carrusel, crónica conciertos, música — 17 diciembre, 2017 at 23:01

Nashville Pussy en Sala Fanatic: sexo, burbon, cerveza y rock and roll

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Blaine Cartwright – Nashville Pussy. Foto: Juan Antonio Gamez

Nashville Pussy: Blaine Cartwright, Ruyter Suys, Bonnie Buytrago y Ben Thomas dieron a la Sala Fanatic su buena dosis de sexo, burbon, cerveza y rock and roll. Antes The Lizards se encargaron de abrirles camino.

Con una hora de retraso comenzó el espectáculo en la noche apacible del Polígono Navisa, en un barrio, el Cerro del Águila, que a esas horas, rozando la madrugada, ofrecía una muestra del surrealismo sevillano: una banda de cornetas y tambores a tiro de piedra de un concierto de hard rock, y sin inmutarse…

Esto es Sevilla y esta la sala Fanatic, que abandera conciertos de rock y heavy, con una legión de fieles de variopinta edad, pero tendencia cuarentona, que ya estaba (estábamos) expectantes de ver el estado de forma de este bandazo que nos traen: Nashville Pussy, en su frenético paso por la península (a concierto diario), con el guión dominado a la perfección y un gran estado de forma.

The Lizards calientan el ambiente en la escasa media hora que les dejan tocar, obligadas por la circunstancias, pero meten a fondo el acelerador y nos ametrallan con un buen puñado de trallazos de rock punkarra, tocando temas de Stalking the Prey (2011) y Road to Anywhere (2011), con un sonido rocoso y sin tregua: digna antesala del conciertazo que nos esperaba.

Bonnie Buytrago, Blaine Cartwright y Ben Thomas – Nashville Pussy. Foto: Juan Antonio Gamez

Que lo que busca el cerebro de los Nashville Pussy, Blaine Cartwright, es puro espectáculo audiovisual, no cabe la menor duda, aunque a él ya no le acompaña la forma física. Pero lo suple con un notable dominio de la técnica vocal y lo acompaña de un batería (en este caso no viene Jeremy Thomson, sino Ben Thomas) incombustible, una bajista a punto de combustionar, Bonnie Buytrago, y, Ruyter Suys, pareja de Blaine, en el grupo desde el principio, y a la que su indudable atractivo no resta un ápice de virtuosismo y portentosa digitación: sin duda una de las mejores solistas de guitarra que se han visto por estos lares.

Tras una Intro con sample funkero del Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, empiezan a seducirnos con Everybody’s fault but mine, suprimiendo el órgano original, otorgándole más rabia y tempo, Ruyter Suys riffeando con medida digitación y una contundente Bonnie Buytrago formando cordilleras sonoras con Ben Thomas: excelente sección rítmica. Pero Blaine calienta, todavía está calentando, le falta Jack Daniels.

Sin descanso, cuando sonaba la última nota de la guitarra de Ruyter, enlazan con Piece of Ass, donde Blaine mejora y Ruyter puntea, al estilo de los fraseos de Angus Young (como es habitual en ella), pero con el frenético ritmo de un tema más bien punk. Seguimos sumando.

Ruyter Suys – Nashville Pussy. Foto: Juan Antonio Gamez

Le toca el turno a Pillbilly, esta vez en modo hard billy y con Blaine saliendo de las cavernas (grito trashero incluido) acompañado por el envolvente riff de Ruyter. Pedazo de tema que los caracteriza más allá de sus evidentes conexiones hardroqueras.

Pero la conexión llega, porque también son seña de su identidad: I’m So High suena a AC/DC primigenio, con riff básico y 4 acordes a los que sólo les falta la chillona voz del grandísimo Bon Scott para parecer un rarity de la banda australiana, aunque Blaine empieza a encontrarse a gusto y suena con identidad propia.

Y una vez cogido el punto a voces e instrumentos, se suceden los temazos a lo largo de la escasa hora y media que tocan: Rub it to death, Hate and Whiskie, Up the dosage, su emblemático Go to Hell, de tempo medio y riff setentero y otros muchos, hasta llegar al homenaje que hacen al recientemente fallecido, Malcolm Young, derramando un trago de burbon sobre el escenario, marcándose un sublime cover del Beating Around The Bush del Highway to Hell -1979 y terminando con su tema/himno: Go, Motherfucker, Go.

Un auténtico placer, en definitiva, ver a bandas de este calibre que, con calidad indudable, sonido compacto y muchas horas de escenario, ofrecen una entrega que a menudo les falta a otros grupos de renombre. Larga vida a Nashville Pussy!

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