ACHTUNG!, carrusel, danza, escena, teatro — 7 diciembre, 2020 at 14:02

“P de Partida” dará mucho qué hablar, tras su estreno en el Lope de Vega

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Llega al Teatro Lope de Vega de Sevilla una obra que tardó en ser estrenada, dada la cancelación de fecha que se asumió, debido a la activación de las restricciones para combatir el virus COVID-19. Lo cual de algún modo u otro, al menos desde mi punto de vista, ha favorecido a que la obra se represente a una hora tan intempestiva, como lo es a las 13h: lo que va totalmente con el espíritu que irradia este montaje.

P de Partida es una pieza que nos conduce a hacernos más preguntas, que a darnos certezas.  Ya la sinopsis de esta obra producida por Dos Proposiciones danza-teatro, nos advierte que estamos ante una pieza que es fruto de la indagación sobre el qué es estar noche tras noche en el camerino, a la espera de salir al escenario (y queda sugerido, que ello se acentúa, si se tratase de que hay que reproducir un mismo espectáculo, una noche más), para volver a estar en el mismo “punto de partida” de los días anteriores, lo cual puede contribuir a que uno, hasta pierda la noción del tiempo.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

Ahora bien, en escena hay cuatro  personajes artistas (interpretados por: Raquel Madrid, Anna París, Isabel Vázquez y Arturo Parrilla) que cada uno a su modo, muestra su manera de abordar una misma realidad: una suerte de el cómo se emplazan, ante el mismo punto de partida que comparten. Entonces, el pretexto es que están en el camerino a la espera de salir al escenario una vez más, y justo en esos momento de “matar el tiempo” para hacer lo que han venido a hacer, es cuando están viviendo fuera de la rutina que cada uno se ha marcado, y fuera de las responsabilidades, en las que ellos se ha comprometido.

Lo anterior es lo que da paso, a que emerjan las preguntas implícitas al público, y las reacciones que cada uno de los personajes aporta, dado su “punto de partida” ¿Esto significa que la obra es estática, en el sentido de que sólo se nos ofrece qué tan lejos llega la psicología de cada uno de los personajes? La verdad, que prefiero verla como una metáfora de cómo nosotros los seres humanos, nos la ingeniamos para “huir hace adelante”, mientras seguimos enclavados en el mismo lugar, porque todavía no hemos dedicado nuestro tiempo a resolver aquello que nos hace retornar, una y otra vez, al mismo punto de partida.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

Quizás no se puede hacer más de lo que se hace, y se llega estar en una situación en la que se depende de que el terreno en que están posados nuestros pies, cambie para volver a tomar la iniciativa sobre nuestro propio devenir ¿O tal vez, el estar emplazados en ese terreno es lo que nos lleve a las respuestas que necesitamos, para actualizar el sentido que le estamos dando a nuestro día a día? Les invito a no ver esta situación, como un “estar atrapado” en el “eterno retorno” de Nietszche, sino como el no haber dado todavía con la tecla que nos desatascaría.

Pero se va adquiriendo una serie de experiencias compartidas con los “acompañantes de viaje”, muchas de ellas tomadas con sentido del humor (que de eso han derrochado durante toda la pieza, lo cual demuestra la enorme creatividad y exhaustividad que han tenido estos intérpretes, en este montaje: es ejemplar) ¿Qué les queda? Jugar con sus “acompañantes de viaje”, lo cual va configurando con el tiempo, una serie de vínculos entre los unos y los otros, conduciéndoles a cultivar la madurez necesaria para saber estar en ese presente que se extiende día a día, dado que volvemos una y otra a vez, al mismo punto de partida.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

Precisamente esa trágica condición, es lo que humaniza a estos personajes, que por otra parte, son de lo más bizarros. No obstante,  qué mejor metáfora que la que nos han expuesto en escena, esto es: hay unas personas de media a edad yendo de un lugar a otro, sin un rumbo fijo…, que en el mientras tanto, sus “juegos” nos desvelan que ya no tienen nada que perder y se les ha agotado todos recursos que habrá recogido a lo largo de sus vidas, porque de no ser así, no se percibirían ellos mismos, como seres “atrapados” en el mismo punto de partida.

Y desde ese ejercicio irremediable de humildad, es cómo van aprendiendo a desaprender esa idea de que hay que precipitarse hacia adelante, para avanzar en la adquisición de los objetivos que cada uno de ellos se habrán adjudicado. Por esto y muchas más cosas, esta obra de danza-teatro es fantástica, inteligente, divertida, y de una profundidad en los temas que abre, que considero complicado darles nombre a cada uno de ellos, y más aún, si me encomendara a resolverlos.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez
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