ACHTUNG!, arte, carrusel, escena, teatro — 26 mayo, 2021 at 1:15

Castigo de Dios de Danza Mobile demuestra, que nosotros los adultos, aún tenemos mucho más que aprender

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Castigo de Dios de la compañía andaluza Danza Mobile, se estrenó en el Teatro la Fundición de Sevilla. Les hablo de un trabajo tan necesario en su labor divulgativa, como equilibrado, a la hora de articular lo tierno, lo bonito, lo divertido…, con lo complejo y maduro.

Los pasados 21, 22 y 23 de mayo se representó Castigo de Dios, una de esas piezas que si uno no le han dado un buen contexto, parecería una obra naif, con una estética que se podría asociar con una actuación de fin de curso, de un taller de teatro de una escuela primaria. Y cualquier cosa que coincida con ello, no ha sido más que una “estratagema” sabiamente calculada, para jugar con nosotros los espectadores, esto es: en primer lugar, cabe destacar que es una obra hecha con un objetivo pedagógico; y lejos de intentar “abrirnos los ojos” sobre lo que trata, nos va introduciendo cosas que en otros escenarios, se nos hubieran pasado por desapercibidas. Tirando de contrapuntos, de recursos que nos sacan, repentinamente, de nuestro espacio de confort.

Probablemente esta estrategia de comunicación, responde al dilatado bagaje que tiene la compañía Danza Mobile, la cual lleva los suficientes años como para experimentar con modelos a los cuales apenas se han explorado, y que sus resultados cuantos menos me resultan prometedores. Me refiero a que al abordar un tema como es desarrollar el perfil del Dr. Jhon Langdon Down (un médico británico que fue conocido por sus intentos de dar una explicación científica, a la realidades de las personas con síndrome de down; que dicho sea de paso, es de quién se extrae el nombre del mencionando síndrome), y cómo su legado ha ido evolucionando hasta llegar a nuestros días. Y claro, en el guión de Joaquín Doldán de esta obra musical, es donde se nota que todavía aún quedan muchas cosas por resolver, en lo que respecta al trato y el modo de ver, a las personas de esta condición.

Foto: Raquel Álvarez
Foto: Raquel Álvarez

 

Esta obra reivindica que aún existe un enorme desconocimiento hacia las personas de este colectivo, tanto es así, que muchos de los estereotipos que convivieron con las investigaciones del Dr. Jhon Langdon Down, no han salido de nuestros foros públicos. Por tanto, este montaje lleva a este doctor a las puertas del paraíso tras su fallecimiento, en donde le espera ni más ni menos que el mismísimo Dios, quien llevará a cabo un juicio sobre qué destino le corresponde, es decir: ir al infierno o al cielo, durante toda la eternidad. Ahora bien, la cosa se le complica al doctor cuando alcanza entender, que Dios es una mujer con síndrome de down que le habla con mayor conocimiento y agilidad que la que tiene el mismo en aquél momento. Y no es para menos, ella es Dios.

Lo anterior no es más que una de las cosas, que da pie a que en los diálogos nos encontremos con giros que nos exigen a nosotros los espectadores, dejar de ver la obra como algo tierno y bonito (que desde luego lo es), dado que los que estaban haciendo era demostrarnos que hasta los que somos los adultos de hoy en día, hay explicarnos las cosas otras vez y de manera “lentita”, para que nos enteremos que la realidad de las personas con síndrome de down, es mucho más compleja que lo que se les ha asignado tradicionalmente. Es más, que los que integran este colectivo, son personas tan válidas como cualquier otra; es secundario que algunas de sus singularidades salten más a la vista que los de la mayoría.

Foto: Raquel Álvarez
Foto: Raquel Álvarez

 

Todo esto se presentaba con un lenguaje que se balanceaba entre lo clown, y un feroz alegato a la dignidad humana de las personas con síndrome de down. De esta manera, nosotros los espectadores bajábamos la guardia, y nos dejábamos seducir por tan encantadora puesta en escena, que aunque parecía algo hecho para toda la familia; en realidad, iba dirigido a todos los adultos: padres, profesores, doctores, y demás personas que de alguno modo u otro, puede que vayan a lidiar con lo miembros este colectivo. Seamos serios, a los más pequeños se les inculca como normal lo que forma parte de su cotidiano, y lo que más lo acentúa, es el cómo sus mayores lo abordan frente a ellos.

Esta obra no pretendía ser lo más monumental ni brillante del mundo; sino más bien, procuraba demostrar que  hacer una buena comunicación también es un tema central, a la hora de ejecutar una pieza de artes escénicas. Sin que ello tenga porqué ir en detrimento, de una expresión artística, que desde luego, no tiene ningún desperdicio. Porque está todo hecho con una vehemencia y un mimo, que garantiza que todas personas involucradas en la misma, la sientan como suya.

Foto: Raquel Álvarez
Foto: Raquel Álvarez

 

La interpretación de sus cuatro actores fue sólida, y la misma no requería de nada más, ni nada menos, es decir: la dirección de Gregor Acuña-Pohl no se “distrajo” en llevar a escena efectos visuales o cualquier cosa por el estilo, ya que  localizó en el lenguaje clown una manera de que todos los que integrábamos el público, mantuviéramos la atención en lo que fuese sucediendo, a la vez que nos íbamos encariñando con todos los personajes. Claro que hubo chascarrillos “bobalicones” y que se repetían hasta la extenuación, pero ello formaba parte de una apuesta muy arriesgada, que supo ganarse a un público que no paraba de reírse y de mantener una sonrisa, por todas las cosas que estaban pasando.

De verdad que Castigo de Dios de Danza Mobile, es de esas obras que aunque en su sinopsis no parezca la gran cosa, o algo que un sibarita de artes escénicas se precipitarse a ver. Nos enseña que si aprendemos a localizar lo que realmente tiene contenido, habremos conseguido ampliar la variedad de lo que vemos, al mismo tiempo, que nos enriquecemos. No vaya a ser que en la época en la que estamos, donde tenemos tantas cosas de tipo audiovisual a fácil acceso, estemos amoldando nuestros criterios sólo a lo que se nos atoja, dejando entre paréntesis, lo que nos puede complementar.

 

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