ACHTUNG!, arte, carrusel, escena, miradas, teatro — 15 marzo, 2021 at 0:01

Madre Coraje de Bertol Brecht, nos recuerda el gran valor que tiene la vida humana

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El Teatro TNT de Sevilla repone la aclamada versión de Madre Coraje de Atalaya. Fue de esas citas imprescindibles, que se nos ofrecía en la programación de Ni Una Menos que se está desarrollando en dicho teatro, como modo de dar respuesta a que estamos en vísperas del Día Internacional de la Mujer.

Foto: Félix Vázquez
Foto: Félix Vázquez

 

Madre Coraje de Bertol Brecht, es una obra que arremete contra sobre la relativa utilidad que podría tener una guerra. Es cierto que toda guerra tiene una explicación, pero ello en ninguno de los casos, ha de ser suficiente para llegar a justificarla. Y por más que una guerra ya se haya desatado, uno ha de aprender a lidiar con ello sin que signifique perder el rumbo, o dicho de otra manera: esta obra hace una labor pedagógica entorno, a desmontar los fantasmagóricos beneficios que alguien podría extraer de un contexto bélico, dado que el paso del tiempo evidencia, que cada ser humano va a ser perjudicado, incluso, individualmente.

Gracias a los hechos que se enfrenta el personaje de madre coraje, nosotros los espectadores somos testigos, de que los esfuerzos  que uno invierta en sortear su día a día en un contexto de guerra, no equivalen a haber alcanzado estar cómodo, o ser la persona más ingeniosa. En realidad entiendo, que ella se dejó llevar por la inercia a la cual uno puede estar subordinado de vivir el día a día, como si en cualquier momento se podría escapar una oportunidad de tener mayor margen de maniobra , en un terreno que limita a donde quiera que uno dirigiera la vista. La energía y las ganas de vivir del personaje de madre coraje, desvelan  su instinto de supervivencia, que también pasa por el cuidado de sus hijos. Ella es consciente que todo en la guerra carece de sentido, pero se aferra a interpretar el rol de líder de un negocio que no sólo está basado en vender productos de lo más dispares, a los regimientos que se va encontrando en el camino a ninguna parte; sino que además,  ella asume que sin su supervisión, sus hijos correrían un destino similar al resto de la gente.

Ella los aísla de todo sacándole partido al contexto bélico, y aunque en un momento determinado puede parecer un personaje cínico, el caso es que su actitud es su forma de afirmarse como sujeto, en  donde cualquiera puede ser un cadáver más, que alimente a un conflicto bélico desbocado. Madre coraje se resiste a ser usada como alimento de alguien, y no acepta bajo ningún concepto, que su hijos lo sean; no obstante, ella es lo suficientemente madura e íntegra, para distinguir  que está a su alcance de lo que no. Su amor a sus hijos y a la vida serán su combustible, pero el hecho es que las cosas tarde o temprano a uno le salpican, y aunque ella luche incansablemente para que no le suceda, ello sólo le sirvió para ser el único personaje principal de esta obra, que quede vivo. Lo cual es un mensaje muy elocuente de este texto dramático, dado que nos proporciona una lección de vida, esto es: somos lo que somos gracias a que formamos parte de un colectivo, sea cual sea su dimensión.

Ni siquiera en un conflicto con un otro, nos deberíamos alegrarnos de su derrota, uno ha de vivirlo como un funeral, porque esa persona es tan humana como nosotros, es decir: esa persona tiene un proyecto de vida, esa persona tiene allegados, que mutuamente, se acompañan para hacer más habitable la estancia en este volátil mundo en el que vivimos. No se trata de forzar hermandad con cualquiera sea lo que sea que pase, más bien de tener presente que en el conflicto con el otro, en ningún caso ello ha de llegar a ser un pretexto para deshumanizarlo e instrumentalizarlo, porque digamos, esa persona se ha puesto en nuestro camino.

Foto: Félix Vázquez
Foto: Félix Vázquez

 

Lo anterior se complementa con el personaje de Katerina, personaje que se nos presenta como un ser torpe e ingenuo, pero ella no es tonta sino la persona con más fuerza de toda la obra. Katerina es la única que quiere vivir no por el mero hecho de vivir, sino porque ella tiene la convicción de que a pesar de la guerra, el mundo puede ser un lugar hermoso de habitar, y por ello merece ser cuidado. Asimismo, señalar y jugar a aquello que percibe como bello, no es un acto infantil de su parte (por más que se juegue en el texto con esa ambigüedad, siendo que es un personaje de lo más clownesco), sino un acto de amor al mundo que está siendo maltratado por sus habitantes. La compasión que despierta en madre coraje, es lo que mantiene a la misma con un pie en la realidad, por más que ésta se haya instalado en la inercia de sobrevivir por sobrevivir.

Madre coraje la ve como el ser más vulnerable e inofensivo del mundo, y probablemente la persona de su entrono, que más vale la pena luchar por su supervivencia, sino no quedará margen a la esperanza. Quizás madre coraje no tenga esperanza en la humanidad, pero sabe que personas como Katerina son las que dan sentido a que todo continúe en pie. Este mundo en contextos tan agresivos como los bélicos, en ocasiones nos aboca al nihilismo, pero nunca quedan veladas las cosas por las que merezcan luchar. He allí que defienda que este texto es un canto a la vida y a la reconciliación entre iguales. Y no lo digo como algo irreflexivo y cursi, sino porque la vida y la dignidad humana,  son cosas demasiado serias, como para ponerlas en juego sea cual sea el motivo.

De cualquier modo, esta obra es divertida y profunda en su contenido, lo cual ayuda a que sea entendida por cualquiera, sea cual sea su nivel de formación, país de procedencia, inclinación política, etc.., es una obra que aborda un tema universal: el ser humano en la guerra. Sí una obra que, lamentablemente, sigue siendo atemporal, dado que no cesan en el mundo los conflictos bélicos. Por tanto, es de lo más circunstancial que el texto se sitúe en medio de la Guerra de los treinta años (incluso el mismo, bromea con ello de algún modo u otro), porque sea cual sea la época o el sitio en que se enmarque una guerra, se atenta contra la dignidad humana. Ello no ha privado al texto de abordar tan trágico tema con ironía y jocosidad, así nosotros los espectadores podremos volver a nuestro hogares con ganas de luchar por lo que amamos, en vez sentirnos impotentes y derrotados, por más que los avatares de la vida que nos condicionan, son de lo más escurridizos.

En lo que respecta a cómo llevó a cabo el montaje por parte de Atalaya, de Madre Coraje, cabe decir: Una vez más el trabajo de iluminación de esta compañía andaluza, nos demuestra que el espacio escénico es infinito en sus dimensiones y posibilidades, o dicho de otra manera, su dominio del espacio hacen parecer una ilusión óptica que el espacio en escena está acotado. Y Ello es reforzado con el juego arquitectónico, que nos proporciona la dirección de la iluminación, que se pone en perfecta sintonía, a la hora de acompañar los momentos más emotivos de la obra, como pueden ser las muertes de los hijos de madre coraje.

Foto: Félix Vázquez
Foto: Félix Vázquez

 

Los actores y actrices de Atalaya, se han vuelto a dejar la piel, y han llevado al límite de sus posibilidades al texto con el que trabajan: se nota que la obra Madre Coraje, les ha llegado al corazón. Si es que dedicarse a lo que uno le gusta y sentirse  útil a la sociedad, puede llegar a sacar lo mejor de nosotros. Y en eso y otras cosas más, la dirección de Ricardo Iniesta se sustenta, sin ninguna duda. Dado que uno tiene acceso a mostrarse comprometido con la sociedad de muchas maneras, y el teatro, las obras de Bertol Brecht, son una herramienta de transformación social, en vistas a que todos habitemos un mundo más justo y hermoso ¡Atalaya es una compañía maravillosa!

No puedo dejar de mencionar, que a interpretación de la actriz Carmen Gallardo como madre coraje, ha sido extraordinaria, pues, está al alcance de pocos mantener la entereza, la templaza y la eficacia en cada escena; para defender una obra, que tiene a este personaje como uno de los pilares de la dramaturgia. En cambio, la actriz Lidia Mauduit interpretando el papel de Katerina, me ha vuelto a enamorar: verla sobre escena  me  emociona tanto, que es como si estuviera en una fase donde quisiese ver teatro a toda costa, porque se acaba de convertir en mi nueva afición. Aunque he de reconocerles  que en las obras de Atalaya que he visto, le han asignado papeles de lo más clownescos, y tengo debilidad por ello. Porque me causan ternura, cariño e implicación emocional. He ahí que considere que estas características son de las que mejor representan, lo más valioso del ser humano.

En fin, la versión de Atalaya de Madre Coraje  acierta en poner el foco en que las consecuencias desencadenas de una guerra, las cuales son de esas cosas que nunca deberían pasar, no sólo porque pueden llegar a un grado de absurdo; sino que además, porque son de una crueldad desproporcionada. Nadie merece perder un ser querido, nadie merece perder lo que le ayuda a sustentar la vida (por más que madre coraje haya tirado de picaresca para sacar flote su negocio), etc…, o qué decir, sobre que la guerra se lleva por delante a inocentes, a seres no tan inocentes. Incluso a seres aparentemente anónimos,  eran tan humanos como los que han trascendido de algún modo en la historia.

Foto: Félix Vázquez
Foto: Félix Vázquez

 

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