ACHTUNG!, carrusel, internacional, opinión — 25 septiembre, 2017 at 20:17

Otro 19 de septiembre, otra oportunidad.

por

¡Caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!

Piedra de sol, Octavio Paz.

Y pasó. 32 años después volvió a ocurrir. Como si fuera una cábala maldita, un terremoto volvía a sacudir a la Ciudad de México en la misma fecha; tautología de lo espantoso.

Semanas antes Oaxaca y Chiapas sufrían daños incalculables no solo por un terremoto, sino también por una temible caricia de lluvias torrenciales del degradado huracán Max. Nadie se esperaba que el epicentro que azotaría a la ciudad de los palacios estuviera precisamente tan al centro, en el Estado de Morelos. Dos horas después del simulacro anual, que es también una conmemoración de aquél desastre natural de 1985, se volvió a vivir el terror. Las noticias empezaron a correr en ríos por todos los medios y a desparramarse en cualquier dispositivo conectado a Internet. Vídeos espeluznantes con voces incrédulas viendo fracturar su realidad, su día a día. Personas llorando impotentes ante edificios que se colapsaban como castillos de arena ante una ola trepidatoria que estaba sacudiendo sus vidas.

Como en el terremoto del 85 la respuesta fue inmediata por parte de la población. Civiles se organizaron antes que las fuerzas del orden que en ambos casos, en el pasado y en el presente, provocaron estorbo más que ayuda. De nuevo el gobierno declinaba la ayuda internacional, aunque rectificó de inmediato, algo que no hizo Miguel De la Madrid en su momento hasta días después y a regañadientes. Nos volvimos a encontrar ante el espejo del pasado. El dolor es y será inmenso. Sumará sin duda una cuarteadura más al corazón de los mexicanos. Habrá que vivir con ello, los que estuvieron ahí y los que estamos afuera. Habrá que lidiar con todas esas emociones que nacen sin nombre, tendremos que luchar por traducirlas, filtrarlas, reconocerlas y dejarlas ir para seguir adelante.

Sismo Chiapas

Esta tragedia nacional: Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla, Guerrero y Ciudad de México debería no solo de servir para una unión civil en algo tan importante como lo son salvar vidas y la reconstrucción de los destrozos. Debe ser un punto de inflexión en el que por encima de todo, los mexicanos podamos unirnos y también decir ya basta a ese desastre no natural que lleva el pueblo viviendo decenas de años y que lo sume en la pobreza y la violencia más brutal y gratuita, ese desastre se llama corrupción. Si queremos darle algún sentido a estos momentos hay que empezar a cambiar la realidad desde su cimientos.

Cuando pasó la catástrofe de Chiapas y Oaxaca pedimos como iniciativa ciudadana que el veinte por ciento del presupuesto de los partidos para las elecciones de 2018, se donara para la reconstrucción de los Estados afectados, nadie hizo caso hasta que Andrés Manuel López Obrador también lo propuso, pero el INE a través de Benito Nacif, dijo que eso sería ilegal. Hoy, después que se ha sentido en carne propia el dolor de la pérdida, los líderes de los partidos políticos tímidamente se manifiestan diciendo que están de acuerdo con esa donación. Pero ahora debemos exigir que se done el cien por ciento del presupuesto de sus campañas para las próximas elecciones se use para la reconstrucción. Muchas personas pensarán que no es tiempo de ponerse a ello, pero temo decir que es ahora o nunca. Este puede ser el momento para cambiar la realidad completa del país y exigir a la clase política que corrija su forma de actuar o nos obligarán a unirnos de forma titánica, como los estamos haciendo por la tragedia, para echarlos fuera.

Terremoto México

Como dice la sabiduría popular hay que tener un ojo al gato y otro al garabato, porque los políticos mexicanos se saben todas las artimañas para sacar provecho de una tragedia, hay que estar atentos a su actuar; a la menor declaración que den. Sí, estamos lastimados, sumidos en el dolor. Cada uno viviendo  el duelo sin saber cuánto tardará la reconstrucción emocional. Pero esta tragedia también nos brinda esperanza. No hay que permitir que esto nos nuble la memoria y se nos olvide la agenda política porque por ahí pueden volver a hacer daño, y es ese tipo daño que llevamos años padeciendo sin que juntos como pueblo podamos unirnos y decir: no más.

En el desastre de 1985, aquella generación quizá no alcanzó a tener la perspectiva histórica de poder generar un cambio radical, pero en el presente, hasta los que estamos afuera pudimos ayudar directamente. Hemos visto que el esfuerzo colectivo puede incidir de forma clara en la vida nacional de México independientemente de nuestra presencia ahí. Nos dimos cuenta de que podemos hacerlo si mantenemos esta unión y una clara organización más allá de diferencias ideológicas.

De verdad podemos empezar a cambiar la realidad que tanto criticamos y odiamos por una mejor en la que la reconstrucción no sea solo material sino también social.

 

 

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One Comment

  1. Muy cierto! Espero que como mexicanos nos despertemos y que veamos lo sensato de que luchar entre todos por todos, no solo por unos cuantos, le conviene al país entero.

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