ACHTUNG!, arte, carrusel, danza, escena, música — 8 julio, 2021 at 0:42

Double Bach de Antonio Ruz/Pablo Martín Caminero: Un arduo viaje hacia ninguna parte

by

Se representó en el Castillo de Alcalá (Alcalá de Guadaira, Sevilla), Double Bach, de la mano de Antonio Ruz/Pablo Martín Caminero. Obra que aunque ya lleva unos años programándose en varios teatros, no ha parado de evolucionar; tanto es así, que en esta ocasión ha bailado Melania Olcina en el lugar de Tamako Akiyama. En fin, da gusto que el Festival de Itálica nos haya ofrecido la oportunidad de ver cómo una pieza sigue viva, y que su representación, no se le pueda calificar como una simple “reposición”.

Foto: Lolo Vasco
Foto: Lolo Vasco

 

Cuando se analiza a Double Bach desde su totalidad, uno se cerciora que cualquier cosa que se le hubiese dado protagonismo, hubiera emborronado una experiencia estética a la cual nos va preparando su estructura, de principio a fin. Esto es: Las artes escénicas contemporáneas nos han demostrado que se pueden apoyar en estructuras meramente formales, implicando que lo que se pretenda comunicar no tenga porqué tener un significado semántico. O dicho de otra manera, Double Bach podría ser un buen ejemplo de cómo comunicar algo que en inicio engendre sensaciones y sentimientos en sus espectadores, sin llegar a sobrepasar la frontera de propiciar un sentido y significado concreto.

Lo cual supone  que varias de sus imágenes nos ofrecen  acceso, a que nosotros los espectadores extraigamos una cosa u otra, pero ello siempre se nos concede como para que nuestra imaginación cabalgue a sus anchas (hasta incluso invitarnos a identificar referencias, que en realidad no están haciendo alusión). Por tanto, Double Bach no trata de absolutamente nada, pero a la vez, entra en los altos grados de abstracción que puede llevar consigo, una pieza de danza contemporánea. Consiguiendo consumar un nivel de maestría, que está al alcance de muy pocos.

En esta línea, se nos presenta una puesta en escena netamente austera y diáfana, así no hay elemento alguno que nos distraiga o nos lleve a lugares que la pieza en sí, no necesita conducirnos. No obstante Double Bach lleva de la mano a sus espectadores, de un lado a otro del escenario mediante un juego de luces concienzudo, y los cambios de posiciones del contrabajista Pablo Martín Caminero. Planteado unos cambios de estructuras arquitectónicas, que el público puede identificarlas, gracias a que los desplazamientos de la bailarina Melania Olcina, se ven condicionados y enriquecidos. De tal forma que dichos intérpretes, están “cavando” todo el tiempo que dura la pieza: una suerte de dirigirse al horizonte con el motivo de emprender un viaje, sin pretender un resultado concreto.

Foto: Lolo Vasco
Foto: Lolo Vasco

 

Así una vez más una pieza de danza contemporánea, nos abre el debate sobre si el bailarín que entra en escena, se funde con el espacio, o bien lo irrumpe para deformarlo mediante las “ondas expansivas”, procedentes de cada uno de sus movimientos. Y no sólo me estoy refiriendo que un intérprete pueda crear “efectos visuales”, según en qué punto del espacio escénico disponga su cuerpo; sino que además, estoy pensando que el escenario es como una especie de “piscina” (si se me permite el ejemplo), en la que sus aguas se agitan, van a una dirección u otra…, en función de qué trayectoria esté recorriendo el intérprete en juego. Y esto no sería posible si la danza no fuera un arte efímero, que al finalizar su representación, pasa poco tiempo para que el “agua de la piscina” vuelva a su calma progresivamente, como si lo que ha pasado por allí era transitorio, algo que tiende a ser olvidado, al irse difuminando sus “huellas” progresivamente.

Lo anterior se enlaza, con la sobriedad en la que estuvo en escena Pablo Martin Caminero mientras adaptaba con su contrabajo, las Suites para violonchelo No1 y 2 de J.S Bach. Algo similar se podría extraer de la interpretación de Melania Olcina, quien más que circular de un movimiento a otro, pasaba de un estado a otro, que en consecuencia le conducía al siguiente  movimiento. Tal y como si ella estuviese respondiendo en cada una de sus acciones: qué le mueve, por qué se mueve, hacia dónde va y cuándo se va a mover (insisto, sin que la pieza se haya decantado por plantear un tema determinado). Lo cual no entraba en contradicción, con la disposición corporal de esta bailarina que me atrevería a decir, que estaba asociada a imágenes y palabras, que le ayudaban a que tal movimiento, respiración y demás cosas en juego; fueran de una manera u otra. En definitiva, no me extrañaría que Melania Olcina estuviera durante la representación de Double Bach, metida en su propio viaje personal, que nadie más que ella, sabe cuáles son los paisajes que ha estado habitando.

Foto: Lolo Vasco
Foto: Lolo Vasco

 

Además, la relación entre ambos intérpretes en esta pieza, la definiría como una convivencia en la que aunque no hubo un contacto directo entre ellos, si que se podría decir que de vez en cuando, se erigían “puentes” que les permitían algún tipo de interacción, por más que el uno y la otra estuvieran emplazados en dimensiones paralelas, que no había manera que se entremezclaran. Lo anterior es síntoma de que detrás de este montaje, ha habido una cantidad ingente de horas de investigación (en las que incluyo todas las que componen las respectivas trayectorias profesionales, de Antonio Ruz– en tanto director escénico y coreógrafo de esta pieza-, Melania Olcina y Pablo Martín Caminero), en las cuales se atrevieron a no reproducir un formato, que merece y necesita ser renovado. No vaya a ser que una conciliación interdisciplinar pase de ser un lujo, a algo que sea aburrido por falta de de mimo y valentía, en su puesta en escena. (Me refiero a que dos o más intérpretes muy doctos en sus disciplinas, ponen algo en común en escena, teniendo la garantía de que el público disfrutaría de sea lo que se que se presente. Porque cada nota del contrabajista, cada acción de la bailarina, o cada indicación de su director; son una garantía de calidad, dada la fama que han ido cosechando con el paso del tiempo).

Estos tres profesionales  fueron más allá, porque respetan a su profesión y a su público. Esto debería ser la tendencia a la que han de embarcarse, quienes aborden cualquier tipo de creación. Por tanto, hemos de estar los espectadores y los que escribimos sobre danza, atentos para que éstos no se acomoden, con el fin de que dichos profesionales aporten lo que tienen en sus manos, para que el desarrollo de esta disciplina siga hacia adelante. Y por si queda alguna duda, Double Bach sobrepasa las expectativas: pone el listón muy alto para quien se atreva a volver a plantear algo tan básico y primitivo, como que un bailarín baila lo que lee de lo que toca un músico.

No es cuestión de desmovilizar a los profesionales a descartar el formato más convencional, se trata de fomentar que se vaya mucho más allá, porque todos ellos tienen con qué, y han de seguir formando a un público maduro, culto y exigente. De esta manera, cada uno de los involucrados en lo escénicos, asuma su rol hasta su última expresión. Y Double Bach es un ejemplo de ello, y no olvidemos que esta pieza se estrenó en 2016.

 

 

Comparte este contenido

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *