ACHTUNG!, arte, carrusel, escena, libros, literatura, teatro — 28 septiembre, 2021 at 0:10

Medea, la extranjera de Cía. Teatro del Norte, o cómo revalorizar un clásico con los atrezzos y vestuarios adecuados

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Se representó en el Teatro La Fundición (Sevilla), Medea, la extranjera de la mano de Cía. Teatro del Norte. Etelvino Vázquez y su equipo, se han hecho valer ante un público con ansias de volver a los teatros, tras las vacaciones de verano.

Foto: Rafa Núñez Ollero
Foto: Rafa Núñez Ollero

 

Medea, la extranjera de Cía. Teatro del Norte, es uno de esos montajes donde el atrezzo y el vestuario, son capaces de conducir el sentido y el significado de un guion, que de haber sido llevado por otro lugar, la pieza hubiese carecido de la profundidad que la ha hecho brillar tal y como lo consiguió en los pasados 24, 25 y 26 de septiembre en el Teatro La Fundición. Ello lo enuncio de esta manera, porque detrás de todo ha habido  una dirección que lejos de hacer una súper producción, ha demostrado madurez y sabiduría al sacarle el máximo a los recursos de los que disponían.

Pues, es evidente que la concepción que se tenía en la antigua Grecia de la idea extranjero, posee unas cuantas diferencias de el cómo abordamos a la misma, en nuestra edad contemporánea. No obstante, este montaje supo representarnos momentos de confluencia que cualquier persona de nuestra era podría entender, y eso entre otras cosas, es uno de los grandes logros de esta pieza, es decir: sin ser explícitos consiguieron ser sumamente elocuentes, denunciando el cómo se llega a deshumanizar a una persona a poco que su estatus político (por así decirlo), sea susceptible de algún tipo de traba administrativa, o como producto de un conflicto entre dos partes, donde una de ellas agrede desde el abuso de su posición privilegiada.

De esta manera, Medea se encontraba acorralada ante la ruin traición de Jasón, quien pactó que sus dos hijos en común serían tratados como príncipes, a cambio de que Medea sea desterrada fuera de Corinto, una vez que se consumase el matrimonio de Jasón con Glauce (hija del rey de Corinto). En este contexto, a Medea no se le reconocería ningún derecho, tan sólo pudo “rascar” que se le concediera un día más para poderse despedir de sus hijos. Aún con todo, las humillaciones no cesaron en cada uno de los encuentros que tuvo Medea con Jasón, quien hasta llegaba a negar el cómo fue beneficiando desde que ella se enamorara del él, y haya sacrificado todo lo que tenía para que Jasón haya llegado tan lejos en su peripecias.

Foto: Rafa Núñez Ollero
Foto: Rafa Núñez Ollero

 

Y que conste que todas estas tragedias griegas, suelen situar a sus espectadores en complejas dicotomías morales; sin embargo, el cómo lo abordaron desde Cía. Teatro del Norte, no te dejaba más remedio en tanto espectador, de ponerte del lado de Medea. Y no es que a ella se la victimizara (tómese en cuenta que no se omitió de ningún modo la venganza sobre Jasón, que consistió en asesinar a sus hijos para que éste no parase de sufrir hasta el último de sus días), todo era tan cruel, que no sólo su condición de extranjera era un recurso para “sacarla del medio”; sino que además, se incluía el que fuera una mujer. No con esto quiero decir que la intención de este montaje, fuera mandar un mensaje de corte de feminista, pero no se puede negar que ello, objetivamente, fue un agravante para que a Medea se le tratase como si fuera un objeto desechable.

En todo esto es donde entraban cosas como el vestuario, siendo que aunque ella llevase dignos vestidos, los demás  aparecían con impecables uniformes militares, que remitía a que ellos tendrían la última palabra sobre el destino al que se enfrentaría Medea, haya tenido éxito o no, su plan de venganza contra Jasón. El caso es que Medea entendió que no tenía nada que perder, pero si estaba a su acceso dar el último golpe para que todos se hundan con ella en el mismo barco, haciendo de esta historia una estremecedora tragedia.

También hubo pequeños detalles en los complementos de vestuario, que iba acogiendo a lo largo de la obra Cristina Lorenzo (la actriz que interpretó el papel de Medea). Cuando llevaba un fular sobre el cuello en un encuentro con Jasón, éste cobraría más peso en tanto Jasón iba restregándole unas maletas para que ella se fuese cuantos antes, como si haber llagado a un acuerdo con el rey de Corinto, no hubiese valido lo suficiente. Esas maletas estarían dispuestas en escena una buena parte de la obra, como si entre ellas se delimitara una suerte de jaula dentro de una jaula en la que se le había encerrado a Medea desde el principio. Esto es: la escenografía de Medea, la extranjera contó de principio a fin con cuatro cilindros metálicos de los cuales casi nunca salió el personaje de Medea a lo largo de la obra, en el fondo del escenario se dispuso un marco con espejo, desde el cual le hablaban a Medea (y salvo momentos en que hubo algo más de intimidad entre Medea y Jasón), sus antagonistas no cruzaban el espacio delimitado para ella.

Foto: Rafa Núñez Ollero
Foto: Rafa Núñez Ollero

 

Desde luego lo anterior fue un apuesta arriesgada, que incluso pudo haber caído en lo pretencioso, pero fue gestionado con tal inteligencia y cálculo, que se erigió como uno de los elementos que resinificó un texto que por ser lo que es, se lleva por delante a cualquiera que se le ponga en su camino. Les estoy hablando de uno de los grandes clásicos de la cultura occidental, y atreverse a ofrecer una relectura del mismo sin dejarse embriagar por el ímpetu de un director poco experimentado, es cosa de maestros.

Volvamos al marco, pues como comenté, a través de éste Medea se comunicaba con el rey de Corinto y Jasón, e incluso se generaban metáforas y alegorías en cómo disponían sus cuerpos los intérpretes entorno al marco, siendo que hasta el texto se quedaba en una mera sugerencia. Y no con ello quiero decir que se haya valido de complejísimas partituras de movimiento en las interacciones donde se valían del marco, tan sólo de lo justo y necesario, para justificar un recurso que la mayoría de las ocasiones se queda en buenas intenciones, sin que ellas se lleguen a materializarse del todo.

No puedo dejar de lado la consistente interpretación de Medea que ha hecho Cristina Lorenzo. Pues, esta actriz conservó una templanza capaz de mantener el equilibrio de la obra, a pesar de que estaban sucediéndose diversos sobresaltos o situaciones de tensión, en escena. Encima lo ha conseguido, sin querer lucirse. Es decir: se enfrentó a un texto que le daba casi todo el peso de la pieza, y ella tan sólo estaba a expensas de los estímulos que le iban ofreciendo sus compañeros, quienes también, supieron ocuparse de una funciones que de no ser precisos y efectivos, los esfuerzos de Cristina Lorenzo se hubieran quedado desmerecidos, o quizás desdibujados.

Medea, la extranjera de Cía. Teatro del Norte, ha sido un trabajo del cual he disfrutado, he tenido los pelos de puntos en sus momentos más álgidos…, ha sido un lujo ver a esta veterana compañía en acción, con tanta energía en escena, y con unos modos de trabajo que te demuestran que no han dejado de darles vueltas y vueltas, a la hora de abordar un clásico.

 

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