La canción de Javier

por
Foto: Jon Ly

De camareras, sangre y caminos que no existen

Javier no puede dejar de mirarla. La camarera sonríe. Ella se acerca, le llama cariño y le invita a un café. Él le presenta al tipo que hay sentado a su lado. Dice que es amigo de la infancia, que quería que se conocieran. No alcanzo a escuchar la presentación, así que ni ella ni el amigo tienen nombre. Se dan dos besos. La camarera vuelve al trabajo, antes le llama por su nombre, Javier, y le come la boca. Él sonríe, como el mayor de los imbéciles. Su amigo sin nombre se da cuenta y se lo comenta.

—No puedo hacerlo de otro modo—contesta Javier—. Llevo dos meses con esta cara.

—Quizá sí que hayas acertado, esta vez.

—Puede. Pero no siempre será así. Funciona hasta que deja de hacerlo. Lo he visto otras veces.

—Entonces, no sé por qué estás con ella.

Como si tuviera otra opción.

No, no la hay. No existe otro camino. Las canciones suenan y es de cobardes dejar de bailarlas solo porque sabes que en algún momento terminarán. He estado allí. Todos lo hemos hecho. Así funciona. Las cosas ocurren sin ningún motivo y las dejamos pasar hasta que las perdemos de vista.

También he puesto cara de imbécil. También he visto el olvido en sus ojos, y he descubierto el final del camino debajo de ellos. Javier tiene razón. Ahora parece que solo suene su canción y tengan la pista de baile reservada para ellos, pero nada dura demasiado tiempo si es verdaderamente intenso. El silencio llegará y tocará sangrar.

—Creo que dramatizas. Ella no es Marta —qué triste, la cantidad de nombres propios que apadrinan las cicatrices del pasado—. Será diferente. Puede que esta vez sea para toda la vida. No lo puedes saber.

“Toda la vida” también termina. Todo desaparece, en algún momento. Quizá esté empezando, quizá se acabe en poco tiempo.

—Si tan claro lo tienes, ¿qué piensas hacer?

Él lo mira. Sonríe y no contesta. Yo sé lo que hará Javier, y lo sé porque es lo que hacemos todos. Nada. Absolutamente nada. Disfrutará del baile mientras espera a que llegue el silencio. Luego se secará la sangre y buscará otra canción.

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