carrusel, crónica conciertos, música — 30 noviembre, 2017 at 11:48

The Pretty Things llena la Sala X con rock, maestría y veteranía

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The Pretty Things soldout en Sala X. Foto Juan Antonio Gamez

The Pretty Things: Phil May, Dick Taylor, Frank Holland, George Woosey y Jack Greenwood, ofrecieron un concierto espectarcular y una lección de rock, maestría y veteranía con soldout en Sala X.

Como si de una epidemia se tratase, otra canción de blues se convirtió en exitosa banda en el Londres de principios de los sesenta, y desde esta ciudad que se despertaba al rock a La Sala X han pasado cincuenta y cuatro años. The Pretty Things actuaron para un local boquiabierto desde el primer acorde. ¿Y qué hacía un grupo así en un local así? Muy fácil; la Sala X está siendo el foco de atención de un radio de acción cada vez más amplio por su oferta variadísima, y por la fama y/o el prestigio de los artistas que están pasando. Es como si ciertos conjuntos y solistas nacionales e internacionales tuvieran que hacer parada obligada en este local, que ya ha demostrado con creces lo que vale.

Por lo pronto, si la cita a priori era prometedora. Un nuevo grupo, los portugueses Veer, dieron un concierto fantástico. De ellos esperamos saber más y pronto; ese será el momento de hablar de ellos. Ver entre los asistentes a integrantes y afamados DJs de la ciudad ya era un signo positivo, ¿o sería más bien de inercia?; era poco pensable perderse a uno de los grupos que marcaron el arranque de los sesenta con un buen puñado de éxitos. Entre sus miembros estables, la guitarra de Dick Taylor (que dejó los Rolling Stones en sus orígenes porque los consideraba unos blandengues) y la voz de Phil May. Ellos son The Pretty Things al fin y al cabo, y estaban en Sevilla, un lunes cualquiera.

Dick Taylor con su Hutchins old school. Foto Juan Antonio Gamez

Si bien la voz de May no se llegó a escuchar del todo clara, el septagenario rindió sin problemas de principio a fin, interpretando un Loneliest Person de categoría. Dick Taylor estuvo fabuloso, bestial, enorme y potente. Exhibió un arsenal de guitarras, y no sólo como postureo rock; una eléctrica de la vieja escuela Hutchins semicaja con tres pastillas, en los momentos más reposados una vetustísima Grammer acústica, y también una Hofner semicaja azul con dos pastillas

La batería del jovenzuelo Jack Greenwood fue explosivamente contundente hasta en momentos de problemas técnicos graves, rápidamente resueltos. Otro nuevo fichaje, George Woosey, estuvo bien ocupado al bajo y la voz en ciertos pasajes, y un discontinuo en la banda, Frank Holland, se ocupó de más voces, guitarra y harmónica, viéndose también en apuros técnicos aquella noche, de los que salió más que airoso. Maestría y veteranía.

Frank Holland. Foto Juan Antonio Gamez

El sold out estaba claro, lo que no esperábamos más de uno es que nos dieran un recital de tanta potencia. Esperábamos la psicodelia de S.F. Sorrow. Incluso algún despierto se atrevió a adelantar que tocarían este, su álbum más emblemático, en su totalidad y dos o tres éxitos más. Para nada. El recital consistió en pop, rock y blues en plan garage, potente, alto y ágil, como los dedos de Taylor. Willie Dixon, Muddy Waters y mucho Bo Diddley pasaron por el  amplificador Selmer al sistema de sonido de la Sala X; desde Turn my Head a Roadrunner, con algo de S.F. Sorrow y singles que dejaron a David Bowie con la boca abierta, The Pretty Things nos dejaron un recital de infarto, digno de su legado (y eso es mucho), digno de pioneros de los años sesenta.

El público quedó muy emocionado, conformando otra memorable noche en la Sala X. Lo cual hace plantearse de nuevo cuestiones si se aprecia justamente el catálogo de músicos de renombrado prestigio y de brillantes nuevos valores que pasan por la sala. ¿La ciudad merece un local así? La respuesta es que Sevilla no va defraudando. Merece muchísimo la pena el esfuerzo de ir un día entre semana a un concierto, aunque sea de unos desconocidos, como no fue el caso de los Pretty Things, claro.

Jack Greenwood. Foto Juan Antonio Gamez

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