carrusel, música — 12 febrero, 2014 at 10:00

De Karl Bartos, Kraftwerk y el círculo en Hamburgo

por

Texto: Antonio Jesús Reyes

Foto: Stefan Malzkorns

Lejos de ser una ciudad decadente y meramente portuaria, a Hamburgo la adornan miles de modernidades. Allí mismo nos dirigimos para cerrar el círculo que comenzó con el lanzamiento en marzo del año pasado de Off The Record de Karl Bartos y la actuación en el Sonar de Kraftwerk en junio en Barcelona. Recapitulando, Kraftwerk nació como un grupo de rock progresivo electrónico y alemán, es decir, Krautrock. Tras tres álbumes aún inéditos, el éxito de Autobahn (1974) fue enorme y transatlántico. La calidad y el eco de Radioactivity (1975) y Trans Europe Express (1977) aún resuenan, sin embargo lo que quedaba por llegar no fueron en absoluto obras menores. Los fundadores Florian Schneider y Ralf Hütter decidieron escuchar lo que tenía que decir Karl Bartos en materia compositiva. Así pasó Bartos de encargarse (junto con Wolfgang Flür) de la mera percusión electrónica a también firmar las canciones de Kraftwerk. Esto supuso que quedara la impronta de Herr Karl en la mitad de los álbumes, es decir, en más de la mitad de los temas más recordados de la banda incluidos en The Man-Machine (1978), Computer World (1981), el single Tour de France (1983), Electric Café (1986) y los remakes de The Mix (1991). Esto significa que la banda le debe muchísimo del premio Grammy a toda la carrera que en este mismo mes de enero se le ha concedido. ¿Qué ocurrió cuando Bartos dejó Kraftwerk por no aguantar la lentitud (o excesivo cuidado) del trabajo? Kraftwerk tardó doce años en publicar un álbum, el aburrido Tour de France Soundtracks (2003) que siguiendo la misma senda del single Expo 2000 (1999) confirmaba que la magia había desaparecido casi por completo. Bartos, mientras tanto, ha estado explorando el techno-pop (del que fue uno de los padres) y el pop con acierto, siempre en movimiento, y sin aburrir, bajo el nombre de Electric Music, Electronic y el suyo propio, rodeado de lo mejorcito del pop. Sus dos últimos trabajos son Communication (2003), que aunque algo lineal no está exento de grandes momentos, y Off the Record (2013) que nos pilló por sorpresa. Karl recopiló grabaciones que procedían décadas anteriores y que no llegó a usar en su momento para así crear una obra de ellas, es decir un gran álbum.

Demasiadas preguntas y grandes canciones en solitario y con Kraftwerk como para rechazar la tentación de viajar y ver en directo a uno de estos, digamos, Beatles electrónicos. La cita fue en Grüenspan, un local ni grande ni pequeño, elegante, moderno y de muy buena acústica. Andando hacia el lugar de la actuación, algunas fachadas de neón nos eran muy familiares. Averiguaríamos el porqué durante la actuación. Una vez en Grüenspan, a pocos minutos de la actuación y desde la primera fila, percibimos que el rango de edades era bastante grande, si bien un gran número rondaba los cuarenta. Junto al escenario, una adolescente de, como mucho, veinte años, esperaba pasárselo en grande. El fondo del escenario, tres enormes pantallas juntas proyectarían atractivas imágenes (en 2D) de temática afín a las canciones, pero antes, y con sonidos electrónicos de fondo, sólo reflejaban sobre un fondo verde interferencias de otros tiempos. El recital comenzó con la llegada de Mathias Black a la izquierda del escenario, luego Robert Baumanns a la derecha. Saludando entró Herr Karl arrancando con la fuerza de “Numbers”/”Computer World” de Kraftwerk. Un comienzo contundente al que le acompañaron dos temas de su obra en solitario, “The Camera” y “I’m the Message”, enormes sucesores de “The Robots” (Los arreglos de este último tema arrancaron una gran ovación entre el público) La celebérrima “The Model” y “Trans-Europe Express” también se hicieron oír, siendo este último tema el único que no estaba firmado por Bartos de todo el recital. Durante “The Model” además de modelos femeninas de tiempos pasados, aparecieron Karl y Wolfgang Flür a la percusión, de jóvenes, sin rastro de Florian y Ralf, mismo tipo de omisión que hacen estos en sus proyecciones. En cuanto al sonido, y al igual que en los conciertos de Kraftwerk de hoy en día, es difícil saber qué está pregrabado y qué no. En este caso, la balanza se inclina a favor de nuestro protagonista de esta noche. Los temas pretéritos se sucedieron, y no fue hasta el undécimo, “Atomium”, cuando Herr Bartos comenzó a mostrar los nuevos temas, los de su flamante Off the Record. Le siguió la fascinante “Nachtfahrt”, la llamada directa a la pista de baile de “Musica Ex Machina” y el techno-pop perfecto de “Without a Trace of Emotion” cuyo videoclip se proyectó tras los tres protagonistas de la noche… y en cuyas imágenes se ven unos edificios familiares y luces de neón, que son ni más ni menos que las de la avenida perpendicular a la calle donde nos encontrábamos, Reeperbahn, en Sankt Pauli, parte del barrio rojo de Hamburgo. Tras esta canción que refleja la agridulce fama de Herr Karl, el quinto tema de Off the Record fue, “Rhythmus”, luego “Life” para el que Bartos dejó los teclados y demás aparatos y se fue al extremo derecho a cantar, esta vez ya sin máculas ni voces robotoides acompañándole. “Life” era una de las apuestas de pop con sintetizadores de Electric Music, una apuesta que ganó en estudio y allí mismo en el Grüenspan. Quizá la cresta de la ola de la noche fueron los tres temas siguientes, “Computer Love” junto a “Pocket Calculator” y “Tour de France”. Nuestra adolescente de primera fila así lo atestiguaba con euforia. Tres temas de Communication (2003), “Interview”, la warholiana “15 Minutes of Fame” y la robótica “Ultraviolet” parecían cerrar el concierto. La vuelta de nuestro trío electrónico de la noche fue “Neon Lights”, del gran The Man Machine (1978). No fue suficiente y los músicos volvieron para despedirse del Grüenspan con “TV”, de la encarnación de Bartos como Electric Music, una canción y/o título que bien podría haber entrado en Computer World, y que por su calidad y temática, es un agujero negro en la discografía de la banda. Los asistentes pudieron acabar la noche llevándose un autógrafo y estrechando la mano de uno de los músicos que desde los años setenta ha puesto banda sonora al futuro que nos alcanza y pavimentado el camino de la música electrónica. Kraftwerk y Bartos perdieron con la salida de este del grupo; se centran en dar conciertos por todo el mundo, pero una vez en estudio su rendimiento es escaso en número e interés. Su música ha perdido la melodía y el encanto. Por otro lado Bartos está eclipsado por las canciones y el nombre de aquella, su primera banda. Sin embargo esto no es una tragedia. En caso de elegir uno u otro, elijamos los dos.

Saliendo del Grüenspan, nos informan de que justo al lado hay un club llamado Indra. Allí, unos imberbes de Liverpool comenzaron a tocar profesionalmente por primera vez en agosto de 1960. Este mismo grupo en este mismo enero también han sido galardonados con el mismo premio en la misma ceremonia que Kraftwerk. Hamburgo bien merece más de una noche.

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