a la intemperie, carrusel, opinión — 27 septiembre, 2014 at 10:00

Un gato en el Parlament

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Por Diego E. Barros

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«…Tu paraíso era América. Tenías tu negocio, la vida te iba bien, la Policía velaba tu sueño con la Ley y no me necesitabas. Pero ahora vienes a mí a decir: “Don Corleone, pido justicia…”

Pasada la hora larga de comparecencia, Jordi Pujol puso punto final a la farsa. Visiblemente enfadado, el ex Molt Honorable President estalló, y vino a decir: «vienen a mi casa y me faltan al respeto». No utilizó, claro, esas palabras. En su lugar dijo: «No me someteré a una causa general contra mi Gobierno», y, «exijo respeto para el Parlamento catalán». 

Cuenta una de las leyendas que rodean a El Padrino (1972) que poco antes de comenzar a rodar, Marlon Brando encontró un gato rondando por el set y decidió incorporarlo a la magistral escena que abre la película. Mientras el embalsamador Bonasera solicita al Don que se cobre venganza por la deshonra de su hija, Corleone acaricia al animal y, con pasmosa tranquilidad, habla: «…Tu paraíso era América. Tenías tu negocio, la vida te iba bien, la Policía velaba tu sueño con la Ley y no me necesitabas. Pero ahora vienes a mí a decir: “Don Corleone, pido justicia…” Y pides sin ningún respeto. No como un amigo. Ni siquiera me llamas Padrino». 

En el espectáculo del Parlament de Catalunya solo echamos en falta a un gato revolviéndose en el regazo de Pujol mientras regañaba a los diputados.

Tal fue el discurso que cuando Pujol terminó de gritar, a Jordi Turull, portavoz de CiU, solo le faltó levantarse y, de rodillas, ir a besar la mano del Padrino. CiU acudió ayer al Parlament porque sabía de la existencia de café gratis. Y buenos son los convergentes para decir no a algo que no cuesta dinero. Por lo demás, todo siguió según lo planeado y cuando languidecíamos al otro lado de la pantalla, Turull sacó el ventilador enfocando a la popular Alicia Sánchez Camacho: Y tú más. Final de la comparecencia y salida a hombros de Pujol. Entre tanto nos entretuvimos con una tangana a la que Pujol asistió pensando que para esto, mejor haberse quedado en casa con los nietos. La actuación de Turull fue tan meritoria que éste solo puede acabar en Madrid. Concretamente en una suite del Palace.

Que CiU hiciera ayer de Bonasera era lo esperable. Al fin y al cabo no hay perro que muerda la mano que le da de comer. Más teatral estuvo la oposición entre la que se encuentra, no se sabe muy bien por qué todavía, ERC. Sin pecado concebido, los republicanos practicaron la táctica del palo y la zanahoria. La zanahoria la entregó su portavoz, Gemma Calvet, y cuando el presidente de la mesa tocó la campana para que todos pudieran marcharse al recreo, corrió a besar la mejilla de Pujol como al abuelo que viene de visita. 

Teniendo en cuenta que la tradición del parlamentarismo español hace inútil cualquier comparecencia, los gestos son lo único que queda cuando las palabras hace tiempo que no valen nada. La peor pesadilla de un parlamentario español es que le pongan una comparecencia ante el Parlamento Británico o ante una comisión del Senado estadounidense. El español suda, y gime de terror como yo al escuchar las campas tubulares de El Exorcista

Desde que estalló el escándalo de la herencia de Pujol, una suerte de segunda parte de aquel famoso 3% denunciado sin querer queriendo por Maragall, hay quien dijo que venía, por fin, el ocaso de la Transición española. Pujol lo explicó ayer: «Si se toca la rama del árbol caerán todas y será su responsabilidad». Pocas veces hemos visto un titular a cinco columnas tan claro. Pero no se emocionen, el abuelo ha dicho que no ha «sido corrupto» y hoy el delfín firma ante las cámaras un papel mojado. Circulen. 

@diegoebarros

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