carrusel, crónica conciertos, música, ocio — 1 mayo, 2017 at 13:30

Placebo. Más de 20 años, algo más de un concierto.

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Ya se acaba la parte melancólica. Porque esto es un cumpleaños. Y ahora viene la fiesta. Así se hacen las transiciones en un concierto de Placebo. Dejando las cosas bien claras. Me habían dicho que tenían un buen directo. Lo que no me esperaba es que me encontrara con algo más.

Tengo especial debilidad por los grupos de la época del brit pop que en aquella época, pasaron de la heternormalidad y de llevar parkas y de querer ser los nuevos herederos de los Beatles. De esos que podrías llevar de fiesta después del concierto por Chueca con una panda de drag queens. Skunk Anansie, Placebo… supervivientes a esa criba que es el tiempo. Ahí siguen.

Ahora las nuevas estrellas del Club Disney han pasado la etapa en que para pasar al público adulto se quitaban la ropa y añaden que son bi, tatuadas etc. Pero en serio, esto no fue así siempre y hace 20 años Arévalo contaba chistes de mariquitas. Placebo nunca ha dejado de estar en primera línea, con su club del odio siempre cerca y el sábado tocaba ir a su concierto.

Stefan Olsdal, guitarrista de Placebo, sueco castellanoparlante, y atractivo a más no poder. Aparece con Digital 21, música electrónica y un cuarteto de cuerda formado por dos violines, un chelo y una viola. Por si alguien duda de que es de esos músicos a los que le gusta la música. La electrónica, la clásica, la que es algo más.

Público curioso para un concierto en el antiguo Palacio de Deportes, con guiris, pocos modernos, y hasta gafas al aire y con celo. Mucha camiseta de la celebración de los 20 años en el Wizink Center. Más que nunca… Edad media alrededor de los 35. Para algunos sabes que va a ser su único concierto del año.

 

Y el concierto de Placebo empezó con un vídeo, y la gente cantaba ¿Ein? Estamos con un público que no hay que preparar, esto como va… Y empieza el concierto, y lo reconozco, tardé en darme cuenta de lo que Brian Molko estaba haciendo con nosotros. Tardé demasiado, porque maldita sea, además de tocar los temas estaba actuando, no una performance, no. Estaba interpretando sus canciones… esa parte melancólica que muchos consideraron un impasse antes del guitarreo final fue una maldita actuación. Expresiva, auténtica, con ganas… no me esperaba eso para nada. Hay que estar cerca para verlo, pero maldita sea… porque no lo hacen otros???.

Igual porque para muchos con tocar y tararear ya basta. Igual porque sus canciones están vacías. Igual porque para entender ciertas cosas hay que declararse un raro, un fuera de la norma, y seguir ahí en ese sitio incómodo dando vueltas más de 20 años. Y que te caigan palos por todas partes, aunque en el fondo de tí sepas que das algo más, y como se te nota, te arrearán el doble. Que la falsa humildad está sobrevalorada.

Y por supuesto el concierto terminó con la fiesta que esperas de un cumpleaños, con los clásicos como Special K, Song To Say Goodbye y The Bitter End.

No faltó tampoco el homenaje a David Bowie, con vídeos de él compartiendo momentos con la banda en sus primeros años proyectados en las pantallas mientras interpretaban Without You I’m Nothing. El concierto también tuvo su momento crítico contra  Donald Trump cuyo rostro aparecía sobre un paquete de Marlboro al lado de “perjudica seriamente su salud y la de los que le rodean” mientras Placebo se descargaban por casi última vez en Infra-red. En nuestra zona teníamos al más motivado guardia de seguridad del mundo, que por suerte a esas alturas del concierto ya no parecía querer asesinar a quién sacara el móvil. Ventajas de que sean dos horas y media de concierto.

Cerraron el concierto con una canción de Kate Bush, Running Up That Hill, así se cierra un buen cumpleaños, con una gran interpretación de propina y una fiesta que agradecemos que haya pasado por aquí

¿Cuál es la fecha del próximo cumpleaños? Queremos ir

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