crónica conciertos, música — 1 julio, 2017 at 13:44

Iván Ferreiro, conciertos y canciones para el tiempo y la distancia. De vuelta a Casa en la Riviera.

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No quiero volver a escribir una crónica sobre Iván Ferreiro. No. Paso. Aunque me dieron dos cervezas por entrar con pase de prensa. Aunque me regalaron un llavero. Para la próxima me compro la entrada, y me dedico a ese momento fan. Todo el tiempo. Cada vez me gusta más. Quiero subvencionarlo con mi entrada y la de un acompañante. Quiero llegar, disfrutar y corear todo el rato. Quiero guardarme la parcialidad donde me quepa.

Quiero saber donde dará el próximo concierto. ¿Era el último?… bueno, el de esta Gira Mahou (gracias por la cerveza, se os quiere)… Me voy a peregrinar por el Granada Sound, por el Dcode, por el Gigantes en Guadalajara… Ser ridícula y absurda. Comprarme un libro que trata sobre él. Seguir amando a su público como lo amé ayer. Quiero repetir. YA.

Apareció con barba y el pelo rizado expandido. No sé porque todos los que llevan barba me recuerdan a Álex de la Iglesia. No sé porque todos los que llevan pelo rizado expandido me recuerdan a Abraham Boba. Menos mal que no tardó mucho en coger esa pose Iván… ya sabéis, brazo doblado en la cintura… Se le veía cómodo, en ese Ferreiro que se ha llamado músico de mierda a si mismo y que se aleja del postureo de los asesores de imagen como la peste. Ese que nos gusta tanto, pero nos lo encontramos en formato estoy cómodo y interactivo

Empezó con Me toca tirar, en piano y siguió con Tupolev canción reconocida y coreada aunque sea de su último álbum. Preguntó cuantos habían ido a todos sus conciertos. Muchos se reconocieron como frikis sin remedio… en este último año lleva pasando por Madrid tres veces, y sus conciertos están hasta arriba. Mientras escribo estas líneas y escucho la canción que tocó después El bosón de Higgs me pregunto en que momento sus canciones se han ganado un hueco en la música que más me emociona.

Pero que estuviera gozando de la situación y coreando como si el mundo se acabara al día siguiente no impidió que viera que estaba más rodeada de treintaymuchos que de veinteañeros. Que me sintiera sorprendida por un Ferreiro interactivo y invadido por un punto de estrella millenial que no sé de donde ha salido. Me preguntaba que es lo que hace que ese público se reúna un día y otro en Madrid para ver al señor Iván Ferreiro. Con las canciones nuevas, con las de siempre, con insurrección coreado de una manera brutal.

Supongo que es amor, o si no se le parece mucho. Iván ama la música y regala en el final de sus conciertos parte de éxitos de otros como Diecinueve de Maga que nunca falta en su final de fiesta.

Y dormíamos tan juntos que parecíamos siameses, y medíamos el tiempo en latidos …

Aprecio, amor, cariño de alguien que se desligó de Los Piratas para marcarse unas canciones (hay vídeos que lo demuestran).

Con una bata de señora que tiene huerto y quehaceres de ama de casa como uno de los homenajes más surrealistas que se pueden hacer a tus temas favoritos.

Por esto y por darnos un conciertazo toca repetir. Y si no lo conocéis os aconsejaría probarlo. Iván Ferreiro engancha

 

 

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