cine | tv, featured, series — 1 mayo, 2012 at 17:00

Black Mirror, un guantazo distópico

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#Series en Achtung! | Por Laura M. Sánchez

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El último tramo de 2011 nos dejó una de las mejores piezas de televisión del año. Black Mirror es otro de los grandes productos del Channel 4 británico. En España es el canal TNT el encargado de emitirlo. Su propio creador, Charlie Brooker, un provocador nato, explica que con ese “espejo negro” se refiere a las pantallas de los gadgets que nos inundan: televisores, tablets, smartphones

Brooker es un periodista y guionista inglés al que el término enfant terrible le sienta como un guante. Es característico su humor insolente y satírico del que nada ni nadie se escapa. Antes de Black Mirror, nos había regalado Dead Set, que cuenta cómo los zombies invaden la casa del Gran Hermano británico (curioso, teniendo en cuenta que su productora es parte de Endemol, los creadores del GH original); y hace unas semanas triunfó en internet un vídeo del programa 10 O’Clock Live en el que durante dos minutos realiza una crítica de la hipocresía del periódico The Sun, en rima. A la manera de un Huxley o un Orwell del siglo XXI, Brooker nos presenta esta vez tres historias en las que los avances tecnológicos y el uso que se hace de ellos, como sociedad y como individuos, definen o marcan de alguna manera las vidas de los personajes.

La miniserie está compuesta de tan solo tres capítulos, durante los cuales los que sigan la ficción televisiva británica serán capaces de encontrar unas cuantas caras conocidas. Cada uno de los episodios funciona de forma independiente, con distintos personajes y distintas tramas, pero siempre con la sociedad del ultradesarrollo tecnológico y las redes sociales virtuales como fondo y elemento común.

Las historias toman como inspiración la más estricta realidad, si bien se nos ofrece una visión particular, que tiende a la exageración, de esa realidad. Es, al fin y al cabo, un producto de ficción. Cada capítulo se aleja un poco más del hoy (el episodio piloto bien podría ocurrir cualquier día) para acercarnos a lo que podría ser nuestro mañana. La retratada por Black Mirror es una sociedad que parece valorar la imagen y la fama por encima de cualquier otra cosa, a excepción del dinero, donde la palabra éxito tiene una definición muy concreta, ligada exclusivamente a esos tres conceptos, y en la que, gracias a Twitter o Youtube, cualquier información, verdadera o no, se pone a golpe de click al alcance de millones de personas en solo unos segundos.

Su creador realiza así una reflexión sobre los límites de este contexto en el que vivimos, o más bien, nos presenta esos límites que hasta ahora hemos respetado, los distorsiona y nos deja reflexionar sobre las consecuencias. Pese a todo, la serie no se presenta como un cuento moralista, no se aprecia un tono condescendiente (aunque sí un tono pesimista). Por momentos peca de una cierta falta de sutileza, pero sin duda consigue que el espectador se plantee ciertas cosas y cuestione ciertas otras. La televisión demuestra así una vez más que puede ser mucho más que una simple arma de distracción masiva.

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