ACHTUNG!, arte, carrusel, danza, escena, miradas, teatro, tendencias — 16 febrero, 2021 at 10:38

Danza Mobile visualiza en Teatro TNT, la urgencia y belleza con su proyecto de danza inclusiva

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En el contexto del III Encuentro de Teatro Inclusivo y Comunitario que se está desarrollando en el Teatro TNT (Sevilla), el 14 de febrero se representaron tres piezas cortas de danza inclusiva de la mano de la compañía Danza Mobile: unos montajes que consiguieron al segundo, tener en pie al todos los espectadores presentes. Y no era para menos, nos hicieron reír, nos conmovían, e incluso, nos hicieron irnos a nuestros hogares, con unas cuantas reflexiones por abordar.

Estas tres piezas cortas me reafirman en la idea de que una estructura sencilla, y una composición coreográfica sin necesidad de acudir a acrobacias ni efectismos;  no sólo son cosas que funcionan perfectamente en escena, sino que además, son garantía de que el mensaje que se quiera transmitir a todo el público, llegue de forma nítida. Ahora bien, con lo anterior no quiero desmovilizar ni menospreciar, a nadie  que dedica toda su empresa a la búsqueda de nuevos formatos y posibilidades de movimiento. A lo que quiero llegar con esto, es que si se hace algo desde el cariño, la conciencia, la seriedad con lo que se va a hacer en escena, etc…, ello puede resultar mucho más eficaz a la hora de llegar al público, que precipitarse a captar la atención del mismo, con cosas que digamos no están alcance de todos. Dicho lo anterior ¿Cuál es el objetivo de llevar algo a escena: demostrar que uno es virtuoso en algo, o bien comunicar aquello que se tiene la necesidad de compartir con los demás?

Por si queda alguna duda, lo que se vio en estas tres piezas cortas, amerita mucho trabajo y sacrificio en todos los sentidos. No obstante esa sencillez, esa humildad con la que fueron planteadas; nos dan testimonio de la madurez y la verdad, que hay por detrás del proceso y la representación de dichas piezas. Lo cual para mí no es tan frecuente como debería en muchos profesionales.

Si es que hay veces que da rabia ver a intérpretes que se mueven de maravilla, que hipnotizan,… y luego te plantean una pieza que podría ser un ejercicio de una clase de danza de un nivel avanzado, o algo que está hueco de contenido. En cambio en lo que he visto hasta ahora de Danza Mobile, si es que está fuera del alcance de muchos. Quizás lo más tentador sea atribuir lo que estoy diciendo, a mi admiración por esta compañía andaluza que lleva años sumergida en la danza inclusiva (danza que incorpora personas con muchas diversidades corporales e intelectuales); sin embargo lo que me gustaría trasmitirles, es que asociar su apuesta con los resultados de sus trabajos en formación y lo que llevan a escena, es mantenerlos en el campo de lo extraordinario, más que certificar de una vez por todas, que basta tener un buen enfoque y los recursos necesarios, para vislumbrar que hay muchas cosas que nos puede ofrecer la danza,  que nos son todavía desconocidas.

Sinceramente, me gustaría que este tipo de trabajos fuesen más programados, desearía que no necesitáramos encuadrarlos en un festival o encuentro de artes escénicas, de vocación social e inclusiva…, dado que aunque estas iniciativas siguen siendo necesarias en los días que corren, el caso es que no me termina de convencer que lo más frecuente es que sólo se programen en estos contextos, y ello mantiene a este tipo de proyectos en la excepcionalidad, no como algo que amplia nuestro conocimiento sobre las posibilidades que hay contenidas en las  artes escénicas.

ídem (¡Qué monocigótico me siento!). Foto: Raquel Álvarez
ídem (¡Qué monocigótico me siento!). Foto: Raquel Álvarez

 

Dicho lo anterior, conviene aproximarse a estas tres piezas, esto es:  Nos hemos divertido y conmovido con ídem (¡Qué monocigótico me siento!), dado que esta pieza que fue coreografiada por Arturo Parrilla, nos planteaba que nosotros los seres humanos, somos iguales aunque tengamos personalidades y otras cosas diferentes. Diferencias que no se han de omitir, que se han de llamar por su nombre; por más que algunas de ellas se salgan de relatos sobre  la humanidad demasiado generalistas. Ahora bien, esto se vio “interrumpido” por una serie de “descoordinaciones” entre ambos personajes, conduciéndonos a una historia un tanto disparatada: llena de persecución y juego. Vamos, un esquema netamente clown, es decir: un clown sale a escena a hacer algo, con un objetivo muy concreto; pero en el camino se encuentra con una serie de obstáculos y distracciones, que lo hacen dar un montón de rodeos. Puede que la pase mal, en otras ocasiones hasta se divierte en esa tragicómica circunstancia; eso sí, nos desvela lo auténtico que hay en el ser humano. Es más, el cómo se valieron de este código, es precisamente el tipo de clown que a mí me gusta: sin chistes demasiado calculados, o exceso de colorines que hasta encandilan la vista, por mencionar un par de ejemplos.   Me ha encantado, porque jugaban en escena, y nosotros creímos que estábamos viendo un espectáculo de danza en un teatro.

El Espejo. Foto: Raquel Álvarez
El Espejo. Foto: Raquel Álvarez

 

En cambio si nos acercamos a la pieza El Espejo, coreografiada por Vanesa Aibar, nos encontramos con dos personas en escena que se complementaban, constituyendo una sinergia que sostenía el sentido y el significado, de que haya precisamente dos intérpretes para llevarla a cabo. En este caso preferiría dejar entre paréntesis lo que inspiró al montaje de la misma (lo tienen disponible en la sinopsis), porque me resulta más edificante centrarme en destacar, que se nos representó a dos habitantes de dos mundo diferentes que se valen de la música y la danza, para comunicarse y seguir construyendo unos lazos entre ambos que si no hubiesen estado las anteriores allí, probablemente no existiría un relación como la que has expuesto en escena. Sin olvidar, que hemos visto un trabajo potente y sobrecogedor, que nos mantenía a nosotros los espectadores,  atrapados a lo que fuere que pasase en escena.

Sara y Manuel. Foto: Realidad Aparte
Sara y Manuel. Foto: Realidad Aparte

 

Por último queda por hablarles de Sara y Manuel, pieza que fue coreografiada por Manuel Cañadas, la cual nos demostró que no sólo los personajes que fueron interpretados tenían un tipo de vínculo afectivo; sino que  probablemente en el proceso de creación, ambos intérpretes fortalecieron los que tenían entre ellos. Es tan hermoso  ver el fruto de lo que puede surgir de una confluencia entre dos artistas, y que de la misma precisamente, hablen de lo que les involucra, les mueve como seres humanos que conviven en una misma comunidad. Se vieron imágenes de una extraordinaria belleza, nos aproximaron a un marco onírico donde parecía que lo que sea que estuviera fuera de los que hay entre ellos dos, era atrezzo. Les hablo de una pieza interpretada con sutileza, donde cada movimiento era tratado con mimo y conciencia: nada sobraba. E incluso cuando hubo un cambio de música, y la cosa se puso más lúdica entre ellos, no se perdía el espíritu de la pieza, que al mismo tiempo se complementó con ese estremecedor texto con el que se esclarecía el fuerte apego que había entre ellos, esto es: por un lado era precioso ver el afán de cuidado que tenía el personaje de Manuel Cañadas sobre su compañera;  sin embargo el texto antes citado, remitía a un tipo de relación desigual, donde de algún  modo u otro Sara quedaba deshumanizada, tratada como un ser que resto de su vida, sería percibida como una menor de edad (en el peor sentido del término).

 

“Manuel y Sara” nos abrió un debate complejísimo de abordar y más aún de resolver, y puede que las personas que están en primera línea trabajando con personas que requieren algún tipo de asistencia, todavía no tengan una solución del todo equilibrada. Por ello conviene no obviar estos debates que nos interpela a cada ser humano, por más que la mayoría no nos relacionemos con personas que encuadramos, en las “diversidades físicas e intelectuales”.  Y creo que es eso lo que hace que sean tan incómodos estos temas, porque hay muchas personas (por el motivo que fuere), que igual preferirían que no existiesen tantas diferencias entre nosotros: al menos las más visibles, las más difíciles de disimular.

Aunque estas tres piezas aborden temas diferentes, el hecho es que todas se mantienen dentro del espectro que abarca la danza inclusiva en varios sus ámbitos. He allí, que ellos nos exponen bailando la realidad en la que están inmersos, de tal forma que parece que nos han invitado a ver una muestra de los resultados del proceso permanente en el que se encuentran, más que venirnos a  sorprender con algo “súper suculento”.  Lo cual me conduce a pensar que lo que llevan a escena es un medio para desarrollar los proyectos que tienen en Danza Mobile, más que la manera de “vendernos” lo bien que hacen lo que hacen.     

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