ACHTUNG!, carrusel, literatura, Odradek, opinión — 16 marzo, 2018 at 22:15

Revistas literarias en España: entre la utopía, la heroicidad y la clandestinidad

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El pasado viernes 9 de marzo asistí a la presentación del número 3 de la Revista de poesía y crítica contemporánea Crátera. Mientras escuchaba a dos de sus valedores, los poetas valencianos Gregorio Muelas y Jose Antonio López-Amor, al crítico José Luis Morante, y a la traductora Elisabeta Botan, todos empeñados en el esfuerzo que representa la revista, reflexioné acerca de la imposibilidad de lo que estaban llevando a cabo: una revista en papel en un mundo digital que se ha propuesto acabar con los libros, una revista sobre literatura en una sociedad que segrega las humanidades con un desprecio incomparablemente zafio, una revista de poesía en un mercado editorial en donde la poesía es minoritaria y está en mano de blogeros y presentadores de televisión, una revista de crítica en un país que no admite la crítica, que se alimenta del pensamiento único y que aborrece que le lleven la contraria. Curiosa aspiración a complicarse la vida la de estos amigos de Crátera.

Allí, en la Sala de Juntas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares, mientras de las paredes colgaban las orlas de algunas promociones de licenciados en Historia o Humanidades —negro, negrísimo futuro el suyo— el crítico Jose Luis Morante mencionó la importancia que las revistas literarias habían tenido en España, país de gran tradición en este asunto. Y José Antonio Olmedo recordó a una de las grandes publicaciones: Papeles de Son Armadans.

En efecto, en derredor de algunas de estas revistas literarias se han gestado Generaciones importantes de escritores, se han recuperado autores que parecían perdidos para siempre, se ha dado voz a quienes más difícil lo tenían para publicar, se han rescatado firmas tratadas con injusticia y se han dado a conocer genios noveles. En este sentido, la tradición española de la revista literaria es enorme y Crátera, por supuesto, debe insertarse en ella.

Sin ir más lejos, esos Papeles de Son Armadans nacieron al abrigo del Premio Nobel Camilo José Cela, durante su residencia en Mallorca. La revista, que existió entre 1956 y 1979, hasta que se ahogó por problemas de financiación, fue puntera en muchos aspectos. Con Caballero Bonald como subdirector, por las páginas de los Papeles pasaron algunos de los escritores más importantes de ese periodo en España, dándoseles un lugar a quienes se encontraban en el exilio. Así, además de Castellet, Dámaso Alonso o Sánchez Ferlosio, también frecuentaron la publicación los Alberti, Cernuda, Altolaguirre o Emilio Prados.

Los Papeles, además, contribuyeron activamente a la publicación de artículos en catalán, vasco o gallego, junto a una importante labor editorial editando importantes colecciones de poesía.

Otra de estas revistas importantes es Litoral, fundada en 1926 por los poetas Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, y que se mantiene en la actualidad, aunque se vio interrumpida por la Guerra Civil y no retornó hasta 1968. Esta revista, creada en Málaga, se considera decisiva para configuración de la Generación del 27. Por sus páginas ha pasado lo más granado de la literatura española, desde Lorca y Aleixandre hasta Gómez de la Serna o Dámaso Alonso, padre de la estilística.

No me quiero olvidar de mencionar a la Revista Cultural Turia, y en concreto a una de las personas que fue su alma, la escritora aragonesa Ana María Navales, durante muchos años codirectora. Turia nace en Teruel en el año 1983, por ella han pasado más de mil autores y ha dedicado monográficos a una variedad inmensa de escritores distintos: la poeta y Premio Nobel Szymborska, otro Nobel, Czeslaw Miłosz, Onetti, Magris, Virginia Woolf, Boris Vian, Bernhard…, así hasta el próximo número dedicado al escritor suizo Friedich Dürrenmatt.

Y en 1923 apareció el primer número de la Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset. Por ella pasaron algunos de los filósofos y pensadores más determinantes del momento, siendo un referente, además, en el panorama de la literatura hispanoamericana, de la cultura, del arte y de las humanidades.

Sin embargo, y pese a que todo esto me resulta enormemente atractivo, mi cariño por la Revista de Occidente proviene de que la primera traducción de una obra de Kafka a otro idioma fue La Transformación, vertida al castellano en junio de 1925, apenas un año después de la muerte del autor, y casi tres años antes de que apareciera en francés. El texto apareció como una traducción anónima en los números 24 y 25 de Revista de Occidente, bajo el título de La Metamorfosis. Desde entonces, se divulgaría con ese nombre por todo el orbe de habla hispana —y se especula con dos buenos conocedores de la lengua alemana como posibles autores: el director de la Revista, Ortega y Gasset, o tal vez el secretario de redacción, Fernando Vela—. Así de importantes son este tipo de revistas.

Y una de esas revistas que son producto de los mundos cibernéticos que vivimos, pero que lleva una tarea a cabo realmente notable a pesar de ser digital (ya me he manifestado por el papel como una forma de heroísmo), es Granite & Rainbow —nombre tomado de una publicación de Virginia Woolf, no en vano su directora, es Ainize Salaberri, escritora y traductora de Woolf—. La revista digital nació en 2010 y puede descargarse gratuitamente desde su página web: http://www.graniteandrainbow.com/

Muy interesante es su número 32 dedicado a la novela gráfica, pero invito a los lectores de Achtung! a que se den un paseo por la web y buceen en algunas entregas notables, como la 34 y la 27, siempre tratando temas de lectura, literatura, traducción…, y teniendo como referencia grandes autores.

Por cierto, tengo entendido que en 2011, y gracias a eso tan de moda como es el crowfunding, un número de Granite & Rainbow apareció en papel. Una heroicidad más en el haber de todos estos personajes empeñados en llevar la contraria cultural.

Vista la importancia de estas revistas, a las que podría añadir la legendaria El Urogallo, Espadaña —con su compromiso antifranquista y social—, La Fiera Literaria —del añorado García Viñó—, Lateral —del húngaro afincado en la Barcelona cultural, Mihály Dés—, Quimera…, todas cumpliendo con su función en relación al momento en que aparecieron (aglutinar una Generación, oponerse al régimen político, fomentar el aperturismo), debemos considerar la aparición de Crátera como un suceso gozoso, pero también hay que considerar como milagroso que ya haya alcanzado su tercer número ofreciendo las altísima cotas de calidad que contiene. Porque a mayor calidad, menor comercialidad, más clandestinidad, y en eso no cabe duda: Crátera, se mueve en la clandestinidad poética que proporciona la libertad intelectual.

Crátera es poesía vocacional, pero entiende también que para que la poesía exista debe rodearse de un aparato crítico que la sustente. Por ese motivo, los números de la revista están estructurados en dos partes bien diferenciadas, separadas por una entrevista.

Del lado de acá se ofrece poesía, en todas sus variantes. La sección de poemas inéditos de grandes autores españoles como Luis Alberto de Cuenca en el tercer número, Angel Guinda, Jaime Siles, en otros números, y después los haikus. Muelas y Olmedo son dos autores destacados de haikus, lo que se denomina haijines, están especializados en ellos, y tratan a este género con la consideración reverencial que se merece, y por ello mantienen una sección fija en la revista.

Además, se atiende a la poesía experimental y visual y se dedica un amplio espacio a la traducción de poesía de otros países: Rumanía, Grecia, Bulgaria

Después de la entrevista, del lado de allá, se abre el territorio para los amplios trabajos de investigación y para una de las razones de ser de la revista: la crítica. Así, diferentes poetas reseñan, analizan y construyen sus críticas sobre poemarios y las lecturas que han llevado a cabo, componiendo una segunda parte de la publicación completamente dedicada al aparato crítico que es como una guía, una brújula o un faro para que podamos discernir actualmente por qué complejos derroteros avanza la creación lírica.

Esta “utopía literaria” que es Crátera, tal y como se refirió a ella el crítico Morante durante la presentación, ha nombrado a una serie de delegados internacionales que la representan por el mundo: en Gran Bretaña, Estados Unidos, Rumanía, Grecia, Portugal, y que han conseguido que la publicación se presente en los Institutos Cervantes de Chicago, Londres, Leeds o Manchester. De esa forma, la revista se está convirtiendo en un referente internacional.

Es indudable que apoyar a este tipo de revistas como Crátera se convierte en una especie de acto de resistencia cultural. Crátera se trata de una provocación poética que se mueve de espaldas al mercado comercial, al capitalismo literario que todo lo inunda. Por eso, es imposible detectar ni una gota de servilismo en ella, no se reseña un poemario que no merezca la pena, ni se regalan elogios dictados por secuestros editoriales, ni se deben favores bastardos. Y eso es lo que, en mi opinión, la hace tan grande.

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