carrusel, Chico bisex busca — 21 abril, 2015 at 8:23

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Por A.C | Fotografía Cain Q

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Hace ya dos semanas que pasé la noche en casa de Samuel. Acaba de irse hace un rato, le dijo a Eva que iba a la redacción a terminar un reportaje. Está muy bien que le sea fácil poner ese tipo de excusas, el problema es que mi curro limita bastante el tiempo que podemos estar juntos. Hoy ha sido la cuarta vez, siempre en mi casa porque lo de aquel domingo fue una excepción feliz. Eva está en el paro y no hace otra cosa que esperarle. No es que yo quiera sacarle el tema, no soy un gilipollas que necesita que la otra persona cambie su vida de la noche a la mañana por mí. Pero quiero a Samuel. Es la primera vez que puedo decirlo y no sonar falso. Lo digo y de inmediato hay algo que me inunda, me domina, algo que prueba que estoy vivo. Nunca me llegó a pasar con Alberto o con Marta. Y lo intenté, pero ese es el problema: no es algo que se intenta, es algo contra lo que te resistes.

Siempre he creído que el sexo en pareja no podía ser crudo, extremo, violento. En mi idea del amor, debía ser algo distinto de todos esos encuentros marcados por la búsqueda de algo que, de alguna forma, me recuerda a la muerte. He arriesgado demasiado, he vivido demasiado, he follado siempre que he tenido oportunidad y sé perfectamente que un chico como yo puede tener lo que quiera si lo que quiere es follar en una ciudad como Madrid. El milagro es que no haya sido chapero salvo por curiosidad. No me daba cuenta o, mejor dicho, no quería asumir que todo aquello era deshumanizante y quizá de ahí esa convicción de que, si un día cometía la torpeza de enamorarme, renunciaría a la sordidez y aceptaría un sexo más “normal”, un sexo que compensaría la ausencia de sorpresa con la satisfacción que te puede dar quien ha descifrado tu placer, alguien que conoce tu cuerpo y lo toca con la precisión de un virtuoso que se sabe una partitura de memoria y puede ejecutarla con los ojos cerrados. Me equivocaba.

Mis compañeros de piso aún iban a tardar en llegar. Había abierto una litrona y Samuel y yo estábamos sentados en el sofá poniendo vídeos musicales de Youtube en la tele. Hablábamos del reportaje que sí es cierto que tiene en mente, el que le había contado a Eva que iba a terminar en la redacción. La idea (un debate ficticio entre Esperanza Aguirre y Manuela Carmena lleno de humor y mucha mala baba contra la primera) me parecía genial. Nos partíamos de risa con todo lo que se nos ocurría y hasta creo que usará algunas de mis sugerencias. No sé, estábamos realmente a gusto, pero yo quería follar con él. El tiempo pasaba y no faltaba mucho para que empezara a mirar su móvil por si tenía un whatsapp de Eva. He estrechado sus manos, me vuelven loco sus manos. Las mías son pequeñas, casi femeninas, pero las suyas son inequívocamente de hombre: grandes, de tacto algo más áspero, con unos dedos largos pero armoniosos que solo quiero tener sobre mi piel. He llevado su mano derecha a mi cara y he forzado un cachete como jugando, y luego otro un poco más fuerte, y otro… Creía que podría no gustarle, que tal vez estaba yendo demasiado lejos, pero enseguida se ha liberado de mi guía y ha tomado él las riendas. Entre bofetón y bofetón me oprimía los labios con sus dedos y apresaba mi boca entre sus mandíbulas. Yo cerraba los ojos, no era capaz de mirar. Mis mejillas ardían y lo único que quería era que hiciera lo que le diera la gana conmigo. Me ha desabrochado los botones de la camisa y me ha mordido por todo, cada punzada de dolor más y más intensa. Samuel se recreaba en una posesión absoluta que yo le entregaba por mi propia voluntad. Incluso ha empezado a descargar puñetazos en mi estómago, en mi vientre, en mi paquete que sentía reventar contra la cremallera de los vaqueros… Al límite de mi resistencia, me he atrevido a mirarle. Entonces he encontrado sus ojos clavados en los míos y he visto lo que siempre había imaginado que era el amor en una mirada. Lo he reconocido, eso es todo. Me he salido de mí: le he agarrado por los hombros, le he dado la vuelta hasta montarme encima de él y le he hostiado sin compasión. Ya no dejábamos de contemplarnos ni un instante y yo sabía que todo el tiempo él me estaba pidiendo más. He hundido mi boca en la comisura de sus labios y no he cedido en mi dentellada hasta que he sentido el sabor de su sangre mezclada con mi saliva.

-Eva va a preguntarme por esto.

-Lo siento, no me has pedido que parara.

-Lo sé…

-Sabes que lo habría hecho, ¿verdad?

Esto lo hemos hablado ya en la puerta. Yo desnudo, él en el umbral. Acababa de follarle por primera vez, ningún tío se lo había follado en estos dos años que lleva de bisex.

-Igual es que no me importa.

-Igual es que te quiero, pero no te asustes.

Me ha sonreído, estaba más guapo que nunca. Me ha puesto las manos en la cintura y me ha besado, su herida aún estaba abierta y ha vuelto a sangrar un poco. 

Le he abrazado fuerte, he sentido todo su miedo.

Ahora yo también tengo miedo.

} continuará

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