ACHTUNG!, arte, carrusel, escena, literatura, teatro — 21 abril, 2021 at 0:01

Luces de una nueva bohemia de Crisálida Teatro, es el fruto de algo que está germinándose

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Crisálida Teatro representó en el Teatro Távora de Sevilla, Luces de una nueva Bohemia. Obra que es una versión personalizada de uno de los grandes clásicos del teatro español, Luces de Bohemia de Ramón Valle –Inclán.

Ya en la sinopsis de Luces de una nueva bohemia de Crisálida Teatro, se nos avisaba que este montaje estaba basado en la emblemática obra de Valle-Inclán, Luces de Bohemia. Lo cual supone que ellos asumen la responsabilidad de todas las cosas que han reformulado de dicha obra. Es más, se podría decir que este montaje es proviene de una apropiación, con el fin estilizar los elementos de la obra de Valle-Inclán, que más ricos consideraron para los tiempos actuales.

Es como si se hubiera roto un panel en el que estaba dibujada la obra original de Valle-Inclán, y los que conforman el equipo de Crisálida Teatro, la hayan intentado reconstruir como si fuera un puzzle, sin que esos fragmentos hayan estado dispuestos para ello. Esta metáfora, me ha venido porque lo que han presentado en escena procede de una apuesta  muy ambiciosa y arriesgada, que me temo, que al menos a mí no me sedujo. Sin embargo, el resultado fue lo suficientemente interesante, como para poder extraer una serie de reflexiones.

En primer lugar, si uno se decanta por ofrecer una versión personalizada de un clásico, hay que ir muy lejos en la reconfiguración de la obra original. Siendo que se puede caer torpemente, en presentar algo entrecortado, es decir: una obra original ya es un ente completo y redondo, en el que cada uno de sus elementos tienen su razón de ser  (y ello se acentúa, si se trata de una obra que es considerada un clásico). Los intérpretes de Crisálida Teatro, suprimieron algunas escenas de la obra original, y tengo la sensación de que no lo compensaron con los elementos suficientes, que la hayan hecho un trabajo totalmente novedoso.

Foto: Rafa Núñez Ollero
Foto: Rafa Núñez Ollero

 

He ahí que haya percibido este trabajo como incompleto: como si ellos ya tuvieran una estructura sólida desde donde trabajar, pero no llegaron más allá de lo que tenían. Quizás si hubieran llevado al extremo la trágica historia que nos presenta Luces de Bohemia, esta obra se hubiese desdibujado tanto, que lo que hubiéramos visto es un eco, de un eco (dado el contenido de la obra original).

Lo anterior es una opción a explorar, porque uno no puede reconstruir algo sólo quedándose con unos buenos enlaces de escena a escena: eso es quedarse en una escala formal. No obstante, lo que se presentó tenía un contenido claro y defendible, pero considero que el resultado final demuestra que han desaprovechado la oportunidad de hacer una versión de este clásico, que le haya dado otra consistencia a las escenas con las que se quedaron.

De cualquier modo, lo más importante del mensaje de la obra Luces de Bohemia nos llegó. Pues, al ser una obra que se ha convertido en algo atemporal en España, Crisálida Teatro supieron poner en escena, el porqué los hechos de que acontecen en la misma, podrían suceder de algún modo u otro en la actualidad. Por tanto, uno de los objetivos básico del por qué se vuelve a representar una obra que se escribió hace muchas décadas, lo alcanzaron. Desde luego nos llegó el dramatismo de la historia de la prostituta que habló con el personaje de Max Estrella, o la impotencia de la esposa del mismo. Por ello defiendo que el trabajo de todo elenco fue compacto.

El uso de las lámparas que portaban mientras se desplazaban sus personajes en escena, fue fantástico. Porque dotaba de dinamismo y profundidad, al espacio escénico. Sin olvidar, que ambientaba a la obra en lo que fue, una noche de vagar por las calles de Madrid.

Foto: Rafa Núñez Ollero
Foto: Rafa Núñez Ollero

 

Si es que los intérpretes dieron todo lo que tenían en sus manos, su entrega y energía han sido  dignas de admiración. Pues estos cuatro intérpretes emergentes defendieron lo que tenían, amándolo. Y precisamente en todos los casos, es algo que suma a cualquier interpretación que se haga en escena.

Incluso diría, que este resultado se puede leer como una parada muy valiosa en la carrera de estos jóvenes intérpretes, donde tras varios montajes y varios modos de abordarlos, se pueden sacar aprendizajes (para ellos, y los que adoptamos el rol de espectadores) que a uno le curten, para saber leer de una forma más aguda a dónde se está conduciendo, todo lo que lleva consigo un montaje. He ahí que me parezca precioso haber podido presenciado, esta “fotografía” de en qué punto están estos intérpretes, de su prometedora carrera.

Por eso, creo fundamental no limitarse ir al teatro sólo ver a los grandes, o los más consolidados. Desde luego de ellos podemos disfrutar y aprender un montón, pero en ocasiones nos estaríamos perdiendo parte de las fases por las que pasan los artistas emergentes. Fases que son más o menos similares en todos, fases que desvelan que el trabajo de un profesional de las artes escénicas, es de alguien que está en un continuo proceso de transformación, esto es: estas disciplinas son de las pocas que quedan, que son meramente artesanales, y por ello nunca se llega a un grado absoluto de perfeccionamiento.

En artes escénicas la excelencia no sólo se debería medir por algo que nos ha asombrado, o porque se ha llegado a una ejecución precisa y exquisita. Sino que también, hemos de poner en paralelo, el factor de que todos sus intérpretes están pasando por un grado de exposición mucho mayor que el de otras disciplinas, por eso a veces las críticas a quienes desempeñan estas nobles artes, pueden llegar a ser crueles y desproporcionadas.

Ver de vez en cuando artistas emergentes, son de las cosas que más no pueden ayudar a madurar, a la hora de juzgar el trabajo de unos intérpretes que están buscando la manera de hacerse un lugar, un lugar al que llevan tiempo invirtiendo desde que se decidieron por una profesión tan difícil de ejercer. No nos olvidemos que los artistas emergentes son los que tomaran el relevo en un futuro muy cercano, por eso hemos de cuidarlos y quererlos. Eso manteniendo los ojos bien abiertos, porque aunque nos podamos encontrar cosas que las hubiésemos hecho de otra manera, también está un potencial por explotar, que nos ayudará a seguir manteniendo vigorosas las artes escénicas.

 

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