arte, carrusel, danza, entrevistas, escena — 30 diciembre, 2020 at 2:05

La danza butoh es una herencia cultural para la humanidad

by

Hablamos con el bailarín y maestro de danza butoh, Coco Villarreal. Este mexicano trotamundos, nos introdujo en la filosofía y la ejecución, que sustenta esta enigmática danza de origen japonés. Lo cual viene genial, por si alguna de las personas interesadas en esta disciplina desea acercarse al seminario de butoh, que impartirá a partir de mediados del próximo mes de enero en Sevilla.

Nos lo contó de esta manera:

Nunca me había decantado de una forma clara a una sola disciplina. Con los años, me enfoqué más en el butoh por cuestiones de la vida que me fueron llevando a partes más oscuras de mi mismo y al trabajo del cuerpo.

– Por ejemplo, el teatro no es sólo interpretación: hay un trabajo de vestuario, de escenografía, luces…, Es natural que uno se inicie en las artes, curioseando entre varias disciplinas.

Yo creo que en el fondo es todo lo mismo. Porque la creación artística (la pintura, la música, la danza), proviene de las mismas fibras: del deseo del ser humano de conectar consigo mismo y con los otros, incluyendo el universo mismo.

– ¿Hay un alto grado de ambición en todo esto, ya que nos podríamos conformar con comunicarnos con los otros, con lo que se da en nuestro día a día?

Eso es lo más bello: tienes un espacio chiquitito donde todo es posible. El arte te permite que de ese espacio chiquitito, que está latente, ¡pueda suceder cualquier cosa! Entonces vamos a abrirnos un poco y a permitir que lo que pueda suceder en esos momentos, suceda. De hecho, mi trabajo es un intento personal de conexión con lo divino. Esto se da de muchas formas: a través del movimiento; de una búsqueda recíproca con los otros; y sobre todo, de lo que puede considerar el ser humano como divino.

Esa reciprocidad la trato desde la naturaleza. O sea, esa enseñanza y conexión de lo artístico y lo divino, es la búsqueda misma de la Naturaleza: un entendimiento que no nos lleva a un entendimiento intelectual simplemente sino a una mímesis de los elementos naturales a través de nuestro cuerpo. Este será uno de los pilares principales que trabajaremos en el seminario que comienza el próximo mes.

– ¿Entonces has llegado al punto de ritualizar tu trabajo?

¡Totalmente! Una de las premisas del butoh con las que me relaciono tiene que ver con la transformación. Llego al punto de diluirme, de ser absorbido…, es una forma de relacionarme con esa energía, que identifico como butoh.

Hay formas sutiles de comunicación con esa energía que podríamos llamar butoh, con la cual me relaciono desde hace años. Ritualidad y butoh, van de la mano. Cuando hablo del butoh, hablo de todo lo que este puede englobar. Un universo estético libre de restricciones donde tenemos la posibilidad poética de ahondar en nuestra propia oscuridad, y transformarla en danza.

-Por lo tanto, no estamos hablando de rituales “regulados” o “codificados” ¿Hay mucho margen de maniobra según la búsqueda personal de cada uno, verdad?

Así es. Se trata de una búsqueda que va más allá de la producción artística: es un viaje dancístico de exploración personal. Las formas son diversas en cada individuo, y es por eso que hay tantos tipos de butoh como danzantes.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

Uno dispone de su cuerpo para investigarse en profundidad, y de pronto con el movimiento, se encuentra un arquetipo, y este me puede remitir a una puerta interna, por ejemplo, a mi abuelo. Entonces me permito explorar ese arquetipo, me permito reconocerlo, entenderlo, danzar con él porque está en mi cuerpo y afecta mi cotidianidad: está presente en la manera en que me relaciono con los demás. Lo estudio a través del movimiento porque está en mi cuerpo.

Al buscarlo empiezo a entenderlo, para saber qué quiere, y a darle el espacio que requiere, donde puede incluso, llegar a considerar que puede ser perjudicial para mí.

– Apuestas por enfrentarte a todas tus oscuridades y algunas luces en el camino. Y allí no es posible “huir hacia adelante” en tu día a día, después de estar practicando el butoh.

Identifico en mí patrones que quieren evadirse todos los días, entonces toca estar atento y ver si uno está siendo realmente honesto.

-Según parece ya tienes la receta, pero las cosas no son siempre tan sencillas.

Las cosas se me pueden caer en cualquier momento…

– Ese grado de exposición permanente, hará que muy poca gente se atreva a practicar esta disciplina.

El Butoh es una disciplina totalmente inclusiva, como dijo Akaji Maro en una entrevista, “si puedes caminar, eres bienvenido”.  En mi caso también parte de la necesidad de reinventarme.

– ¿Crees que puedes reinventarte desde el mismo sendero?

Si, de hecho estoy a punto de entrar en una siguiente fase de transformación.

-Tengo entendido que la danza butoh, se aborda desde la improvisación ¿No hay un punto en el que se cierra una coreografía, o hay un diálogo con el que apoyarte a través de unas pautas?

Sí, bueno. Hay tantas formas de hacer butoh como intérpretes, una que me parece bellísima es el sistema de notación dancística de Hijikata, el Butoh Fu: donde entran en juego la imaginación, la palabra y el cuerpo. A mí me gusta crear estructuras similares al jazz, donde se saben de común en correspondencia con algunos puntos de inflexión armónica, y el desarrollo o el tránsito entre ellos, se queda abierto a lo impredecible del momento. Por ejemplo, volviendo a lo de mi abuelo, para danzar puedo buscar una forma física que me reconecte con él, que me permita habitar ese espacio de mi cuerpo que contiene su información. Lo que sucede después se va desvelando por sí mismo, y muy poco a poco.

– ¿Entonces vas creando un mapa topológico más que una coreografía?

Prefiero que todo sea abierto, poniendo unas pautas muy simples.

De todas formas, uno de los estados más interesantes para estar en escena se encuentra cuando logras decirte: “estoy en escena y no voy a hacer algo para entretener, porque lo que hago no es espectacular, y no está hecho para que lo sea”.

– ¿Por tanto no hay una lógica comercial cuando se practica la danza butoh?

El Butoh está dentro de los circuitos comerciales de la industria de las artes escénicas.

Para mi es importante concentrarme en mostrar el resultado de mi búsqueda personal, de mi trabajo físico, de mi disciplina durante años, de mis deseos de compartir algo bello…, sin cuestionamientos.

Lo maravilloso para mí con el butoh no es sólo mostrar en un escenario, sino el trabajo de exploración: la exploración por la exploración misma, el conocerte por encontrarte, entrar en un proceso artístico por el mero hecho de vivirlo, no por un producto.

– Parece que pasas por fases de un mismo ciclo, después de haber explorado lo que has explorado.

Pasa muchísimo tiempo hasta que hago una nueva actuación. Dedico tiempo al entendimiento habitando arquetipos, decidiendo si voy a hacer una danza sobre mi abuelo (por volver a lo anterior), o quiero hacer algo completamente diferente.

Estamos acostumbrados a pensar que si no estamos produciendo, no tenemos un valor ni un rol importante en la sociedad. Creamos muchas limitantes alrededor de eso. Lo que yo hago es no sentir presión. Aunque podría producir más, prefiero tomarme mucho tiempo en producir obras.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

– ¿Cómo es posible que un trabajo tan personal, tan íntimo…, pueda resultar comunicable? Dado que tú lo manifiestas desde tu propio idioma ¿Cómo hacer de esto algo universal para que todos nos podamos identificar?

Aquí entra un punto muy interesante. Para mí la relación que sucede en el trabajo del butoh, empieza a surgir en medio de un proceso de alquimia. Por ejemplo, me pongo a trabajar en torno a ser un árbol. Es probable que quien me vea no identifique que estoy representando un árbol, pero se verá algo que se relaciona con un sentimiento universal. Desde esa impronta física que me transmite el árbol, está en mi mano recurrir al arquetipo de mi abuelo llevándolo al límite. Dejo que exista.

– ¿Entonces hay una suerte de invocación, cuando decides trabajar en torno al arquetipo de tu abuelo?

Si. Se encarna porque ya está dentro de nosotros, porque es una información que ya existe. Lo que yo hago es nombrarlo, identificarlo, darle espacio. ¿Puedo transformarlo? ¿Por qué tengo esta tendencia en mi cuerpo? ¿Cómo aprendí esta información? ¿Qué quiero hacer con ella?

– Hay mucha gente a la que le resulta incómodo ver danza butoh. Dicen que esta danza se basa en poner caras raras, o retorcer distintas partes del cuerpo ¿Qué dirías al respecto de esto?

Respecto a que es incómodo, puedo estar de acuerdo de forma parcial, pero en realidad depende del receptor y de su cosmovisión.

A través de la exposición se cierra el círculo. Al entrar en contacto con el público, éste lo recibe, y es probable que algo se destape e incomode. La vida también es incómoda y grotesca.

– Sin embargo, supongo, que habrá un marco común entre todos los que practican esta disciplina

Si, es un tema interesante el que planteas. Es algo que me pregunto de mi propio trabajo ¿En qué momento dejará de ser butoh? o ¿Lo que hago es butoh? ¿Cuál es mi búsqueda? Yo tengo claro cuál es mi camino, pero no sé si este me sigue manteniendo dentro de los parámetros tradicionales del butoh. Lo que me interesa es seguir buscando en vez de quedarme definido en una estética. Ko Murobushi dijo que el butoh ha muerto. Una parte de mí está de acuerdo con él.

Él es un intérprete que debido a su maestría, definió algunas características que conforman lo que podría ser llamado la “estética butoh”, es decir: la cabeza rasurada, el cuerpo pintado de blanco…, la mayoría de los butohkas nos hemos relacionado alguna vez con esa estética.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

– La danza butoh nace desde una herida, desde una brecha profunda que no se puede solucionar con un simple desahogo, o con “soltar lágrimas”.

Hay dos escenarios para hablar de la historia del butoh. El primero de ellos, se puede decir el más romántico, habla del origen del butoh como una reacción a las atrocidades vividas, durante y después de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

El otro, tiene que ver con que la danza japonesa de la postguerra estaba profundamente influenciada por la danza expresionista alemana.

– ¿Te refieres a lo que hacían Mary Wigman o los de la Bauhaus?

Si exacto. Mary Wigman y otras personas estuvieron en el movimiento alemán que llamaron “la danza nueva”. De hecho, Ohno y Hijikata fueron bailarines de ese movimiento.

A Hijikata le veo como la mente maestra, el cuerpo al límite, y a Ohno lo entiendo, como la piel, como una divinidad que danza y se manifiesta a través del movimiento del butoh.

– ¿Entonces son dos caras diferentes de un mismo dado?

Claro, claro. Eran muy complementarios. Ellos hablaban mucho del fondo y la forma. Para Ohno lo primordial era el fond,o y para Hijikata la forma. Y al final, llegaban a lo mismo: darle importancia a las dos cosas porque se retroalimentan.

En la vida de Hijikata, se percibe una manifestación clara y cruda de lo que es el butoh, lo cual remite a su infancia. Él nació en un pueblo de condiciones climáticas extremas y tuvo una vida muy dura. Tras cumplir los 20 años se va a Tokio, donde empieza a vivir en uno de los peores barrios de Tokyo, donde se concentran yonkis y prostitutas, algo parecido al barrio subterráneo de Suburre del Satyricón de Fellini, donde Hijikata se impactó con imágenes que terminarían siendo parte importante de su obra.

– ¿Hay esperanza para un butohka, o mejor ocuparse de lo que nos enfrentamos en el presente, sin esperar que las cosas vayan a mejorar?

La hay pero es muy dura. El contexto que se vive en la India, por ejemplo, está lleno de estímulos constantes y eso te hace necesitar la meditación, valorar el espacio, el silencio.

La comida prefabricada de los supermercados, te hace odiar al mundo. La sandía amarilla en Indonesia, que es cultivada por personas que sólo conocen el sol, la luna y los montes; te hacen pensar que existen formas diversas donde hay esperanza en colores, en situaciones que no sabías que existían.

– Me resulta muy interesante que hayas transitado un largo recorrido, antes de decidir dedicarte de lleno al butoh. ¿Qué hizo que te hayas decantado por esta disciplina de una forma tan focalizada?

La mayor parte de mi formación de butoh fue con Diego Piñón, aunque he tenido muchos otros profesores que recuerdo con cariño. Diego es un maestro mexicano, que fue discípulo de Kazuo Ohno y de su hijo Yoshito Ohno durante varios años.

Tras un tiempo en Japón, Diego Piñón regresó a México y montó una escuela en la cima de una montaña de un pequeño pueblo del estado de Michoacán, uno que es famoso porque se fabrican esferas de navidad. Y allí montó una escuela específica de butoh: “butoh ritual mexicano”, la llamó. Con el tiempo, ha conseguido tener a mucha gente de varias partes del mundo recibiendo sus lecciones de butoh.

Al primer año de estar bajo su enseñanza durante periodos regulares, le dije que me interesaba ahondar en el butoh, que mi cuerpo me pedía profundizar en eso, que me hacía sentir vivo y libre.

Entonces me citó en una casa que tiene en el centro de Ciudad de México, y me sacó una copa llena de semillas de tres tipos diferentes. Me dice que le indique qué tipos de semilla hay en la copa. Al no decírselo perfectamente, me comentó que si yo quería ser director, tenía que saber cuáles semillas había en la copa. También, me dijo que si quería ser intérprete, debería tener claro lo que está sucediendo en este instante con todo mi cuerpo, incluso con el dedo pequeño de mi pie derecho.

Luego me señaló, que si yo tenía varias plantas (la música, el teatro, butoh, la familia, relaciones, etc.), tenía que elegir cuál regar. Y después de eso, me fue muy fácil escoger.

Foto: Juan Antonio Gámez
Foto: Juan Antonio Gámez

 

– ¿Nos comentas sobre el seminario de danza butoh que impartirás en Sevilla a partir del 15 de enero?

Lo que queremos abordar en el seminario es la relación con los cuatro elementos de la Naturaleza. Ello surgió durante este exilio involuntario desencadenado por el coronavirus, que después se convirtió en una experiencia muy interesante de mi vida. Me refiero a mí tiempo en una isla en Indonesia, donde en un principio iba a estar dos meses, y al final terminé estando diez.

La vida allí era estar en la jungla: mis vecinos de arriba eran unos monos. y la gente allí se dedicaba a cultivar arroz o a pescar. El coronavirus no les hizo nada, seguían como si nada: claro, al cerrarse todo, ya no había turistas nuevos: éramos una comunidad como de treinta turistas. La gente creía que iban a haber saqueos, porque los locales no tendrían los ingresos extras que les suponen las visitas de los turistas.

– Claro, es un país muy focalizado al turismo.

¡Pero no pasó nada! Esta experiencia reafirmó mi decisión de vivir cercano a la naturaleza, como pasó con el desarrollo de la pieza Kodama, que nació a través de un encuentro con un sauce llorón que vive en el río Majaceite. Y mi butoh se mueve por ahí.

– De todas formas, si hablas del ser humano la naturaleza está a un paso, tras sobrepasar la piel, ¿no?

Si, es verdad. Yo tomé la decisión de estar más tiempo en la naturaleza para nutrirme de ella. Paso mucho tiempo viendo los árboles por ejemplo, los dibujo, imito con mi cuerpo sus cadencias…

Entiendo que tienes muchos recursos para ello.

Me gusta estar frente a un árbol que tiene formas totalmente caprichosas: Empiezo a ver sus ramificaciones, entro en ello, y mi cuerpo va…, al tiempo me digo, ¿qué es esto? Es la naturaleza expresándose de formas súper extrañas.

La escisión del ser humano con la naturaleza está ligada a la canalización de los ríos, que es también el evento que marca el inicio de la agricultura. Luego los grupos nómadas se asentaron, dando paso a la propiedad privada, la forma de vida colectiva propia de los cazadores-recolectores se terminó. A continuación se creó la mayor escisión, entre el ser humano y la naturaleza.

Uno de los objetivos del seminario, es aproximarnos a aliviar esa escisión para reencontrarnos con ese vínculo con “lo natural”. Lo cual te provee de otros ritmos, de otra escucha, de otra respiración del momento presente.

Al mismo tiempo, esto tiene que ver con escuchar tus instintos, tomar tus propias decisiones. Lo que ofrecemos está más involucrado con lo humano que con lo escénico. Sin embargo, hay tres meses repartidos en tres fines de semana de curso intensivo, para que toda esa experiencia tenga una proyección hacia la escena.

– ¿Habrá un trabajo personalizado para guiar a cada uno de los alumnos, no?

Sí, porque además de los fines de semana intensivos, habrá sesiones individuales con cada uno. De esta manera, le daremos espacio a la creación de una “danza ritual personal”: estaré al servicio de todos, para que cada uno haga un solo de 15 ó 20 minutos. Pero esta danza, no es una coreografía que se ha de aprender: el trabajo que hago ayuda a que la gente se refleje a sí misma. Yo les potencio.

Sin olvidar, que con el seminario trataré de acercar a los alumnos al movimiento ondulatorio. Estamos acostumbrados al movimiento lineal, del salgo de aquí (punto a) y voy para allá (punto b).

– ¿Hay algo que te gustaría añadir?

Con lo que está pasando por la pandemia mundial, a mí me ha quedado claro desde el principio, que estamos en un tiempo de profunda escucha, un tiempo de abrir espacios de respiración orgánica, de atender lo insonoro.

Mantenernos claros en lo que creemos y amamos…, estos tiempos nos exigen claridad. En fin, esta es mi trinchera: la que propongo y comparto con los demás. Este es mi arte.

 

Comparte este contenido

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *