ACHTUNG!, arte, carrusel, danza, internacional, miradas, música — 30 noviembre, 2020 at 1:08

Anne Teresa de Keersmaeker lleva a otro nivel su diálogo con la música de J.S Bach

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Anne Teresa de Keersmaeker junto a Pavel Kolesnikov, nos ofrecieron en el Teatro Central de Sevilla, el fruto de un diálogo profundo y respetuoso, con las Variaciones de Golberg BWV 988 de J.S Bach.    

Considero que esta pieza se puede ver, al menos, desde dos puntos de vista. Esto es: el primero, que la misma nos ofreció un trabajo tan literal a la hora de abordar  las Variaciones de Golberg , que al final, al público le podría llega a resultar largo, tedioso…, siendo que pudo haber bastado una selección representativa de esta composición musical de J.S Bach, para ser bailada durante una hora, y así los intérpretes se pudieron haber ahorrado el descaso que hubo de por medio.

Y el segundo (el cual soy partidario, y me resulta más edificante), nos conduciría a los espectadores a hacer un ejercicio de madurez, porque si sus intérpretes se decantaron por hacer un espectáculo de danza y un concierto de piano, al mismo tiempo y confluyendo entre sí. Entonces, se ha de asumir que cada uno de los elementos que componen las Variaciones de Golberg han de estar, porque el formato que escogieron Anne Teresa de Keersmaeker   y Pavel Kolesnikov así lo exige, por respeto y responsabilidad a esta emblemática obra de J.S Bach. Siendo que estos intérpretes no nos deben nada a nosotros los espectadores, es más, nosotros hemos de informarnos de qué exactamente vamos a asistir, antes de ver el espectáculo y de dar conclusiones basadas en pulsiones subjetivas (que son legítimas, pero nos llevan a hacer una evaluación injusta, a la globalidad de lo que supone un trabajo de este tipo). Por tanto, sólo se ha visto lo que nos a visaron en la sinopsis que se iba a ver.

Es hora que todos los que somos espectadores habituales de cualquier manifestación artística, dejemos desempeñar ese rol de consumidores de un producto, que ha de estar hecho a nuestra medida. Es que ir a un teatro a ver algo, no es seleccionar una serie en Netflix, o ponernos una canción que se nos antoja en You Tube; sino más bien, exponerse con todas sus consecuencias, a los que los intérpretes han estado elaborando durante un tiempo incalculable. Lo cual me invita a pensar, que en un espectáculo escénico hay una doble exposición entre los intérpretes y los espectadores, y allí es donde prima que cualquier arte que se exponga es un acto comunicativo: con un receptor y un emisor, entrando en un diálogo activo, que de no serlo, difícilmente nos conmoveríamos los espectadores, o los intérpretes pudiesen identificar cuáles son los caminos más eficaces para que su mensaje llegue, a los que les están dando la oportunidad de tomar el “turno de palabra”.

Por si queda alguna duda, no quiero decir con lo anterior, que quien no le guste este tipo de trabajos no vaya al teatro; sino en realidad, que nos atrevamos, nosotros los espectadores, a ampliar nuestros gustos: de ponernos a prueba. Lo que favorecerá en mayor o menor medida, a  que los intérpretes conozcan mejor a quiénes le dan sentido que la danza, la música o el teatro; sean manifestaciones artísticas que fueron diseñadas para ser expuestas en un escenario.

Dicho lo anterior, conviene entrar de lleno en lo que nos han ofrecido Anne Teresa de Keersmaeker y Pavel Kolesnikov, esto es: en mi primer lugar les reconozco que no tengo conocimientos suficientes de música, por tanto, poco puedo aportar al respecto de la ejecución técnica de Kolesnikov; no obstante, si cabe comentar que su interpretación favoreció a que su presencia en el escenario se fundiese con la escenografía, lo cual aportó momentos de contrapuntos acertados, cuando paraba de tocar, al tener de vez en cuando un cruce de miradas o cualquier cosa por el estilo, con de Keersmaeker.

Esas cosas son tan sólo un ejemplo, de lo que nos ayudaba a nosotros los espectadores a coger el hilo coherente de la pieza, dado que los movimientos de Anne Teresa de Keersmaeker, estaba en un plano tan abstracto, que no era posible extraer una narrativa fuera de un lenguaje formal ¡Y eso fue lo que me llevó a querer ir a verla! En su interpretación no faltó la precisión, la exhaustividad, la elegancia…, es posible que esta bailarina no esté todo de acuerdo conmigo, pero los años no pesan sobre ella cuando está en un escenario. Es que no he hecho en falta nada más de lo que nos ha ofrecido. Incluso, si en alguno de los que fuimos espectadores de esta pieza, existía la inquietud de que recurriese a fórmulas similares a las que apostó en sus legendarios videodanzas  sustentados con la música de Steve Reich (o si prefieren ejemplos de trabajos suyos en solitario, acompañada, o coreografiados por ella, más recientes, los mismos serán más que bienvenidos), entonces nosotros no  hubiésemos asistido, a presenciar su capacidad de ir más lejos en su lenguaje y búsquedas personales.

He de reconocer que es tentador esperar ese tipo de cosas, cuando uno va a ver sobre un escenario una intérprete del peso  Anne Teresa de Keersmaeker. Sin embargo, ella no se ha conformado con lo alcanzado hasta ahora, y de vez cuando nos sigue ofreciendo coreografías llenas de belleza, precisión; que seducen a tantos espectadores, que ha conseguido que muchos jóvenes bailarines de todo el mundo,  se “abalancen” a hacer las pruebas de acceso a la escuela “P.A.R.T.S” en Bélgica. La cual sigue ampliando su legado dancístico más allá de una serie de piezas que podrían quedarse como objetos invaluables, en las hemerotecas de la historia de la danza contemporánea.

Sin más dilaciones, tan sólo me queda dejar en claro, que hemos visto un trabajo denso y sobrio, que pudo haber hecho a más de un espectador desear, que el mismo dure menos tiempo. Pero también, se han visto pequeños gestos que concentraban sentido del humor y contrapuntos, que nos permitían no caer en un estado de letargo. Que quiero decir con esto: a mí me resultaba tan relajante ver a ambos en el escenario, que consiguieron que mi cabeza se quede en blanco durante todo el espectáculo: ha sido un regalo.

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