carrusel, cartas desde, viajes — 22 abril, 2014 at 10:00

Tururú!

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Cartas desde Marruecos

Por Carlota Miranda Largo 

Una de las cosas que más llama la atención cuando estás en Marruecos es que la gente, hablando mal y pronto, se pasa las normas por el forro. Normas hay, pero es que muchas de ellas no se pueden cumplir. Y lo mejor es que, cuando llevas tiempo viviendo allí, aparece en ti un sentimiento que choca con tu identidad europea que te obliga a cuestionar y rechazar el hecho de que en elprimer mundo (qué lástima de término) todo esté peligrosamente regulado.

Me encanta intentar comunicarme con cualquiera de por allí para analizar temas desde puntos de vista diferentes y disfruto mucho hablando con el taxista de turno o con la señora de la tienda, contándole que en España dentro del bar está prohibido fumar, pero fuera está prohibido beber. O que si te pilla la policía sin el cinturón de seguridad te pueden poner una multa. O que, aunque la casa sea de tu propiedad, no puedes construir tantas alturas como quieras, porque hay que guardar la ‘estética’ del barrio. (Del tema de las parobólicas mejor ni hablamos, porque es mentar a la bicha). Y, aunque cuesta, alguno de ellos hasta lo llega a comprender. Lo que aún no he conseguido que entienda ninguno es que tu casa tiene una hipoteca. Es decir, que tu casa en realidad no es tuya, que la has comprado con un dinero que no tienes y que nunca has manejado y que un banco te lo ha prestado para que pueda ser tuya. O para que al menos lo parezca. Y que lo aceptas a cambio de que luego se lo devuelvas junto con unos interesés que, si por lo que sea, no puedes seguir pagando te quedas en la calle. No les cuadra por ningún lado esta idea y, la verdad, ojalá nunca les tenga que cuadrar.

A lo que iba, que en Marruecos la gente pasa de las normas sencillamente porque la realidad se impone sobre ellas. El hábito es el que hace la norma y no al contrario. Eso no quiere decir que no existan unas pautas para que haya cierto orden, pero todo el mundo parece entender que lo de saltárselas no es tan grave. La vida diaria de la mayoría de los marroquís ya es bastante jodida como para tener que complicársela más aún aplicando normas. Por eso si, por casualidad, la norma viene bien, bien. Y si no viene bien, no se aplica y punto.

Es muy común, por ejemplo, ver coches con más de 5 personas. Y familias enteras en moto. Sin casco, claro. A nadie le extraña que sea así. Y pobre del que quiera ponerse a evitarlo. La gente no se puede permitir tener un coche propio. Muchísimo menos tener varios. Si no lo hicieran como la hacen, no se podrían desplazar juntos, con todo lo que ello conllevaría. Y es que, como decía Lore,  porque…¿para qué vamos a dar dos viajes si cabemos los 7 en el coche?

Recuerdo cuando le conté a Amin que en Barcelona nadie en la estación de buses me quiso poner el móvil a cargar porque están observándoles con cámaras y está prohibido. Porque hay una máquina que, previo pago, te lo carga. El pobre estaba en shock. O aquella tarde de primavera en Tetuán. Estábamos en la piscina y le dije al pequeño Rachid que en España no siempre te puedes tirar como te dé la gana y que, para poder meterte, te tienes que poner un gorro. Y se rió de mí en mi cara. Además, como me gusta mucho el from lost to the river como forma de vida, le conté que un aeropuerto de Dinamarca había limitado a tres minutos el tiempo para despedirse. Y no sabría bien definir cómo fue la expresión, pero yo diría que de pena. Pena mora.

Esta foto la hice hace unos meses en Rabat. No es un caso aislado ni mucho menos, de hecho es el pan de cada día. Pero ponte tú a explicarle al hombre que no se puede poner a pescar ahí, que mejor vaya a la tienda a comprar la comida que su chati preparará para sus invitados en la cena de esa noche. O lo que es más difícil aún, ponte a contarle a los chavales que hoy sábado a 36 grados está prohibido bañarse. Bueno, ni hoy ni ningún día. Y mucho menos tirarse de cabeza, que es peligroso. Si fueranunosqueyomesé seguro que te saldrían con el: “Síííí, ¡no te queda a ti ni ná!”

En países como Marruecos donde el Estado no existe o donde, mejor dicho, el Estado es un mero mercenario, a la gente se la pela lo que este pueda decir. Si no sólo no le soluciona ningún problema de su día a día, sino que le genera muchos más de los que ya tiene, ¿por qué han de cumplir las normas que se quieren imponer? ¡Tururú! Y creo que me alegra saber que en España, por la situación que estamos viviendo, cada vez nos acercamos más a este tipo de comportamientos. Comportamientos tercermundistas para algunos, y más inteligentes para otros. Cada vez hay más necesidad y llevamos tiempo viviendo en país moderno y, por consiguiente, con una estructura cada vez más rígida. La gente ya se está empezando a cansar de aguantar y aguantar tanta tontería a cambio de nada.

La sociedad somos nosotros y eso en Marruecos lo tienen muy claro. Por encima de todo está el comer cada día y el tener un techo. Y ayudar a que el otro también lo tenga. Mientras eso vaya bien, todo demás no es tan primordial. No cuentan para nada con el Estado y hacen su vida con las otras personas, interrelacionando lo mejor posible entre ellos, porque es la única forma de salir adelante cuando todo lo demás va hacia atrás.

Puedes conocer más historias de Marruecos en el blog No es Nada Personal

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