carrusel, viajes — 30 diciembre, 2013 at 10:00

Mabul, el secreto de Borneo

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Por Bárbara Bécares

Uno de los destinos turísticos más conocidos de la isla de Borneo es Mabul, sobre todo para los amantes del mar y los buceadores. Mabul está cerca de Sipadán, mucho más cara que la primera ( ya que es lugar protegido). El tema es que para llegar a estas islas hace falta pasar por Semporna, la localidad principal de la región.

Si pones Semporna en un buscador, este te enseña lugares entrañables, peces preciosos y aguas cristalinas. Como consejo, sobre todo para turistas, os digo que no os dejéis engañar. Semporna es una ciudad muy sucia y desastrosa que tiene un puerto que te lleva a esos lugares de aguas azules, así que si venís a Borneo, esta localidad sólo se usa como puente de paso para tomar el barco, habiendo uno a diario a las 8 de la mañana por parte de Scuba Junkie, una de las empresas hoteleras más conocida de la región, y otros a las 2. Si tenéis hotel reservado, estos se encargarán de recogeros. También hay la opción de ir por libre. No es una opción muy realizada porque la mayoría de las personas que hay en Mabul son turistas no dispuestas a arriesgar. Pero en Mabul, además de los grandes resorts regentados por europeos en medio de la pobreza local, también hay hostales regentados por ciudadanos locales, mucho más baratos y que no tienen unas rejas rodeando sus instalaciones, que parecen mostrar a los residentes de la isla que no son bienvenidos en su territorio. Los grandes hoteles caros sí tienen rejas. Vamos, que los hostales regentados por paisanos de la isla, se aproxima más al turismo sostenible.

Mabul era un antiguo pueblo de pescadores, que aún continúan viviendo en el lugar junto con una gran cantidad de inmigrantes filipinos que escapando de la pobreza de su país llegaron por mar a la isla de forma ilegal. Mabul por su riqueza marina, que el mismo Jacques Cousteau descubrió y por su olor a paraíso atrajo a empresas hoteleras a montar sus resorts en lujosas cabañas encima del agua. El contraste de la gente local con estos resorts podría decirse que es hasta ridículo. La gente de aquí vive en chabolas de hojalata justo al lado del mar, sin habitaciones, sólo un pequeño compartimento donde se alojan familias enteras. El mar es para ellos, al fin y al cabo, una gran fuente de riqueza, muchos no tienen agua corriente y poca electricidad (la televisión que no falte) pero no molestan a los turistas que llegan, pidiendo limosna. Al contrario, sonríen y son agradables, como casi todo el mundo en Borneo. Es más, aunque las rejas situadas a lo largo y ancho de la pequeña isla, tienen siempre una puerta abierta y no impiden el paso a nadie, los habitantes de Mabul ya han adoptado su lugar en su sociedad. Su lugar es el de ser pobres, aunque ellos viven en la isla, otros más poderosos han llegado y los de Mabul tienen pinta de no querer molestar. Así que ellos se quedan dentro de sus rejas, como si las habitaciones de hotel que cuestan 1.000 dólares la noche, que están situadas frente a sus casas, encima de ese mar que, tanto ellos por desconocimiento, como los resorts por su afán de hacerse ricos, contaminan, no existiesen.

También os digo, porque habrá todo tipo de personas, con sus gustos, que puedan llegar a este blog, que si a la hora de viajar no os preocupa la huella que dejáis en los lugares que visitáis, alguno de los resorts están colocados del modo que el visitante puede llegar por un pasarela rodeada de vegetación y verjas hasta dar a su habitación y al recinto, todo muy bonito adornado, de modo que en sus vacaciones no tendrá en ningún momento la necesidad de ver a familias hacinada en cabañas o en barquitos-casa, ni de niños pescando, ni de la basura que les rodea, porque para ellos ni existe sistema de recogida de basura ni nadie les ha contado nunca que si tiras un plástico al mar, este no va a desaparecer ni en 1.000 años. Pero tampoco verán las sonrisas de la gente, ni conocerán la amabilidad de estos pobres –sólo pobres de dinero-, ni tendrán la oportunidad de comprobar cómo los niños son felices sin un Tablet y jugando al fútbol con una lata de refrescos a modo de balón.

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