El valor de lo insignificante

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Todo empezó en un remoto país, veíamos lo que sucedía desde la seguridad y la calma que te da la distancia, el estar lejos de un problema, situación incluso por que no de alguna que otra emoción te hace creer que las cosas o situaciones tienen menos importancia, nada va contigo ni contra ti, el problema lo tienen otros no tú, entonces te sientes a salvo, seguro, desde el otro lado de la pantalla sentado en tú cómodo sofá y con tú zona de confort a buen recaudo.

Así pasamos una temporada, compadeciéndonos, de los pobres asiáticos, esos millones de personas que veía como mermaba de una manera estrepitosa su población. Caen como chinches decíamos. Ciudades cerradas a cal y canto, ciudadanos confinados. ¡Serán exagerados estos chinos!. Pero de repente la moneda gira, ya no tienes en tú mano esa maravillosa moneda de cara, ahora tienes el reverso, te toca cruz. Pobres europeos ilusos, debieron de pensar entonces en China, un país con una mente creada para obedecer y acatar normas, al que salir de la pandemia desatada por el conocido como Covid19 les estaba costando meses, o eso creíamos entonces que estaban saliendo, a día de hoy todavía no las tienen todas con ellos.

Foto: Kian Zhang
Foto: Kian Zhang

 

Nosotros seguimos observando con poco interés. El covid19 no es más que una gripe nos decían y como buenos borregos que somos, creíamos todo lo que nos estaban contando, además era más fácil pensar que era una gripe especial a entender que era algo tan grande cómo para hacer tambalearse toda la estabilidad mundial en unos pocos meses. Mientras se nos acercaba la tragedia, hacíamos caso omiso a cualquier advertencia, el virus está en China, eso queda bastante lejos, a muchísimos kilómetros, ¿para que preocuparse?.

En el mes de marzo los primeros casos llegan a Europa, pero aún así la cosa no parecía ser tan preocupante como para poner a toda la humanidad nerviosa, a pesar de las advertencias hechas ya por médicos y científicos chinos. El covid19 estaba en Italia, pero seguíamos pensando que este virus pasaría de largo como cualquier virus estacional. Programábamos nuestro verano, nuestras vacaciones, que si un crucero, que si Londres o tal vez Nueva York, no lo teníamos muy claro, pero ahí estaba la vida para aclarar cualquier duda que pudiésemos tener. Este verano no habrá vacaciones, tenéis cosas más importantes de las que ocuparos, nos dijo.

A mediados de marzo el covid19, un virus con un ansia enorme de destrucción y muerte llega a España, quizá llegó antes, pero no nos habían presentado aún. Recuerdo el último viernes de nuestra anterior realidad, estar en una terraza atestada de gente, tomándome unas cervezas con unas amigas, el virus estaba aquí, pero pobre de nosotros que seguíamos con nuestra idea de que iba a ser como una gripe, tal vez un poco más agresiva, afectaría sobre todo a los típicos grupos de riesgo, la tercera edad, enfermos crónicos y poco más.

Foto: Kelly Sikkema
Foto: Kelly Sikkema

 

Aquel domingo de marzo, mientras oía al presidente del gobierno , notaba como la sangre se helaba en mis venas, el aire cada vez me oprimía más el pecho, no daba crédito. ¿De verdad tenemos un problema?, ¿Pero esto no era una gripe más?. Mi vida como la de todos cambió radicalmente a partir de ese día, había que aprender a vivir de otra forma, trabajar de otra manera, los que pudiesen o debiesen seguir trabajando, claro.

Los niños y jóvenes que aquel viernes habían llegado de colegios, institutos o universidades, no sabían, que el lunes no volverían a clase, que no verían a sus amigos en una larga temporada, y que las clases tal y como las conocían, ahora, en estos momentos no eran viables. Cómo asimilar todos estos cambios y normas en tan solo veinticuatro horas, difícil, pero el ser humano al final acaba por adaptarse hasta a la circunstancia más adversa.

La humanidad a lo largo de la historia ha superado muchas pandemias, que en ocasiones incluso han llegado a transformar o al menos en parte a la sociedades que las sufrieron . Las más famosas como la viruela, la mal llamada gripe española, ya que el primer caso se registró en un hospital de Estados Unidos, pero como casi siempre nos toca bailar con la más fea púes le pusieron a la gripe el nombre de nuestro querido país, o la peste negra, esta última sobre todo ha dado temario para rato, a escritores y guionistas de cine.

Foto: Max Bender
Foto: Max Bender

 

Esta guerra, a la que ya algunos han bautizado como la Tercera Guerra Mundial , o tercera gran guerra la vamos a ganar, sin duda, como antes hicimos con cada pandemia que vino para alterar el ritmo de nuestras vidas. Si los científicos no encuentran una vacuna, que erradique al dichoso coronavirus, al menos encontraran la forma de pararle los pies a ese bichejo. Necesitaremos tiempo, quizá mucho, todavía no lo sabemos, pero deberíamos utilizar el tiempo que nos queda en la sala de espera, para aprender. Aprender sobre todo a valorar, aprender que si actuamos juntos como un gran equipo, todo esto acabará mucho antes de lo que pensamos, que si acatamos todos las normas y lo hacemos a la vez , podremos abrazar a nuestros amigos, y familiares, antes de lo esperado, para ello necesitamos algo de conciencia social, que al parecer no la tenemos muy implantada en nuestro cerebro.

Nuestros looks ahora tienen nuevos complementos, mascarillas y guantes, pero no de lana para el frío, si no de látex, vinilo o cualquier otro material con los que se fabrican estos productos de higiene, por respeto y cuidado no solo de nosotros mismos si no de todas las demás personas que nos rodean, no está mal que cuando salgamos de casa los llevemos puestos. Mis complementos en nuestra antigua normalidad, eran pendientes, anillos, y un par de pulseras en la mano derecha. Ahora sé que cuando los anillos vuelvan a mis dedos, las pulseras a mis muñecas y los pendientes a mis orejas, todo esto habrá acabado.

Deberíamos aprender en este nuevo camino que estamos empezando a recorrer a pensar como colectivo, como grupo, como humanidad, y no como individuos independientes, porque para ganar esta batalla necesitamos estar unidos,¡ pero cuanto le cuesta al ser humano pensar como grupo! egoístas por naturaleza, las personas tendemos poco a pensar en la repercusión que nuestro comportamiento tantas veces irresponsable, pueda afectar a otros.

 

Dicen que si ha sido un virus creado por el hombre en un laboratorio de Wuhan, la capital de Hubei, en la China central, para aniquilar parte de la extensa población de este país, pero por error se les fue de las manos, otros dicen que ha sido un virus espontáneo, como la obsoleta teoría, que venía a decirnos que ciertas formas de vida surgían de manera espontánea a partir de materia orgánica o inorgánica o tal vez una combinación de ambas. Otros apuestan por que ha sido la madre naturaleza harta de que la maltratemos la que solita ha creado el virus, como en ocasiones anteriores para acabar con la súper población del planeta.

Pero no todo ha sido negativo en este proceso por el que estamos pasando, como a todo, si uno quiere puede buscarle el lado positivo. Haciendo referencia al planeta en el que habitamos, el que hayan confinado a los humanos, teniendo que cerrar fábricas, dejar de circular coches, barcos, trenes o aviones, ha sido un gran alivio para la Tierra y para los animales que en ella habitan, sin dañarla. El aire se ha purificado, ha bajado considerablemente el grado de contaminación, sobre todo en las grandes ciudades, los ríos, mares y océanos se han limpiado, hasta el punto de ver delfines en los canales de Venecia, cosa insólita ya que el recuerdo que tengo de esas aguas cuando visité esa bella ciudad, es de que estaban tan sucias que parecían negras. Los animales han ocupado nuestro lugar en algunas ciudades del mundo, y por un periodo de tiempo han disfrutado de una paz que con nuestra presencia es poco probable que hubiesen podido alcanzar.

Visto desde esta perspectiva, no cuesta imaginar que el virus no haya salido de ninguna conspiración maligna y haya sido la naturaleza la que nos este lanzando una advertencia de que debemos cuidar nuestra casa un poco más. No tenemos otro planeta a donde ir si al final acabamos con este. Sea como sea este periodo le está sirviendo de respiro al planeta lo cual es algo muy positivo.

Foto: David Veksler
Foto: David Veksler

 

Pero hay más cosas positivas que nos deja esta experiencia, nos esta enseñando a valorar pequeñas cosas, que en nuestro estrés diario nunca habíamos apreciado demasiado, cosas cotidianas, como ir a comprar el pan, ahora es un motivo de alegría por poder salir aunque sea diez minutos a la tienda de al lado, y si hay cola mejor, así en vez de ser diez minutos estaremos fuera de casa quince o veinte, ¿quién nos hubiese dicho hace unos meses que esperaríamos tan contentos en una cola?. Algo muy positivo e importante es que nos está enseñando a valorar a personas que están en nuestra vida a diario y apenas reparamos en ellas, pero cuando desaparecen y no sabes si volverás a verlas, ahí empiezas a valorar, lo importante que todos los que te rodean, son para ti, ya sean amigos, familiares o compañeros de trabajo. Incluso el dichoso virus ha servido para unir familias, que por cualquier circunstancia estaban separadas, se han formado más grupos de whatsapp con familiares para saber como están o para hacer alguna que otra video llamada, lo que me lleva a que este covid19, nos esta enseñando que hay más maneras de relacionarse, que aunque no podamos ir de fiesta juntos físicamente, podemos ir de copas unidos, mediante cualquier aplicación destinada para ello.

Podemos estar juntos en la distancia, nos resulta muy complicado, y más a nosotros que como buenos latinos, nos gusta besar, abrazar y en general el contacto físico, pero pronto volveremos a abrazar, besar y hacer todo lo anterior. El confinamiento nos ha brindado la oportunidad, sobre todo a las personas que trabajamos, de estar más tiempo en casa, más tiempo con nuestros hijos, ya que los horarios de trabajo, no han quedado indemnes del azote, y por suerte, al menos para mi, se han modificado o reducido. Hemos rescatado canciones olvidadas, los más pequeños ahora son conscientes de que los verdaderos héroes no llevan capa, ni tienen súper poderes, si no que son personas como ellos, simples mortales, pero dispuestas a dedicar su tiempo a los demás.

Hemos aprendido el significado de una palabra tan bonita como resilencia, la capacidad que tiene el ser humano a adaptarse positivamente a situaciones adversas. Incluso algunos hemos recuperado amistades, con las que no teníamos contactos desde hace años, es lo que tiene pasar tanto tiempo en casa, que en las limpiezas encuentras de todo, hasta teléfonos que pensabas que habían desaparecido. Es verdad que estamos pasando un momento duro como personas y como grupo, pero toda experiencia nos sirve para aprender y como no ,ha buscar el lado positivo de las cosas, a vivir lo que nos toque con la mayor alegría posible, la vida cambia en cinco minutos, aprendamos a vivir el momento, este concepto tan antiguo pero que aún nos cuesta asimilar.

Estando todos juntos unidos como sociedad, todo será más fácil, más corto y más llevadero.

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