a la intemperie, artes | letras, carrusel, opinión — 25 octubre, 2014 at 4:01

La tierra por asalto

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Por Diego E. Barros

El 75% del Gobierno de Aznar está ya imputado

A Rajoy no lo esperaba nadie y acabó atado a la Moncloa con una cantidad de escaños nunca conocida antes en el orbe peninsular si exceptuamos el accidente del PSOE en 1982; un resultado que, como el partido que lo consiguió, bien puede considerarse hoy prehistoria reciente. A Mariano Rajoy hace tiempo que se le ha puesto cara de David Crockett en la batalla de El Álamo. No importan las señales, tampoco las acusaciones vertidas en prensa por jueces, policía o Hacienda. Sigue ahí, impertérrito, agrandando su leyenda de resistente. Ayer en la enésima embestida sobre la ya legendaria Caja B del partido que preside, fue quien de escribir una nueva muesca en su cinturón de hombre tranquilo. Rajoy mata rivales y periodistas con la misma indiferencia con la que Chuck Norris se deshacía de los soldados del Vietcong. 

Fue en Bruselas, lejos del país al que no habla si no es plasma mediante. El presidente del Gobierno fue preguntado hasta en dos ocasiones sobre la imputación del ex secretario general del PP Ángel Acebes en el caso Bárcenas (una más), el escándalo de las tarjetas de Caja Madrid que afecta al exministro Rodrigo Rato ―el enésimo hueso que nos han tirado para tenernos entretenidos―, o el auto de ayer mismo del juez Pablo Ruz certificando el uso de dinero negro para pagar las obras de la sede de su partido en Madrid. El presidente es una señorona de provincias, maestro en el gatopardismo político y conocedor como nadie que son las urnas las que marcan la pauta en país acostumbrado al palo y la zanahoria como forma de gobierno.  Si hace meses reconocía que «todo es falso salvo algunas cosas»; ayer fue más allá y admitió, sin que se le moviera un pelo de la barba, que qué se le va a hacer y pelillos a la mar. «Lo que estamos haciendo es tomar todas las medidas para evitar que estos acontecimientos se puedan producir en el futuro, espero que nunca jamás se vuelvan a producir». Histórico. Como si no fuera con él. Como si fuera un recién llegado sin pecado concebido tras el dedazo de Aznar, haberse sentado durante años con Acebes, Rato y demás patriotas por el bien de España y haber despachado a Bárcenas ―«esa persona a la que usted se refiere»―, con un cariñoso «sé fuerte».  Un «no volverá a ocurrir» sin necesidad de pucheros reales en el pasillo de un hospital. Rajoy entonando sin pronunciarlas las palabras del gánster Robert De Niro en Casino: «hay tres maneras de hacer las cosas: bien, mal y como yo las hago». 

A estas alturas ya no sorprende la existencia de cajas B en el partido que gobierna el país, ni los sobresueldos, ni las comisiones, ni los alicatados sin IVA. Si algo hemos aprendido de la Mafia como organización es que la violencia es tan innecesaria como mala para los negocios. Por eso lo sorprendente sería que en el PP alguien saliera a enseñar una prueba mínima de que el partido que dirige el país ha manejado dinero legal durante los últimos 20 años de su historia. 

La semana pasada, la estrella Pablo Iglesias advirtió a los suyos de que el cielo se toma por asalto. Si lo sabremos todos, habida cuenta de que aquí en la tierra, ha sido el partido del presidente Rajoy el que no ha dejado nada por asaltar.   

@diegoebarros

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