ACHTUNG!, arte, carrusel, entrevistas, escena, opinión, teatro, tendencias — 20 noviembre, 2020 at 2:12

Nos vamos a volver locos en casa, nuestra alma necesita trabajar

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Es que nos vamos a volver locos en casa, nuestra alma necesita trabajar. Así de tajante se mostró en esta entrevista, Daniel Domenech (en calidad de uno de los portavoces de MUTE Sevilla, y como actor profesional), quien ha sido testigo de cómo se ha alcanzado un estado crítico,  el sector de los eventos culturales en España.

El pasado 12 de noviembre estuvimos en el Teatro Távora (Sevilla), haciendo una entrevista a cuatro integrantes de la plataforma MUTE Sevilla (Movimiento Unificado de Trabajadores de Eventos). El lugar para llevarla a cabo ha sido más que ideal, esto es: nos emplazamos en el escenario de dicho teatro, lugar que debería, fundamentalmente, usarse para que suceda la “magia” de las artes escénicas (la cual le curte de pátina, a un espacio que aparentemente está vacío). Sin embargo, nos reunimos para hablar sobre la moribunda situación en la que está el sector de los eventos culturales en España, desde hace mucho.

Daniel Domenech. Foto: Juan Antonio Gámez
Daniel Domenech. Foto: Juan Antonio Gámez

 

MUTE es una plataforma que al menos desde el mes de agosto, se ha hecho latente en las redes sociales, visualizando el agravamiento que está sufriendo el sector de los eventos culturales en España, una vez que llegó el virus COVID-19 en dicho territorio. Sin embargo, lo que hizo que sus movimientos saliesen incluso en televisión, fueron las manifestaciones del pasado 17 de septiembre, bajo el paraguas de ALERTA ROJA en las más de veinte localidades de España, de manera coordinada…, tanto fue así: que la estética, la hora de salida y lectura del manifiesto, entre otras tantas cosas; hicieron que pareciese una única manifestación que recorría todo el país. Lo que les llevó, a ganar el Premio Ondas de 2020 concedido por el grupo Prisa, por ser considerado el “fenómeno musical del año” a ALERTA ROJA.  Sin embargo su objetivo, es reclamar la materialización, de una vez por todas, de las demandas de un sector que por sí solo representa entre el 3,2 y 3,7 % del PIB, lo cual también se traduce, en la estimable cifra de 700 000/800 000 profesionales de los eventos culturales en España.

Lo cierto es que  los “gestos” del Gobierno Central, de los diferentes gobiernos autonómicos, o municipales, les resultan insuficientes, o incluso algunos, una tomadura de pelo. El caso es que el paso de estos últimos meses, ha sido hasta agónico para muchos de estos profesionales, que en numerosos casos no han podido trabajar desde febrero, poniendo en alto riesgo la dignidad de sus vidas y sus familias. Esto y mucho más, se irá abordando en las dos partes que componen esta entrevista, citando los fecundos momentos que nos ofreció la misma, que fue a: Ana Sosa (técnica de luz y sonido), Daniel Domenech (actor), Ana Real (cantaora flamenca) y José Luis Palomino (técnico de “todo” –así nos indicó que es su profesión- y miembro de los componen la cooperativa, que sustenta al Teatro Távora).

¿Cuándo fue la última vez que se dio esta situación: de unión de personas que componen los diferentes ámbitos, del sector de los eventos culturales?

Ana Sosa: Cada vez que acabamos alguna obra o concierto, nos reuníamos varias personas de los distintos gremios: fuera no nos teníamos que reunir para nada (salvo a nivel de amistad), para reivindicar nuestros derechos.

De la crisis del 2008, el sector no se ha recuperado todavía…

Daniel Domenech: En esa crisis hubo cooperativas que caímos, de hecho hace dos años tuvimos una reunión de compañías, y de la misma ya habían pasado diez años de dicha crisis, y no habíamos levantado cabeza. Porque en aquél momento, caímos como sector prescindible de una manera totalmente aplastante. Y poco a poco, estamos buscando nuestro sitio.

Ana Sosa. Foto: Juan Antonio Gámez
Ana Sosa. Foto: Juan Antonio Gámez

 

Tras ese trabajo que hicimos desde el 2008, se ha notado que habíamos intentado crear algo de redes, que ha desembocado en esta explosión.

Contadme cómo se fue configurando este movimiento.

Ana Sosa: Todo empezó por un movimiento que nació en Reino Unido llamado “We make events”. Vimos que estas movilizaciones se hacían en varios países, y yo personalmente, vi que en Alicante se empezó a formar un movimiento con esa misma estética.

Al tiempo, se unieron ciudades como Almería, Madrid…, y decidí crear un grupo de facebook para organizarnos en Sevilla, en coordinación con el resto de ciudades.

En un par de días ya teníamos diez ciudades organizadas: cada minuto que pasaba se unían 100 personas a la página, y en pocos días éramos 4000. También salieron las asociaciones de técnicos, actores, músicos…, diciéndonos que estaban preparando una salida para finales de septiembre, y nosotros lo teníamos previsto para finales de agosto. 

A continuación, acordamos, que MUTE y las asociaciones nos aglutinaríamos detrás de de la etiqueta “alerta roja”. Finalmente, decidimos convocar la manifestación para el 17 de septiembre.

Nos presentamos en cada subdelegación de cada ciudad que íbamos a salir, con un representante de MUTE y de una asociación. Porque si uno firma a título personal, y pasa cualquier cosa, la pagas tú: en Sevilla firmé yo.

Tuvimos seguro de responsabilidad civil que cubriría cualquier destrozo: tómese en cuenta que en aquél momento, llevábamos más de seis meses sin trabajar, a alguien se le podía ir la cabeza, pero al final no.

Nos coordinamos todos los sectores del mundo de los eventos culturales, y salimos todos a la misma hora, misma formación, mismo vestuario, con una concentración final, para leer el manifiesto a la misma hora en todas las ciudades a la vez. Esto se retrasmitió por streaming en cada una de las ciudades, con la idea de que fuera una única manifestación.

(…)

Daniel Domenech: El 17 de septiembre demostramos que podemos trabajar de forma segura, y ello fue un simulacro de un evento cultural en plena calle ¡Le pusimos puertas al Parque María Luisa! (parque de la ciudad de Sevilla). Y los policías se nos acercaron a Ana (se refiere a Ana Sosa) y a mí, para felicitarnos: diciéndonos que no se podían creer cómo es posible que pusimos” puertas” a la calle.

¡Nosotros somos profesionales! Cuando vas al teatro estás en manos de profesionales, por lo cual sabes que esos profesionales van a velar por tu seguridad. Y una garantía de ello, es que si no lo hacen así, ellos no comen.

(…) La manifestación tuvo 0,0 de presupuesto: donde se hicieron fotos, grabaciones, carga y descarga de camiones, etc.…, eso significa que todos dimos todo.

Ana Sosa: Éramos sólo 30 personas para la seguridad, para atender lo que fuera.

Daniel Domenech: Las fuerzas de seguridad se solidarizaron con nosotros, nos reconocieron el derecho que tenernos de trabajar, porque  “¡sois unos profesionales!”

(…) Yo antes de estas manifestaciones no conocía a ninguno de los que están aquí.

Ana Sosa: Yo tampoco, y llevo en esto desde los 16 años.

Ana Real: Y yo llevo cantando desde los 11.

Ana Sosa: Fue muy llamativo ese día, porque teníamos la necesidad de aplausos. Y el llegar a Plaza España (sitio donde se realizó la concentración final de la manifestación del 17 de septiembre) a todos los compañeros se les recibió con aplausos que duraron unos 15 minutos. 

Daniel Domenech: Daba igual si el que tenías al lado es quien se cuelga a poner los focos de algún teatro, esa persona es tu compañero: es tu igual.

José Luis Palomino: En un momento determinado, hubo reconciliaciones a pesar de que uno pensase :”¿qué haces aquí, si eres un hijo de puta?” Se empezaba a hablar de otra manera.

Es que hasta el lenguaje corporal de la policía en esa manifestación, era diferente para que el forman: estaban relajados.

El pasado 22 de octubre en la redes sociales de MUTE Ibérica, se publicó un manifiesto en el que se convocaban a las diferentes profesionales residentes en numerosas ciudades, para constituir le movimiento en cada una de ellas.

Ana Sosa: Se convocaron a las ciudades desde MUTE, para el momento en el que volvamos a salir, que va a ser pronto. Así, se iría distribuyendo el trabajo de organización y difusión. Por tanto, necesitamos un departamento de portavocía, la secretaría…, tienen que ser al menos cinco, para poder constituir una ciudad.

¿Qué diferencias podríais remarcar, para no ver a MUTE como un sindicato? Dado que estamos hablando de personas que se organizan con el objetivo de mejorar las condiciones materiales de sus respectivos trabajos, incluso, con la idea de refundar el cómo funciona el sector de los eventos culturales de este país.

Ana Sosa: Entendemos que ya hay muchas asociaciones y sindicatos, como para ser uno más.

Yo esto lo he visto siempre como un “ejército”, un ejército de todo un sector, para estar para quien lo necesite en piña.

Daniel Domenech: El alma de MUTE no está en los despachos, está en la calle. El nombre MUTE significa para los técnicos, que nos han dejado callados.

Esto no es un movimiento burocrático, sino uno mueve personas.  Muchos de los que lo componemos, nos hemos autoempleado.

José Luis Palomino: Yo esto lo comparo con lo que fue el movimiento 15M, y lo que actualmente es el partido Podemos. El último, ha perdido todo el espíritu de lo que era.

Ana Sosa: Desde el equipo estatal de MUTE se propuso hacernos una “asociación fantasma”, para tener un CIF. De esta manera, quien firme para alguna salida, podría ser apoyado por una asociación.

Y a partir de aquí, si pasa algo, se pueden recoger donaciones, una campaña de merchandising para recaudar fondos, con la idea de pagar una multa o lo que fuere.

José Luis Palomino. Foto: Juan Antonio Gámez
José Luis Palomino. Foto: Juan Antonio Gámez

 

El pasado 4 de abril se estuvo moviendo en la redes un documento firmado por 33 asociaciones involucradas con las artes escénicas, llamado “52 medidas extraordinarias para afrontar las consecuencias de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 en el sector de las artes escénicas y la música”. Representantes de las asociaciones firmantes, consiguieron reunirse el pasado 17 de abril con el Ministro de Cultura y Deporte, Rodríguez Uribes, y la Ministra de Hacienda, María Jesús Montero. La misma se desarrolló de manera telemática durante seis horas, distribuyendo los temas por bloques.

¿Ustedes se sienten de alguna manera herederos de dicho documento, o tenéis alguna relación con el mismo?

Ana Sosa: No. Ni en ese documento, ni en la reuniones que han salido de ese 17 de abril.

Aunque se hayan reunido con esos ministerios, seguimos en peor situación.

Entonces ¿MUTE nace desde la necesidad de hacer algo, al ver que no han funcionado las cosas que han hecho el Gobierno Central y las asociaciones?

Ana Sosa: Más por el gobierno, dado que las asociaciones siguen peleando desde hace años, y consiguen lo que les dejan.

Lo primero, es la reactivación de los agentes culturales públicos, y sin necesidad de ningún sindicato. Pedimos la aplicación de los 14 puntos que beneficiarían a las empresas y a los profesionales del sector.

Es que tenemos tanto que hacer. Todo se ha visto agravado con la llegada de la COVID-19, más adelante, nos volcaremos para un estatuto para técnicos y artistas, para estabilizar al sector.

José Luis Palomino: Claro, ya no se trata de salvar la cultura, ahora estamos hablando de familias que necesitan comer.

(…)

Daniel Domenech: Lo urgente es que hemos de trabajar. El 80% de los que estábamos en la manifestación del 17 de septiembre, reivindicaba que la última opción fuera recibir una ayuda.

Es que nos vamos a volver locos en casa: es que nuestra alma necesita trabajar. Y es una obligación de cara a la sociedad, porque sabemos que la misma ha sobrevivido gracias a la cultura: posiblemente, los suicidios hubieran sido masivos.

Muchos actores, músicos…, bromeábamos a finales de marzo diciendo: “ahora nos aplaudís, pero en agosto, septiembre, octubre…, nos vamos estar muriendo de hambre, que lo sepáis”.

¿Qué alcancen le dan ustedes a este movimiento, en cuanto se acabe su “momento revolucionario”?¿Sobrevivirá a una transición que lo aboque a institucionalizarse?

Ana Sosa: Esto se quedará como un espacio de debate, para hablar sobre las circunstancias que se den después de un año o dos: después de que se acabe todo esto.

Daniel Domenech: La incomunicación es un arma del poder. Por ejemplo, Ana Sosa estará este fin de semana en el congreso que ha convocado la GECA (se refiere a la Asociación de Gestores Culturales de Andalucía), para el rescate del sector cultural. Este evento se lleva organizando desde marzo.

En éste estarán grandes gestores culturales y funcionarios de toda Andalucía, y se le ha hecho un hueco a Ana: ellos se dieron cuenta que MUTE es importante.

El pasado 28 de octubre en el diario “El País”, se publicó una lista de partidas que estarían destinadas al apartado de cultura, según los Presupuestos Generales del Estado que se están negociando para el año 2021. Yo voy a nombrarles tres: 15, 99 millones de euros con el fin de digitalizar y modernizar los medios para la cultura. 27, 3 Millones de euros en promoción cultural. Y 52, 09 millones de euros en teatros. El Gobierno Central insiste que en todas las partidas habrá un aumento con respecto a los presupuestos anteriores ¿Realmente estos aumentos se notarán, o no?

Ana Sosa: Si se dividiese eso entre todos los teatros que hay en España, daría una cifra bastante ridícula.

José Luis Palomino: Desde nuestra experiencia en la gestión del Teatro Távora, esto no nos está suponiendo nada, dado que estamos trabajando sin la ayuda de la administración. Esta cooperativa surgió porque este teatro iba a desaparecer: habían tres técnicos que no querían que este teatro se subastase por partes. Esta cooperativa trabaja con la mano de obra disponible con el fin de sacar la sala adelante, de momento.

En 2013 se propulsó la plataforma “Salvar al Teatro Távora”, luego en 2016 estuvimos programando sin papeles, sin autorizaciones…, se hacía cada semana una pieza de danza, de teatro y un concierto (los viernes, sábados y domingos); con tres técnicos. Venía gente o no.

Poco a poco ese mismo año, nos hicimos cooperativa: que fue la única manera que encontramos para que esto siga adelante: ninguna empresa te va a dar lo que tú quieres, ni ningún obrero le va a dar lo que el empresario pretende. Pero como nosotros somos nuestros propios gestores, sabemos lo que tenemos que hacer.

Hay que reconocer que hemos recibido una subvención de 15 000 euros por lo del COVID-19, que para nosotros ha sido una bendición ¡15 000 asquerosos euros!

Hemos hecho una programación de un año entero, y por ahora llevamos tres llenos. Pero ahora que han confinado la provincia, habrán menos llenos.  

(Se refiere a las restricciones que han activado desde el Gobierno de la Junta de Andalucía desde que se anunció, el pasado 4 de noviembre. Donde la gente no puede salir de su municipio, ni de su provincia (salvo algunas excepciones), hay un toque de queda de estar en la calle hasta las diez de la noche, las actividades calificadas como “no esenciales” –en la que no está incluido ir al teatro, al cine, o los conciertos-, han de finalizar a las seis de la tarde, entre otras cosas).

Ana Real. Foto: Juan Antonio Gámez
Ana Real. Foto: Juan Antonio Gámez

 

Aquí en Sevilla, hay salas que tienen una subvención de unos 180 000 euros, eso una, otra de 80 000 euros, y otra de 90 000 euros. Ello se ha dado porque han habido una serie de “convenios extraoficiales”, que facilitaban ese tipo de ayudas a algunas salas.

Cuando yo recibí la invitación de MUTE, partí de la idea que las manifestaciones no sirven para nada: es un herramienta más que tiene el sistema, para que nosotros nos demos un poco de “alegría”. Sin embargo, vi que lo que estaban haciendo ellos era necesario, y han sacado a la luz un montón de mierda. Favoreciendo a que la gente no sólo se dé cuenta que la situación es precaria, sino que además, es colectiva.

(…) Yo creo mucho en la desobediencia, porque ante una norma injusta la desobediencia es una opción, eso es el principio de la utopía.

Yo soy activista de la desobediencia, incluso en uno de los discursitos que hemos dado aquí, llegué a decir que esta sala no iba a cumplir con las restricciones de horarios, pero mis compañeros me dijeron que no.

Entonces ¿Ustedes están programando a las cuatro de la tarde y a las doce del mediodía, como otras salas?

José Luis Palomino: A las cuatro de la tarde, un viernes ¿Quién viene? Por eso sólo tiramos de sábado y domingo, es más, los cambios de horarios de ciertas salas son posibles, porque tienen una subvención, y les da igual el ingreso en taquilla: nosotros vivimos de los ingresos en taquilla.

Abrirla sala diariamente nos cuesta 450 euros, eso multiplícalo por los días que se abre la sala.

Parece que la “otra opción” es cerrar.

José Luis Palomino: Pero allí no te están “cerrando ellos”, estás cerrando tú: no hay ayudas.

Ana Sosa: Parece que es algo personal contra la cultura.

Daniel Domenech: Tienden a buscar que nos enfrentemos entre nosotros, mediante el agravio comparativo.

Por ejemplo, la hostelería tiene que cerrar a las seis de la tarde, pero puede estar abierta desde las siete de la mañana. Para nosotros, cerrar un teatro a las seis de la tarde, nos lleva a un cierre, a no a una “prohibición”: así demuestran que les importa muy poco nuestro sector.

José Luis Palomino: En una actividad en la que no se habla, salvo los actores: quienes están en un espacio acotado por una distancia de unos diez o quince metros de las butacas. Además, todos los que componen el público llevan mascarillas.

Según parece los legisladores no se lo plantean así: con los aviones, los trenes, los autobuses…, éstos pueden estar llenos mientras sus usuarios lleven sus mascarillas, o usen  los geles hidroalcohólicos ¿Acaso las butacas de un teatro, no están dispuestas a una distancia similar a la de los asientos de una avión?

José Luis Palomino: Ese es el ninguneo. Les da igual nuestro criterio, sobretodo manteniendo la máxima, con la que sueña cualquier gobierno: mantener al pueblo ignorante.

Ana Sosa: Hace poco se declaró a la cultura como un “bien esencial”, y nos pusimos muy contentos, pero claro, no es “actividad esencial”. En ese ligero cambio, es donde nos la han vuelto a jugar ¡Esto no es sostenible!

José Luis Palomino: Entiendo que si hay un virus, haya un confinamiento, haya miedo: tal y como sucedió en marzo. Pero ahora, me imagino que se conoce más con el paso del tiempo. Lo que  no hay, es una base crítica.

 

El teatro va a seguir existiendo porque es una necesidad

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