carrusel, danza, escena, internacional, tecnología — 27 febrero, 2020 at 2:37

El ciclo Ahora! Danza vuelve con vigorosidad al CICUS, en un momento delicado para la danza contemporánea sevillana

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El ciclo Ahora! Danza vuelve con vigorosidad al CICUS, en un momento delicado para la danza contemporánea sevillana. Después, de que toda la comunidad escénica haya recibido con tristeza e impotencia, el comunicado de la organización del festival Mes de Danza, de que no habrá una nueva edición en el 2020.

Uno es consciente que siempre los festivales de artes escénicas en España son frágiles (y si se trata danza, me atrevería a decir, que más aún), por más que el Mes de Danza lleve veintiséis ediciones y esté consolidado, ello no le libra de que haya pasado dificultades para sostenerse en pie año a año, al igual que ha sucedido con otros de la red Acieloabierto. Que comparten la vocación de servicio público y a las artes escénicas (en particular), al acercarnos la danza de forma asequible y con mucho mimo; mientras tanto, nos invitan a los espectadores reencontrarnos con diversos espacios de nuestras ciudades, a rehabitarlos, e incluso, a llegar a conocerlos.

Guardando algunas diferencias, habría que equiparar de la misma manera al ciclo Ahora! Danza, que lleva desde el año 2012 desarrollándose en la sala para eventos escénicos del CICUS (Sevilla); en la medida que este ciclo de artes del movimientos, nos ha facilitado una programación que procura mostrarnos un amplio abanico de lo que se está moviendo en y fuera de España, de la mano de  Eléctrica Cultura. Trayéndonos intérpretes emergentes, otros consolidados, como también, dejando un espacio a los que están afincados en Sevilla.

Este ciclo nos ha traído auténticos regalos: a un precio económico, con un cariño que nos recuerda, que hemos sido invitados a entrar en la casa del equipo de Eléctrica Cultura. No hay más que ver cómo presentan las piezas, cómo facilitan las tertulias con los intérpretes tras las representaciones: las cuales nos dan más luz sobre lo que se vio en escena, nos ayudan a humanizar a los intérpretes, tras verlos habitar el mundo paralelo en el que se desenvolvieron minutos antes.

Por tanto, tras la esta noticia de que el Mes de Danza estará al menos un año en “barbecho” (como así lo declararon en dicho comunicado), hemos de valorar y apoyar con más razón, este tipo de iniciativas que enriquecen el patrimonio cultural de Sevilla, que contribuyen a que la Universidad de Sevilla y sus dependencias, sean un poquitos más de los que habitamos la capital hispalense (aunque no pertenezcamos a comunidad universitaria). El caso es que este ciclo, hasta nuevo aviso, será quien nos garantizará una programación donde los intérpretes emergentes y otros consolidados, puedan seguir creciendo en la escena, porque lamentablemente, muchos programadores de sala, no apuestan por este tipo de propuestas, tan necesarias para la comunidad escénica de esta ciudad; y por qué no decirlo, también tan recomendables para los estudiantes de danza y teatro de Sevilla.

Dicho lo anterior, me dispongo a comentaros lo que han sido las piezas que han ocupado esta “primera ronda” (si se me permite la expresión), compuesta de tres jueves consecutivos, de la edición del año 2020 en el ciclo Ahora! Danza, que volverá con mucho más, en el próximo mes de mayo:

 

Lucía Vázquez Madrid
Lucía Vázquez Madrid

 

Lucía Vázquez Madrid (Sevilla) con I don’t think I can touch the sky with the hands

Llevaba tiempo esperando ver otro claro ejemplo de una de las cosas que más me seducen como espectador de danza contemporánea, esto es: la sensualidad que contiene sus lenguajes, su erótica que nos encandila hasta el punto, que nos acelera el corazón, pero sin llevarnos a una sexualización innecesaria; y esta vez, ha sido Lucía Vázquez quien me ha ayudado a reencontrarme con ello. Con aliciente, de que su interpretación fue ejecutada con elegancia y buen gusto, sin caer en el exhibicionismo ni la vulgaridad.

Lucía Vázquez acompañada en escena con Miguel Marín (también compositor de la música de esta pieza), nos presentó un fragmento de una pieza que está en proceso, “About Bunny”, tras una residencia artística de ambos intérpretes en el Teatro Area Nord de Nápoles (Italia). La misma, según nos comentaron los intérpretes en la tertulia tras el espectáculo, aborda el cómo dos personajes diferentes, con dos vidas dispares, terminan encontrándose, hasta llegar a una relación afectuosa, prometiendo un continuará: que de algún modo u otro, sabremos su continuación, cuando esta pieza esté entera moviéndose por diversos escenarios.

De cualquier modo me gustaría que quede por delante, que lo que vimos en el CICUS ha sido un trabajo maduro y muy deseado: los intérpretes irradiaban mucho cariño, y entrega a la misma; como si llevasen mucho tiempo esperando llegar al punto al cual asistimos como espectadores. Es un lujo ver a estos dos artistas con un vasto bagaje, cómo nos ofrecen esos síntomas de ilusión y fortaleza, pero a la vez construyendo en escena, imágenes llenas de intimidad y sentimiento. Lo cual considero, que contribuyó a que la interpretación de Lucía Vazquéz estuvo llena de matices, respiraciones que surtían de calidad a cada uno de sus movimientos.

No les hablo de una pieza que haya sido estridente, y que ambos intérpretes hayan recorrido miles de veces el escenario: sino de algo que demuestra maestría, siendo que una imagen bien sostenida nos da la mitad de la obra, cuando se trata de artes escénicas.

 

Álvaro Copado y Alicia Moruno (Sevilla) con Trama, variación en rojo.

 Sin lugar a dudas fue un trabajo que derrochó frescura y alegría, como también fue de lo más bizarro:  pues, el que una oveja que parecía decorada por el creador de los árboles de navidad, nos haya marcado la pauta entre escena y escena, con narraciones de lo más cripticas y enigmáticas; que desde luego ayudaron mantener la atención de los espectadores, como también, apaciguar el ritmo de una pieza que parecía un tanto naíf, pero en realidad poseía un imaginario conceptual sólido y muy desarrollado.

En serio, fue genial: nos divertimos de lo lindo con esos saltos y demás desplazamientos que aludían a un juego de niños, a la fraternidad entre dos personajes que por lo que fuere, terminaron unidos el uno al otro, por aquél hilo rojo que tanto hemos oído hablar. Pero Álvaro Copado junto a Alicia Moruno, constituyeron una pieza que aspiraba sintetizar distintas leyendas, mitologías (como así nos lo aclararon en la tertulia tras el espectáculo) entorno a eso del hilo rojo; para así desplegarnos monólogos (Alicia Moruno) o quizás profecías de una indescifrable oveja (Álvaro Copado), proporcionándonos un avance en este asunto que deberíamos aclararnos más, sobre si esto del hilo rojo, trata de algo que transciende el destino de unión de dos personas. Y si me apuráis, viéndola ampliada: dado que tiene suficiente potencial para llegar a ser un trabajo de una hora, capaz de sostener un cartel en la que ella fuera lo único a lo que hemos ido a ver, a una sala donde se expone danza.

Llevo alrededor de un par de años oyendo hablar de Álvaro Copado como un joven promesa de la danza contemporánea andaluza; sin lugar a dudas a ganado mi atención y respeto: él tuvo un solo que fue de menos a más, muy correcto en el inicio, aludiendo al tejer una y otra vez, de tal forma que nos ayudaría a los espectadores a cerrar el círculo de lo que nos han contando, por más que ocasiones los mensajes verbales hayan resultado confusos (pero ello en este caso no lo considero negativo, formaba parte de su apuesta). Pero a donde quería llegar, es que vemos a un intérprete que se ha hecho mayor, se le ve curtido y confiado en su línea de trabajo: ello es de lo más alentador para las personas que se han encomendado a ser profesionales en artes escénicas, es esperanzador porque él nos muestra como con creatividad y muchas horas de trabajo, se puede tener al público atrapado y con ganas de más.

 

Reinaldo Ribeiro
Reinaldo Ribeiro

 

Reinaldo Ribeiro (Brasil) del Colectivo Lamajara Danza con Samba.

Reinaldo Ribeiro nos presentó una pieza experimental, donde ensambló de manera inteligente cada uno de los fragmentos que la componían. Si uno está distraído en el teatro, parece que una parte con la otra poco tienen que ver, siendo que se vale de registros muy diferentes: una suerte de compendio de pequeñas obras ensambladas, por varias cosas que apuntan a un mismo núcleo, la relación de nuestro intérprete con su país de origen, y cómo la está gestionando tras llevar un tiempo residiendo en Europa.

He allí que habría que tomarse con sosiego su evaluación, dado que nos abre su corazón y comparte sus recuerdos, para narrarnos cuál es el punto en el que está, cómo ha ido viendo a Brasil evolucionar durante su estancia en el viejo continente. Esto nos lo expresa con suma intimidad, en el momento que fue dibujando con escarcha la palabra Europa, a la vez que enumeraba muchas de las cosas que ha ido recogiendo en ese tiempo, un tiempo que ha ido dejándole huella, una huella muy profunda, que lo ha transformado como ser humano; pero un humano de algún modo exiliado, dado que se le nota su apego a su país de origen: fue enternecedor.

Sin embargo, hubo humor y algo de disparate, cuando trajo a alguien del público que también era brasileña (que sinceramente, tengo la sospecha que estaban encompinchados: pero no es importante, aportaba cierta tensión y curiosidad), para recrear con romanticismo y encanto, lo que sería un día de playa en Brasil. Pero de ese encanto que parece infantil en un adulto, aunque enamora a quien se muestre receptivo: pues, les vimos a ambos disfrutar de un buen rato, con un potente foco, una toalla, y un sinfín de cervezas ¡Siempre Reinaldo, tenía un buen motivo para ofrecer y tomarse una cerveza!

¿Qué podemos decir de la danza? ¿Acaso la pieza no fue bautizada como “Samba”? Si que la hubo, y mucha: si la pieza formalmente nos muestra una unión compleja de compaginar, pero bien conseguida; la misma no le hizo el mejor de los favores para que se luzca su danza. Desde luego este intérprete, tiene mucho que decir y ofrecer en este aspecto, pero el cómo empezó la pieza a mí me distrajo y me “sacó” de la sala; en el momento psicodélico con un juego de luces, que siempre lo recordaré, con sus particulares pantalones, me atrapó…, pero me volvió “perder”, hasta el momento que consiguió que se uniera la antes mencionada colaboradora.

Por si queda alguna duda, me hipnotizaba el cómo se movía, el cómo se desenvolvía en el espacio: tiene mucho material con el que trabajar, dado que se ven horas y horas de investigación. Pero el cómo lo plasmó en el escenario, en ocasiones, me daba la sensación que estaba experimentando ante sus espectadores, no trayéndonos un bloque sólido que se vale por sí mismo. Haciendo memoria de todo el recorrido que nos ofreció, me da hasta rabia haber salido esa noche de febrero con la impresión, de que su danza no haya sido favorecida.

Seguiré pendiente de su trabajo: a mí en esta oportunidad no me ha seducido del todo, pero confío que en la siguiente vez, saldré encandilado.

 

Melisa Calero
Melisa Calero

 

Melisa Calero (Córdoba/ Madrid) con Abducida:

Sin ninguna duda, esta pieza ha sobrepasado mis expectativas: es de esas que aunque la sinopsis que se nos ofrece, no está desencaminada; uno precisa de verla para entender lo lejos que es capaz de llegar. Estoy seguro que hasta verla en vídeo la desmerecería, y mucho.

La presencia escénica de Melisa Calero te absorbe, es magnética: se pasó la primera parte de la pieza con sus pies bien enraizados en el centro del escenario, bajo un potente foco; y no necesitó más (hasta si se hubiese quedado más tiempo en este estadio, me hubiese mantenido con ella incondicionalmente). Si es que lo que sucedía de cintura para arriba, era suficiente para llevarse al público “comiendo de la mano”, con sus movimientos frenéticos, y exhaustivos en cálculo de tiempo y en precisión. Ella tiene dentro de sí un “metrónomo” por corazón, su estado en el escenario es netamente óptimo para le saliese a ella lo que quiere, en escena.

Su apuesta es arriesgada, dado que si no se hace bien, terminas haciendo el mamarracho, o queda por delante, que a dicho intérprete le falta más recorrido para ejecutar semejante idea, por más prometedora que sea. Pero Melisa Calero, es unas intérprete sólida y con muchísima pátina: si es que la primera parte, retornaba a la misma mecánica, el estar abducida, estar alienada; yendo y viniendo a similares movimientos y estados, bajo un patrón matemático, o fruto, de un sentido del estar en escena y de medir a donde llevar al público, impecable.

El terreno, el tema en el que se movió, fue sacado de un poema llamado “Yo Canto” de Marta Fernández Portillo + Mapache; el cual descomponiendo, desmenuzando, alargando, reorganizando el orden…, a saber qué de más cosas habrá hecho. Lo llevó a un lugar en el que su semántica transcendió a una escala inalcanzable para la escritura, dado que la “creatividad enloquecida” de Melisa Calero, conduzco a dicho poema a distintos planos, puntos de vista diversos, posibilitando que esta pieza tuviera recorrido por todo el escenario. Incluso, llegando a usar diferentes lenguajes de movimiento: es que ella partió del flamenco, y siguió “tirando del hilo” aquí y allá; lo cual (según nos comentó en la tertulia que se hizo tras el espectáculo) estuvo presente en toda la pieza, ella nos insistió a los que asistimos, que siempre parte del flamenco.

Ello le dio poderío a la pieza, necesario para sostenerla con justicia, porque ésta recurría una y otra vez al tema de la supervivencia como artista, a la apuesta por una cosa a la que uno se encomienda hasta sus últimas consecuencias. Siendo lo que uno es, haciendo lo que uno tiene en sus manos, que desde luego Melisa Calero lo mostró y lo ejemplificó; llevándola a transitar en escena, un recorrido que hasta ahora sería calificado de inhabitable, que a un cualquiera le daría pavor, temería por su vida…, pero nuestra intérprete, asume el desafío aprendiendo a vivir. Claro que en este proceso que escenifica, se “desafinará”, habrán movimientos incautos, pero el superar esto y las precarias condiciones con las que uno empieza, parecen que difícilmente cambiarán: sin embargo con el tiempo se sale, se sobrevive, uno se reconstituye no sólo como artista; sino que además, como un ser humano íntegro.

 

La memoria del cuerpo: formas en el espacio tiempo
La memoria del cuerpo: formas en el espacio tiempo

Proyección de la película de Roberto Menéndez (Bilbao) La memoria del cuerpo: formas en el espacio tiempo:

Roberto Menéndez entró a la acción, localizó una necesidad: sí, una entre una gran infinidad de de cosas a las cuales se han de atender; pero una al fin al cabo, una que le movilizaba desde las entrañas, entendía que hasta ahora estaba invisibilizada, menospreciada, me refiero a  la danza en este país. Él destacaba nos trata de mostrar el cómo es posible que ganadores de premios nacionales de danza de este país, no sean conocidos, no sean apenas nombrados. Es más, cómo es posible (como sale reflejado en este documental), que muchos de ellos no sólo tengan dificultades para seguir ejerciendo a pesar de estar consolidados en su profesión; sino que también, a pesar de su férrea vocación, los hay que se siguen preguntando si esto de la danza merece tanto sacrificio, entre otras cosas.

En este documental estrenado el año pasado, y estrenado en este ciclo Ahora! Danza en Andalucía, se nos presentan 5 premios nacionales de danza de diferentes puntos de España, unos más veteranos que otros, con registros de movimiento un tanto dispares; pero con inquietudes, temas en común: su condición como bailarines sale a relucir en este corto (treinta minutos), pero bien curtido documental. El caso es que uno sale con una mezcla de descompuesto porque  se nos confirma una vez más la precaria situación de la danza en España, un sale con más sabiduría, tras escuchar las palabras de estos bailarines de amplia trayectoria. Uno sale con ganas de ver más, de conocer más sobre esta realidad, etc…, es un viaje por las profundidades de lo que no se ve, de lo que se conoce en el gremio a la perfección.

Sin embargo hay que verlo, hay que promocionarlo en los conservatorios profesionales de danza de este país, se tiene que ver en las escuelas de arte dramático, las universidades, los institutos: por responsabilidad con las personas que hacen posible que esta parte del patrimonio de este país se sostenga por encima de sus posibilidades, hemos de aprovechar este documento audiovisual (junto a otros de gran valor, que quede por delante) para dignificar a las artes escénicas como una profesión más, de alto valor añadido para los espacios en los cuales se desarrolla. De cualquier modo, me gustaría que tuviesen presente que se muestran más caras de esta realidad, porque las entrevistas que se nos exponen en el mismo, nos dan muestras de que hay personas que hacen esto por decisión propia, la cual ha sido madurada, y se ve reflejada en cómo ellos nos van contando cómo son sus procesos creativos, o cómo abordan los días de ensayos: tenemos el privilegio de asistir cómo es su intimidad en tanto profesionales de la danza, sus espacios de trabajo.

Este documental, nos humaniza a estos intérpretes, los cules nos hablan con franqueza: Carmen Werner (Provisional Danza) cita una de las más duras realidades a las que se enfrentan los bailarines, ella dice: “Es un trabajo, no ingrato, es incómodo. Pero la satisfacción de bailar es superior, sino no seguiríamos en esta profesión”. Los intérpretes Sol Picó y Chevi Muraday (Losdedae), comparten sus inquietudes sobre cómo han ido evolucionando sus cuerpos con el tiempo, generando adaptaciones en sus interpretaciones a una realidad que es cambiante y efímera, como es su propio arte. Por otra parte, Jon Maya (Kukai Dantza) advierte que los que componen su compañía vienen de formarse de las danzas tradicionales del País Vasco, lo cual hace que tengan un lenguaje común entre ellos, un punto de partida más o menos similar en sus investigaciones escénicas. Sin olvidar a Daniel Abreu, quien nos invita a replantearnos otras manera de animar a la gente, a la juventud a ver danza: no tanto como algo que hay que ver, porque está muy bien cultivarse con artes escénicas, sino que hay que compartir lo que nos produce, hemos de contagiar a nuestros allegados a donde nos lleva ver danza. Siendo que no nos basta tener una buena pieza programada, hay que hacer un trabajo arduo e inteligente, en la comunicación y promoción de la misma.

Por lo que pueden comprobar, este documental es un “mosaico”, también una fotografía de donde están situados estos intérpretes; mientras nos sirve de muestra de campo, para llevar a cabo un diagnóstico compuesto de testimonios que se ven complementados, con el proceso por el que pasó Roberto Menéndez: quien ha comentado que primero tuvo que hablar en persona con tres de los intérpretes en persona, seguir con los contactos del resto, hacer un crowfunding para su correspondiente producción y distribución, entre otras más cosas. Unos esfuerzos que probablemente, no son especialmente nuevos para las personas de este sector, pero es síntoma, de la cantidad de cosas de horas trabajadas, que no son pagadas, no son valoradas lo suficiente, para materializar un proyecto en el que uno cree, y que difícilmente, alguien lo haría como uno mismo lo ve conveniente.

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