ACHTUNG!, arte, carrusel, escena, teatro — 1 noviembre, 2021 at 23:32

Ingovernables de Atirohecho relata una dura realidad difícil de gestionar

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Se representó Ingovernables en el Teatro TNT (Sevilla), de la mano de Atirohecho. Se trata del trabajo que cerró el Festival MITIN, que se ha estado desarrollando a lo largo del mes de octubre del presente año.

Ingovernables de los valencianos Atirohecho, es un trabajo que nace de las entrañas de la militancia política. Una militancia que bebe de la lucha contra los desahucios, la especulación urbanística, gentrificación de los barrios populares,  movimientos sociales como lo fue el 15m en mayo de 2011, el movimiento okupa, entre otros tantos. Así, a los que residimos en España cuanto menos nos resultan familiares sus reivindicaciones, o quizás con mala suerte, hemos sufrido en mayor o menor medida, las consecuencias de las cosas que en esta obra de teatro contemporáneo se denuncian.

De esta forma los días 31 de octubre y 1 de noviembre se llevo al escenario del Teatro TNT, una pieza que puede ser sospechosa de demagógica, panfleto populista de izquierdas y demás cosas por el estilo. Pero lo anterior,  lo diría quien se afanaría en desacreditar el contenido de fondo, que hay  detrás de un trabajo hecho con mucha inteligencia y madurez. Sí madurez, porque se puede ser maduro mientras se anda un camino militante de izquierdas, porque aunque con el tiempo ciertas acciones y reflexiones se emitirían de otra manera a cómo unos las planteó hace unos años, es un hecho  que quien no se rinde no cesa de trabajar por la lucha del bien común.

Foto: David Ruiz
Foto: David Ruiz

 

Por si les queda alguna duda, en este texto no me voy a dedicar a defender o en entrar en discusiones sobre los contenidos de Ingovernables; sino más bien creo más edificante, centrarme en el qué supone hacer una obra tan frontal, y que no nace de un “juego de un puñado de jóvenes ricos que quieren jugar a hacer la revolución en su barrio”. Digo esto porque  durante la obra ellos van “dejando rastro”, de que en cada una de las cosas que hacen alusión y homenajean, hay una mezcla entre conservar la memoria histórica de todas esas luchas a la cuales se siente herederos, y repensar el cómo gestionar todos esos aprendizajes en las luchas que todavía no han acabado y las que están por venir.

Aunque desparpajo y picaresca no les falta a estos intérpretes, les aseguro que ellos no presumen de tener todas las respuestas para contener y revertir, los desbordantes efectos de lo que denuncian. O dicho de otra manera: los que integran al equipo de Atirohecho han ido aprendiendo todo lo que saben militando, hablando con otros compañeros, formándose en disciplinas enmarcadas en las ciencias sociales. Pues, a nadie en este mundo se le forma para aportar lo que sea que se tenga en los movimientos sociales, más bien se nos induce a que si queremos cambiar algo, como mucho, tenemos margen a cierto “reformismo” tomando como sagradas e inamovibles, las reglas de juego que en numerosas ocasiones su nacimiento vino de situaciones arbitrarias que se sostienen por estar viviendo en una sociedad en la que los Derechos Humanos, son una cosa que todavía está reconocida en la escala formal, más no se aplica en casi ninguna parte del mundo.

Es posible que salga quien les acuse de radicales y de seres que sólo se mueven por las emociones, pero se les ha de reconocer que han sabido canalizar todas esas ganas de cambiar las cosas, en un trabajo que procura visualizar una realidad que es tan brutal y extrema, que de no hacer pedagogía como ellos la hacen, esas cosas seguirán pasando por “normales”. Todo ello como síntoma de que esto es una carrera de fondo que ni ellos mismos llegarán en vida a ver el final, pero si a sumarse cuando consideren qué es su momento.

Foto: David Ruiz
Foto: David Ruiz

 

He allí que me decante por decir, que esta pieza se entendería mejor si uno ha estado participando de una manera u otra en algún movimiento social, porque en Ingovernables hay hasta un lenguaje especifico, que los profanos no sabrían identificar las repercusiones de lo que se está haciendo, con ciertas consignas o acciones. Por ejemplo: cuando se habla de hacer una concentración para protestar por la adquisición de un “fondo buitre” de un bloque de pisos que fueron otorgados a vecinos de un barrio popular, en calidad de “pisos de protección oficial”. Aquí no es tanto impedir que se consiga echar a esos especuladores con una concentración y ya (porque lo más probable que habrá un grupo de personas que ya se habrán encargado de emprender las correspondientes acciones legales para denunciarlo); sino más bien, hacer una intervención simbólica donde se demuestre que hay parte de la población de la ciudad que las tendrán en medio de su camino. Y al mismo tiempo, se visibiliza ante los vecinos de la ciudad en cuestión, que estas cosas no pasan por generación espontánea, sino tras una labor calculada por un grupo de especuladores que hacen malabares con la legislación vigente, y puede que alguna que otra artimaña.

Insisto, aquí no se trata de estar más o menos de acuerdo con las consignas y contenidos de lo que se plantea en Ingovernables (eso lo dejo para el foro interno de cada uno de ustedes), lo que en realidad quiero trasmitirles es que pensemos el porqué los militantes de estas luchas se ven como “locos que ven el fin cerca”, y parece que nunca era para tanto. Si “jugamos” a ridiculizarlos, lo que estamos haciendo es justificar cualquier acción que está atentando contra los espacios de lo público, que aún quedan disponibles (sea que se pueden localizar a nivel geográfico o de manera abstracta, acogiendo a nuestra tradición política de nuestras sociedades occidentales). Sin apenas plantear al foro público, o quizás a estas personas que forman parte de los movimientos sociales, alternativas para que todo lo que se haga sea de forma equilibrada, respondiendo a valores como los contemplados en los Derechos Humanos. Y justo de eso se trata estar politizado, no de que este u el otro “es un loco un comunista que quiere montar un soviet en el barrio”. Es decir: hasta las personas que son herederas de la tradición demócrata-cristiana europea están profundamente politizadas, pero se usa ese calificativo para desacreditar cualquier postura que se resista, a que se sigan diluyendo los espacios de lo público.

En lo que respecta a la puesta en escena de ingovernables, diría que es un trabajo en el que se le sacó el máximo partido de los recursos que disponían. Aunque hay alguna que otra partitura de movimiento que en su ejecución, me resultaron torpes o descuidadas, el hecho es que salieron a escena un grupo de profesionales a dejarse la piel con pasión y mucho amor a lo que estaban haciendo. Personas que son lo suficientemente inteligentes para saber que las repercusiones de esta obra, no tendrá resultados materiales a corto y medio plazo, pero haberlo materializado de una forma tan gráfica, complementa las posibilidades de las demandas que ellos defienden.

Foto: David Ruiz
Foto: David Ruiz

 

Por eso se vieron imágenes hechas con mucho ingenio y sentido de la estética, o qué decir de los enlaces entre escena y escena ¡Fue magistral! Los intérpretes de Atirohecho en este aspecto, tienen mucha escuela en artes escénicas, porque Ingovernables es de esos trabajos en los que yo digo que los intérpretes hacen parecer al espacio escénico, un lugar sin medidas cuantificables. Es decir: ellos se las arreglaban para que la escenografía fuera al mismo ritmo que lo que se estaba diciendo en el texto, y que conste que les estoy hablando de una obra en la que los “escenarios” eran incontables.

Ingovernables es el producto de un trabajo colectivo, en el que cada uno de sus integrantes supieron dar lo mejor de sí para que lo que se viera en el escenario es un nosotros. Mientras tanto, el estar en medio del proceso creativo y el llevarlo de en teatro a teatro, ellos seguían ampliando sus reflexiones y conocimientos sobre las luchas en las que están implicados.

 

 

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