué es asistir a un espectáculo, más allá de la temática a la que remite, el cómo los interpretes la desarrollan con su interpretación, entre otras cosas que enumeraríamos para definir, lo que se celebra en el momento que se representa algo en un escenario.

Foto: Marta Morera / Lugadero
Foto: Marta Morera / Lugadero

 

No obstante, se ha de tomar en cuenta que definir algo, tomar algo como un hecho, ya es un acto en sí mismo de cerrarlo, sentenciarlo…. ¿Recuerdan esa frase de Nietzsche que versa: “No hay hechos, sólo hay interpretaciones”? Pues, les invito a quienes hayan visto esta pieza (y a los que no, que lo tengan presente), a verla como aquello que representa la reinterpretación, de la interpretación de lo qué es ver y hacer un espectáculo. Lo cual la hace acto performativo, en el sentido que crea con su práctica, nuevas posibilidades a lo que consideramos como concebible, haciéndolo, no demostrándolo. De lo contrario, nos hubiera impartido una clase de estética de artes escénica en el formato de espectáculo, en vez de una pieza que se vale de sus propios principios para hacerse un hueco,  siendo lo que pretende ser dentro de que está contenido en lo  escénico.

Sin más dilaciones, sólo me falta decir, que “parece nada” es una pieza fantástica, inteligente, e interesante…, sin llegar a ser pretenciosa, ni altanera. Lo cual es difícil de encontrar en los tiempos que corren (concretamente, en el tema que ha abordado): Guillermo Weickert me ha dejado sin poder tener la última palabra.

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