ACHTUNG!, arte, artes | letras, carrusel, danza, escena — 23 noviembre, 2019 at 1:10

Janet Novás y Mercedes Peón, nos ofrecen una síntesis vigorosa de danza y música.

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Janet Novás y Mercedes Peón con Mercedes Máis Eu, llena de más pátina la sala B del Teatro Central (Sevilla), y un recuerdo invaluable en la memoria de los espectadores.  

 Es un auténtico lujo que estas dos intérpretes hayan decidido compartir el producto de su investigación, una investigación que como ellas dijeron en una oportunidad, se lleva desarrollando desde que se conocieron: les estoy hablando que el público asiste a un trabajo que sigue vivo, que derrocha fecundidad creativa. No vale la pena detenerse en diferenciar las virtudes musicales de Mercedes Peón (quien es reconocida no sólo como de las mayores conocedoras de la música tradicional gallega, sino que además, como creadora contemporánea, que sigue dicha herencia), o la desgarradora presencia escénica que tiene Janet Novás (bailarina gallega de danza contemporánea, que sin duda es de los primeros nombres que nos sale cuando nos ponemos a enumerar  a diferentes miembros de la escena gallega); más bien, invito a que nos focalicemos a considerar su trabajo como algo que sale desde lo más profundo de sus entrañas, como algo que mantiene latente su legado como gallegas, llevándonos a un viaje por el presente, y un bagaje cultural que se encuentra en ambas, un modo más de ser actual.

Por si les queda alguna duda no soy gallego, lo cual indica que se me han escapado muchas referencias de su folklore, como también, puede que asocie muchas de sus manifestaciones a la ya mencionada herencia. No obstante, también estamos hablando de dos intérpretes que se juntaron porque sintieron que debían ir más lejos, seguir jugando mientras iban configurando un espacio que ellas solas habitan, y nosotros los espectadores, tan sólo tenemos a nuestro alcance verlas en el escenario. Estamos ante un diálogo que no se detiene, que como mucho se queda en puntos suspensivos, hasta el siguiente ensayo, representación, o quizás otro momento de recreo entre ellas.

He allí que me aventure a defender que somos unos privilegiados por presenciar esta prolongación de su amistad en lo artístico y personal. Se entienden a la perfección, pueden conducir la pieza a donde ellas deseen: si es que en una oportunidad la misma Mercedes Peón declaraba, que emite mensajes con su música, y Janet Novás los amplifica. Es más, diría que la una y la otra se traducen mutuamente: aunque bien es cierto que es complejo sacar un contenido semántico de ello (y la verdad, que llega un punto que resulta ser secundario), el hecho es que su sincronía se conserva durante toda la pieza.

Y estamos hablando de una pieza, que probablemente se estructura con unas cuantas pautas y orden, de resto, ellas dejan que suceda, se entregan a que suceda lo que está por suceder: confían en lo que están haciendo, mientras se sigue la una con la otra; lo cual incluso, les ha permitido crecer más como profesionales en sus respectivas disciplinas.

Nos presentan un espacio escénico diáfano, el que está lo imprescindible y lo suficiente, para no cuartar las necesidades que puedan surgir en medio de la representación. Asimismo, cosas que corresponden a decisiones a abordar temas que nos aproximan en declaraciones en voz alta (apropiación cultural, género, entre otros), o en forma de alegorías escenificadas. Lo cual nos confirma, que aunque den un amplio espacio a la libertad interpretativa de ambas, ellas tienen claro lo que nos quieren mostrar, saben el por qué, el cómo y el qué están haciendo; hecho que da muestra de lo maduras que son, como intérpretes contemporáneas de sus respectivas disciplinas.

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