cine, cine | tv — 10 marzo, 2014 at 10:00

Nuestra humanidad

por

Por Hermes Manyés

 

Un film de los años 60; una historia agridulce, fría y atroz; un reflejo de la cruda realidad de la Segunda Guerra Mundial; una infancia arrebatada; un paralelismo entre la mísera existencia y una imposible vida llena de sueños. Así se nos presenta La infancia de Iván, de Andrei Tarkovsky.

Este relato nos narra la triste historia de un niño de 12 años llamado Iván (Nikolay Burlyaev), que debe espiar al bando alemán con el fin de conseguir información para la resistencia soviética. A través de su historia podemos observar la monstruosidad de nuestra humanidad. La historia de Iván es el reflejo de una sociedad trastornada por el poder, de un mundo deshumanizado y de una amenaza para la subsistencia.

A pesar de los hechos que atormentan la vida de Iván, él es un niño fuerte, predispuesto a luchar por su venganza y con el suficiente carácter como para enfrentarse a una situación de tal calibre. Hecho que demuestra la gran resistencia de Iván, tiene lugar cuando imaginariamente lucha con la navaja que le ha prestado el Cabo Katasonov (Stepan Krylov); vemos a un Iván vivaz, salvaje y preparado para pelear. No obstante, detrás de esa coraza encontramos a un Iván que todavía no ha perdido su inocencia, un Iván incapaz de hacer daño a nadie con la navaja; un Iván que se niega a escapar teniendo la certeza en su interior de no volver; un Iván preocupado por si habla en sueños y sus pesadillas son escuchadas por los soldados. La inocencia y la niñez se fusionan con la venganza y la madurez. Madurez generada por el sufrimiento de las matanzas de su madre y hermana, responsabilidad adquirida por la imposición de obligaciones y por una infancia arrebatada. Es así como Tarkovsky consigue a un personaje impetuoso, enternecedor y perspicaz.

Un aspecto clave del film es el paralelismo entre la realidad y el mundo onírico. A través de sueños, Iván vive una vida idílica, con el amor de su madre y la cotidianidad de disfrutar de un soleado día con su hermana. En el mundo real se enfrenta a disparos, a órdenes, a permanecer encerrado y a la propia muerte. La imagen que cierra el film contrasta con el verdadero final de Iván, es aquí donde mejor se aprecia ese paralelismo entre lo diabólico y lo maravilloso de la humanidad.

@HerrSerr

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