teatro — 13 diciembre, 2013 at 10:00

Raúl Tejón: «Las crisis son muy buenas»

por

Texto Carmen Socías  

Reparto de la obra «El Huerto de Guindos»

Raúl Tejón, actor y director, fue el protagonista de “Ivan-Off”, uno de los mayores éxitos del off madrileño y primera función que se representó en La Casa de la Portera. Este hombre de teatro lleva a Chéjov dentro  y esta vez se pone al otro lado y dirige una adaptación de “El jardín de los cerezos”, que a partir de ahora recordaremos como “El Huerto de Guindos”. Se representa en La Casa de la Portera de jueves a domingo, ante 25 espectadores y sin ninguna piedad, lo que quede de ustedes tras esta función solo podrán explicarlo una vez que la hayan visto. 

Con el responsable de la adaptación y dirección del montaje charlamos antes del estreno sobre la capacidad de entender el alma humana del maestro Chéjov, la incapacidad de relacionarnos con otros seres humanos y sobre la razón por la que hacemos todo lo que hacemos: “para sentirnos queridos”.

Revista ACHTUNG!: ¿Cómo llega esta adaptación de  “El jardín de los cerezos” a la Casa de la Portera?

Raúl Tejón: Llega porque yo llego a Ivan-Off porque alguien le dice a José Martret (director de Ivan-off y responsable de La Casa de la Portera)  que yo quiero montar “El jardín de los cerezos”. Él me propone hacer otro Chéjov, “Ivan-off”, y cuando lo estamos haciendo yo le dije que había que hacer “El jardín de los cerezos”. El proyecto de “El Huerto de Guindos”, adaptación de “El jardín de los cerezos”,  yo lo tenía desde hace tiempo y lo que hice fue intentar adaptarlo al espacio que yo conocía muy bien y conocía las posibilidades que me daba.

Recordando lo que fue “Ivan-off” ¿Cuáles eran vuestros propósitos?

Hacer un Chéjov. Nos juntamos un montón de personas que lo que queríamos era contar historias.  No llegamos ni por dinero ni nada, la intención era hacer un mes, dos meses de ensayos y después irnos para casa. De repente eso crece y crece y al final estuvimos año y medio.  Yo lo disfruté como pocos trabajos he podido disfrutar, por el tiempo, por la intensidad del trabajo, y por otras muchas cosas. No era mi primer protagonista en teatro, pero sí era el primero con tantísimo peso. Hacer “Ivan-off” y ser Iván eso es una lección impagable.

¿Qué día decides arrancarte en una dirección así?

Yo había dirigido antes, pero no un Chéjov y no nueve personas.  Yo tenía ganas y sobretodo mientras hacía el Iván me di cuenta de que estaba en un momento tanto personal como actoral en el que empezaba a entender algo de lo que es esta profesión y la manera de contar que a mí me interesaba investigar y hacerlo llegar a otros.

¿Cómo se convence a nueve actores para hacer este “Huerto”?

Pues te los traes a ver “Ivan-off” y dicen “alaaaaa!, yo quiero hacerlo también” (sonríe).  Yo me estoy quedando muy sorprendido porque con esto estoy pidiendo y el universo me está dando. Yo quería hacer  el espacio y José Martret (alma y fundador  de La Casa de la Portera junto a Alberto Puraenvidia), sin leer la adaptación, me dijo “la casa es suya señor, haga usted con ella lo que quiera”. Lo segundo que hice, mientras escribía y retocaba la adaptación,  fue pensar que el personaje de Andrea tenía que ser Consuelo Trujillo, y pensaba que me iba a decir que no, más que nada porque es mi maestra. Yo he tenido dos maestras de interpretación que son Catalina Lladó y Consuelo Trujillo. Pensé que me iba a decir que no porque es muy difícil ponerte a las órdenes y confiar plenamente en tu alumno.  Y de repente dijo que sí sin ninguna duda. Por una parte es muy bonito para mí porque que tu maestra te diga que sí es que algo estás haciendo bien y algo de lo que ella te enseñó aprendiste, y sobretodo yo creo que ella también tiene algo de satisfacción de decir “los niños crecen y lo he hecho bien”.  Y con los demás pasó lo mismo, a Carles (Francino) yo lo conocía porque habíamos coincidido en Bandolera y tenemos el mismo representante y al pensar en el personaje de Pedro yo pensé en un hombre potente se lo propuse y me dijo que sí. Con Nacho Fresneda me pasó lo mismo, con él me reuní un día a tomar un café y a los quince minutos a él se le estaban saltando las lágrimas cuando le contaba, y era claramente Nacho Fresneda. Al resto yo los conocía y había trabajado más directamente con ellos: Sabrina (Praga), Germán (Torres) y David (González) estaban conmigo en el “Ivan-off”, nos conocíamos perfectamente. Alicia González es mi compañera de escuela y de batalla con lo cual también enseguida me dijo que sí, renunciando a otros proyectos que le daban dinero.  Y Bárbara Santa-Cruz también había trabajado con ella, y al saber que era un Chéjov con Consuelo en la Casa de la Portera, se tiró de cabeza.

¿Qué nos cuenta “El Huerto de Guindos”?

Van a ver una historia muy sencilla. El punto de partida de esta historia es la sencillez, la vida pasa y nos pasa por encima. Es la historia de una familia que se encuentra en un momento muy crítico, han tenido un poder adquisitivo alto y de repente se encuentran en un sitio donde no pueden mantener todo ese status y toda esa propiedad., y hay una negativa de ellos a perder ese status. Es lo que estamos viviendo ahora con la clase media, y seguimos endeudándonos y nos seguimos preocupando porque el banco no da crédito, pero es que el banco no tiene que dar crédito, el banco nos ha arruinado porque hemos pedido más crédito del que debíamos. Hay que buscar otra solución no podemos seguir pidiendo crédito.  Y esto es un poco lo que pasa en “El jardín de los cerezos” (“El huerto de guindos”).  Lo interesante de todo esto es que esto se cuenta por el señor Antón (Chéjov) a finales del siglo XIX y hoy a principios del XXI seguimos en las mismas. Los cambios de paradigmas siempre se van a dar y siempre se van a repetir, pero lo que más me apetecía y por eso lo he deslocalizado, lo más chocante de todo esto es que hemos llegado a la luna, vamos a llegar a Marte, pero cuando nos ponemos delante de otro ser humano somos la cosa más pequeña, más torpe, y más inútil que puede existir en el universo, y eso es la grandeza de “El Huerto de Guindos”.  Esta función nos coloca frente al ser humano y vemos como cuando nos colocamos delante de otro ser humano, y eso pasaba en el siglo XIX y pasa ahora igual, siempre nos colocamos en el mismo punto.

Raúl Tejón | Foto Hilario Sánchez

¿Cuál tragedia de fondo en esta función?

La tragedia es esa, que nos pasamos la vida yéndonos de vacaciones, comprándonos un coche nuevo o preocupándonos por si mañana voy a perder el trabajo, “sí lo vas a perder”, y de lo que no nos ocupamos es de nosotros. De que a mí lo que me pasa es esto y me pasa con esa persona, y en lugar de buscar a esa persona e intentar resolver ese conflicto o darle una salida creativa a esa relación nos escondemos, nos apartamos, nos hacemos pequeños, y eso nos hace míseros.  Y nos pasamos la vida ocupándonos de otras cosas, de trabajar, de disfrutar, es muy de nuestra generación, yo tengo amigos que son algo parecido a lo que era el yupi de los 80, ahora sería el consultor de los 90 o del 2000, pero que realmente viven por el trabajo. Luego tengo los otros amigos que de jueves a domingo viven colgaos en la parra y metidos en una discoteca para no pensar. ¿Y tu vida? ¿Tu vida dónde queda, no? Que está muy bien, que tiene que haber trabajo y tiene que haber diversión, pero si eso para lo único que está es para tapar lo que no queremos solucionar, qué. Lo que yo creo es que lo que no queremos solucionar de ninguna manera es el no sentirnos queridos, esa es la gran tragedia. Yo creo que  todo lo que hacemos en este mundo, desde la cosa más pequeña hasta la cosa más grande,  es para que nos quieran.

¿Qué ha destapado de Raúl Tejón la dirección de este Chéjov?

Ha destapado un montón de cosas. Mis miedos a vivir, mi posición ante el amor, no solo ante el amor de la pareja sino ante el amor en mayúsculas, en cada cosa que haces. Hay personajes que hacen todo desde un sitio que es muy amoroso, de verdad, de entrega y de generosidad. Cuando ves eso tienes que mirar para adentro, y si no mirara para adentro creo que no sería actor o director. No puedo separar el crecimiento personal del profesional. Yo creo que somos mejores actores cuando mejor personas somos, y ser mejor persona no significa ser muy buenos, mejor personas significa darte cuenta de “este soy yo y así me presento frente al mundo”, con todo lo bueno y todo lo malo que soy. Y eso nos asusta también mucho porque nos pueden dejar de querer. Entonces yo lo que he tenido que hacer es “Este es Raúl, este es lo que Raúl es como actor, esto es lo que quiere transmitir como director, y ahí está, con sus aciertos y sus errores”, cada uno que saque sus conclusiones, si me juzgan bien y si no me juzgan tampoco.  Tengo que asumir responsabilidad en cuanto a lo que yo soy, lo que quiero y como me planto al mundo,  pero tampoco quiero culpas.

¿Cómo se adapta este “Huerto” a La Casa de la Portera?

Son cuatro actos, el primero en la sala pequeña y los tres siguientes en la grande. Me interesaba que el primero fuese en la sala pequeña porque me interesaba esa sensación de que llegas al lugar donde se supone que tienes que ser feliz y encuentras que es un lugar que te está oprimiendo mucho. Me parecía que esta sensación de estar aquí encerrados con una luz muy íntima era necesario para entender ese momento de los personajes. Y luego el otro espacio, con esa gran puerta, nos da la posibilidad de imaginar lo que es el jardín y todo lo que hay fuera, que también es necesario para poder imaginar la grandeza y la belleza de esa casa.

¿El teatro es el sitio de tu recreo?

El teatro es el sitio de mi recreo, de mi alma, de mi guerra, de mi lucha. El teatro es mucho para mí, mucho.

¿Qué piensas de esta revitalización del off teatral en la capital?

Yo desde que estoy en la universidad monto mi primera compañía con Sergio Peris-Mencheta, y yo he parado de hacer teatro nunca, y cuando yo no tenía trabajo nunca. En esa época cuando tú le decías a un actor que viniera a hacer cuatro funciones por dos pesetas te decía “Sí hombre, lo llevas tú claro”. Pero las crisis son muy buenas, primero porque hay un montón de gente que estaba en la profesión por otras razones que poco tenían que ver con lo artístico y que una vez que se acaba el dinero se acaba su motivación porque no pueden seguir desarrollando lo que ellos quieren, que no es ni mejor ni peor, es su elección y la mía es distinta. Y todos esos que de verdad tienen una necesidad de contar historias pues se buscan la manera de hacerlo, y eso es una maravilla. Que no cobramos, pues no, ganamos dos pesetas si las ganamos, y a veces nos da para pagar los cuatro carteles y para irnos un día de cena, pero estamos vivos.

¿Nos puedes resumir en una frase suya qué es para ti Chéjov?

Hay una frase que dice uno de los personajes: “Hace un frío espeluznante”. Y me parece que ese frío resume perfectamente lo que era el señor Antón (Chéjov) y la capacidad que tenía de conocer el alma humana. Dicen que nadie llegó realmente a conocer a Chéjov porque estaba tan por encima, no adoctrinaba, no juzgaba, y estaba por encima que no dejaba a nadie entrar en ese mundo. Era muy difícil que alguien le entendiera. La única que le acompañó hasta el final fue su hermana, tuvo una infancia terrible, abandonado por los padres con quince años en medio de la estepa, que es lo mejor que le podría haber pasado.  Su padre era un fanático religioso que le obligaba a ir descalzo a las cuatro de la mañana para ir a rezar y si no le pegaba de hostias, sin embargo él nunca en su vida habló mal de su padre. Pero hasta que se murió de tuberculosis tuvo frío.


Precisamente esta obra fue la última que escribió antes de morir…

Sí, escribiéndola tuvo mucho frío. Él no vio cómo se estrenaba. Creo que tener un pie en el otro lado ya le dio una comprensión del alma humana que era…Yo creo que es un iluminado y la grandeza de él es que no quiso adoctrinar ni hacer proselitismo, simplemente dijo “así veo el mundo, el que lo quiera entender que lo entienda y el que no lo quiera entender que no lo entienda”. Seguramente  ninguno de nosotros llegará a entender en su totalidad un texto de Chéjov.

Ficha

Título El Huerto de Guindos” de Antón Chéjov
Adaptación y dirección Raúl Tejón
Fecha y hora Jueves y viernes: 21:30 h; Sábados: 18 y 21h; Domingos: 18h
Lugar La Casa de la Portera (C/Abades, 24, bajo derecha). Madrid
Reparto Consuelo Trujillo, Carles Francino, Nacho Fresneda, Germán Torres, David González, Sabrina Praga, Alicia González, Bárbara Santa-Cruz y Felipe G. Vélez
Precio y reservas 20€ | 649397571 (de 11h a 14h y de 17h a 20h).
Duración 1h 25 minutos 

@carmensocias

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