carrusel, cartas desde, internacional — 8 Enero, 2014 at 10:00

Cosas que he aprendido de Marruecos

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Cartas desde Marruecos

Por Carlota Miranda Largo 

Que despierto es como mejor se sueña.
Que sólo somos realmente felices cuando tenemos alguien con quien compartirlo.
Que no se puede exigir respeto si no se tiene la más mínima intención de respetar.
Que la ignorancia es tan atrevida que asusta.
Que de Madrid para abajo ya es Marruecos.
Que muchos mueren intentando encontrar lo que a ti te regalaron nada más nacer.
Que, con todo el cariño del mundo, somos igual de gitanos que ellos.
Que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.
Que hay sitios en el corazón donde las palabras no hacen caso a la razón.
Que hasta que no dejemos de creer que somos el ombligo del mundo no habremos madurado.
Que no somos nada y sin pasta aún menos.
Que el efecto mariposa está siempre presente, mires donde mires.

Que sólo somos verdaderamente libres cuando no tenemos nada que perder.
Que las apariencias engañan. Y mucho.
Que la única verdad está en los ojos del que mira.
Que esta vida son dos días y el primero ya fue ayer.
Que es horrible que a una persona en una iglesia se la llame creyente y a un musulmán en la mezquita se le tache de presunto aprendiz de terrorista.
Que los niños marroquís son una auténtica pasada.
Que somos lo que hemos vivido, no lo que nos han contado.
Que no siempre hay respuesta a las preguntas.
Que lo de ‘ser más listo que el hambre’ me lo enseñaron aquí.
Que la prisa mata, amego. Y que la pachorra remata.
Que no es cuestión de idiomas, es cuestión de comunicación.

Que tus quebraderos de cabeza para otro son simples anécdotas.
Que hay gente que hace las cosas de corazón, no buscando algo a cambio.
Que las experiencias compartidas son mejores experiencias.
Que, aunque estamos convencidos de lo contrario, somos los más tontos del planeta.
Que algunas personas tienen una fe tan fuerte sencillamente porque es lo único que de verdad les pertenece.
Que lo diferente es especial.
Que la pobreza no es deshonra si se vive con dignidad.
Que tener dinero y tener calidad de vida son cosas muy distintas.
Que renegar de un pasado común no muy lejano es tan triste como injusto.
Que no es el tono de la piel lo que interesa, es el tono con el que te expresas.
Que comparar culturas y creer que una es mejor que otra es un tremendo error.

Que entre robar por necesidad y robar por vivir mejor aún hay una enorme diferencia.
Que sólo se vive una vez pero se mueren demasiadas.
Que para juzgar a una persona hay que conocer su historia.
Que con muy poco se puede ayudar mucho a otra gente.
Que me encanta la palabra ‘magrebí’.
Que la verdad no es única.
Que si se acaba el mundo, ellos sobreviven.
Que Marruecos sacude la vida de todo el que lo visita con ganas de ser mejor persona.
Que no hay mayor ciego que el que no quiere ver.
Que no es que tengamos miedo a otras razas; es que tenemos miedo a la igualdad.
Que la felicidad sólo es eterna mientras dura.

Que aquí hacemos cosas que no queremos para conseguir mierda que no necesitamos.
Que para poder hablar primero hay que saber escuchar.
Que, a la larga, sólo tienes lo que das.
Que luchar por la libertad es algo más que odiar al opresor.
Que, mientras allí cada día son más espabilados, aquí cada vez somos más borregos.
Que nunca he conocido un idioma con tanta personalidad como el árabe.
Que en Occidente tenemos el reloj, pero en Marruecos tienen el tiempo.
Que cuando vives de forma muy intensa corres el riesgo de llorar un poquito.
Que no porque el otro sea poco tolerante nosotros tenemos que serlo menos aún.
Que lo que la mayoría llama ‘vida’ no tiene nada que ver con esa palabra.

Que basta con ponerse en la piel del otro para cambiar nuestra forma de ver la vida.
Que si no lo has vivido no lo puedes criticar.
Que el que menos tiene es, a menudo, el que más comparte.
Que la música es el lenguaje universal.
Que si sólo criticamos y no hacemos nada por ayudar, es mejor callar.
Que cuando crees tener todas las respuestas el Universo te cambia todas las preguntas.
Que no somos conscientes de la inmensa suerte que tenemos, a pesar de todo.
Que el corazón es la única bandera y de ahí, sí, cada uno vive a su manera.
Y que… y que ojalá supiéramos reír como lloran en Marruecos.

Puedes conocer más historias de Marruecos en el blog No es Nada Personal

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