carrusel, crónica conciertos, música — 5 febrero, 2018 at 0:05

Goran Bregović, a la carga en el Teatro Price de Madrid

por

Su música dispara ráfagas de felicidad, pura vida que arrastra a todo aquel que se cruce en su camino sin entender de edad, nacionalidad, estrato social o religión. Su directo es un chute de energía que como señala la ley de la conservación de la energía… hace que todo se transforme. Según sus propias palabras, “La música balcánica es un acto de tolerancia en sí y creo que sí conecta con un público muy amplio alrededor de todo el planeta”.

Goran es un habitual de nuestra escena. No ha pasado ni medio año desde su última visita en verano actuando dentro del Festival Río Babel junto a Residente, cuando ya lo tenemos de vuelta con un nuevo proyecto debajo del brazo. En esta ocasión venía a presentar Three Letters From Sarajevo, un álbum en el que ha contado con músicos cristianos, judíos y musulmanes procedentes de diferentes países para demostrar “a través de la música que podemos vivir juntos con nuestras diferencias”.

El Teatro Circo Price de Madrid le recibía con los brazos abiertos y aforo completo en su segunda cita española tras Barcelona la noche anterior y Burgos al día siguiente y gran expectación por parte del público donde algunas mujeres de las primeras filas habían venido vestidas para la ocasión con sus faldas y pañuelos de zíngaras.

Tal era tal el ambientazo entre las primeras filas que al arrancar el concierto con los músicos vestidos con sus trajes tradicionales atravesando el patio de butacas de uno en uno mientras tocaban sus instrumentos y se reunían al frente del escenario antes de subir para unirse al resto de músicos de la Orquesta de Bodas y Funerales, no sabías bien quienes formaban parte de la banda y quienes del público. Finalmente la orquesta se presentó en su versión reducida, 9 integrantes incluyendo al propio Bregović pero hay ocasiones en las que puede extenderse hasta 37 músicos.

La orquesta está integrada por Muharem-Muki Redzepi mano derecha de Bregović y también cantante en gran parte de los temas y también al goc (bombo tradicional serbio), Bokan Stanković (primer trompeta), Dragić Velićović (segunda trompeta), Stojan Dimov (saxo y clarinete), Aleksandar Rajković (primer trombón), Miloš Mihajlović (segundo trombón) y las voces de las cantantes búlgaras Daniela Radkova-Aleksandrova y Ludmila Radkova-Traikova junto al propio Bregović a la guitarra y bajo eléctrico.

Bregović sale al escenario y ocupa su puesto entre el resto de integrantes de la orquesta deslumbrando con su característico traje blanco nuclear incluido el calzado en contraste con el negro del resto de componentes de la banda. La fiesta se da por inaugurada al son de Maki, Maki, arrancan muy fuerte y mantienen el jolgorio y subiendo a lo largo de las dos horas de espectáculo descorchando canciones una tras otra sin compás de espera como Presidente del Champange for Gypsies del 2012 recordando a los Gipsy Kings que estuvieron al frente en la grabación. Para inmediatamente después saltar al presente con el trabajo que nos ocupa Three Letters From Sarajevo brindando con su  Vino Tinto y Pero, ambas interpretadas por Bebe en el disco y este es mi único “pero” del concierto. Las voces de Daniela y Ludmila son maravillosas pero no es lo mismo cantando una letra en español y se queda muy lejos del “sentir”  con el que las emborracha Bebe. Redzepi es el encargado de dar la réplica al cantante bereber Rachid Taha con el tema Duj Duj y SOS del álbum que presentan y del que también suena el Baila Leila en voz de las hermanas Radkova.

La fiesta no para y aún quedan muchos cartuchos por explotar. El público está desatado y las butacas sobran. Y así es como van llegando todos los grandes clásicos de Bregović, los de sus colaboraciones en bandas sonoras con Emir Kusturika como el Ederlezi de Tiempo de gitanos. Gas Gas y Balkaneros no hacen más que acelerar el ritmo de la sala y hacer que tiemblen las gradas.

El ritmo es trepidante y siempre de subida y sin haber abandonado el escenario en toda la noche porque los temas se han ido entrelazando unos con otros sin dar oportunidad a que el espectador sintiera la tentación de recuperar su butaca sabemos que se aproxima el final cuando empiezan a sonar los primeros acordes del Bella Ciao que se entrelazan con el sonido de la trompeta que nos llama a filas. El 1, 2 ,3… A LA CARGA que cierra la noche con Kalashnikov donde otro mundo es posible si lo cargas con FELICIDAD!

Deja tu comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *