ACHTUNG!, achtungrafías, animación, arte, carrusel, cine | tv, reportajes — 19 julio, 2018 at 21:20

Festival Annecy 2018 Volumen 1 Referencia mundial del cine de animación

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Disclaimer:

Este no es un texto al uso como reportaje sobre el festival de animación de Annecy, la intención es que el texto exista más como una experiencia de vida, corta y fugaz, pero con la fuerza suficiente para ser contada.  De enmedio hacia atrás. De forma cóncava o convexa. Su único patrón es irregular y se compone del recuerdo con un puñado de notas malescritas en la oscuridad de las salas de proyección. Es un ejercicio de pura memoria e imaginación. Léase con precaución.

Todo empezó ya iniciado. De camino a Aneecy llegó la noticia de un inmigrante cazado literalmente por un italiano en el sur de Italia; Calabría para ser exactos. El italiano le disparó con una escopeta de perdigones y después persiguió a otros dos inmigrantes causándoles heridas. Esto llevó el pensamiento a esa voz, ya sin rostro, en algún festival -o encuentro del mundo animado- en el que alguien se refirió a la problemática con un “Es que hay demasiadas animaciones sobre refugiados e immigrantes”.  ¿Será verdad? Pensé. Había visto diez cortos animados detro de una cantidad ingente y muy diversa de animación el año anterior. ¿Importa que la animación hable de democracia, movimientos sociales y fenómenos de inmigración derivados de guerras mezquinas? No olvidemos que la animación desde sus inicios se usó -y sigue usando- como propaganda. La animación no es inocente.

¿Importa un contenido ético y profundo o basta con la intención de entretener? Las dos opciones son válidas pero la segunda tiene mayor peso y es la que marca la pauta en las formas del negocio, pero no del mensaje. Lo mejor que puede pasarle a la animación es encontrarla con calidad y contenido, independientemente de su origen: de grandes estudios, artistas independientes, de estudiantes, colectivos, etc… Algo cómo lo que me pasó al ver La Chute, La casa del lobo, Boleistraat 11, Funan, The tower u Another day of life. Pero eso es futuro.

 

FADE IN

EXT. ESTACIÓN DE AUTOBUSES. ANNECY. DÍA.

El día era nublado y húmedo, la lluvía se mantenía en un estado de indefinición. Por el momento todo parecía cotidiano en la ciudad.

Llegué a Annecy sobre las 12.30 de la tarde.  Al bajar del autobús comenzé una charla con una joven italiana -que venía en el mismo autobús desde Chambery- recién llegada a Europa después de estudiar animación en Canadá. Me contó su historia y que asistía a MIFA para ver sus posibilidades de encontrar trabajo y establecerse en algún país europeo. La alegría y la incertidumbre se reflejaron en un brillo y sonrisa permanente mientras desgranaba sus planes convencida de que su futuro rondaba por Annecy. Nos perdimos la pista después de que llegamos a las oficinas de información en Bonlieu para rercoger nuestras respectivas acreditaciones.

FADE OUT

Al entrar a la oficina de prensa la primera reportera de animación que vi fue a Ana Sturm  nos saludamos cortésmente pero se veía contrariada pues algo no andaba bien con su acreditación como jurado FIPRESCI.  Después de obtener el kit de prensa, caminé hasta el hotel que estaba a escasos 3 minutos de las salas en Boneliu. No recordaba que había cambiado la agenda de proyecciones previendo que podría llegar más tarde a Annecy y pensé que podía descansar un poco, pero al revisar el networking space del festival descubrí que estaba a tiempo para mi primera ronda cortometrajes.

¡Lets do this thing!

El ambiente en la grande salle del teatro Boeliu era de una alegría jovial y contagiosa. Los aviones de papel surcaban el cielo de la sala haciendo garabatos en el aire mientras otros tantos yacían por el suelo decorando el tapiz. Los aviones que llegaban al  escenario se celebraban con aplausos sinceros y rabiosos. La enorme sala se abarrotó a ritmo de GIFS en mi celular. Las luces se apagaron y la magía empezó.

 

Notas rápidas dentro de la sala.

Weekends de Trevor Jimenez. Un cortometraje de muy buena factura con el difícil tema de la separación familiar, y del pequeño hijo que es quien más lo sufre viendo las vidas de su progenitores intentando empezar de nuevo. El filme es un buen ejercicio estilístico e impecable en su narrativa, pero en ciertos momentos un tufo maniqueo y dulzón se desprendía de la pantalla. Al final descubrí que este filme se hizo con el co-op program de Pixar. Sin quitar mérito este filme me conmovió.

 

Después vino Guaxuma, de Nara Normande. Un corto intimista Brasileño, rico en técnicas que nos narra la historia de dos amigas que pasaron la infancia juntas para después ser separadas. Podría a ser una canción de bossanova animada que cuenta de forma romántica, nostálgica y repleta de creatividad, el amor de las mejores amigas. La historia termina y me deja con ganas de querer ver más.

Un corto animado de John Morena, Slurred que se podría entender como un concepto visual o parte de un ejercicio, pero que para mí me supo a chiste animado. Corto y directo. Reflexivo pero fugaz. Nada impresionante.

 

Happiness de Steve Cutts, fue el primero en emocionarme y con el que logré conectar. Si bien la idea no es nueva, el acercamiento y la forma al tema del consumismo desmedido lo narra con agilidad visual y de forma tan clara que es no es difícil verse reflejado como parte de una sociedad alienada y esclavizada en lo que pareciera una compra incesante e interminable de “felicidad”. Depresiva, inteligente y divertida.

Este filme se llevó el premio de inovanción creativa de Canal +.

 

Ride. Paul Bush firma una animación hecha entre Portugal y Reino Unido. Un viaje en motocicleta, que en el estilo Bushiano, se vuelve un viaje mágico y dinámico en el que la sobreimposición rápida de diversos modelos de motocicletas se torna en un ejercicio visual que deleita la retina. Es quizá lo mejor que ha hecho Paul Bush en los últimos años. Entusiasma visualmente pero no alcanza a emocionar.

La muerte, padre e hijo, es un cuento en stop motion que nos cuenta la historia del día a día de la muerte y su hijo. Las cosas se tuercen cuando el pequeño quiere ser un ángel guardian en vez de continuar con el trabajo de su padre. Tiene momentos muy buenos y otros discutibles. Es una historia que logra reírse de la muerte. Aunque no cautiva por completo, el filme logra terminar sin que merme la atención.

Después de este primer pase salí satisfecho y contento por que el programa me pareció bastante bueno en su conjunto. Tomé el rumbo hacía la sala Pathé número 6 en la que se proyectaría El capitán Morten y la reina araña.

Había tenido la oportunidad de ver unos avances de esta animación años atrás en el festival Anima&Etiuda en el que Kaspar Jancis dio un master class muy entrañable y divertido. El stopmotion, técnica poco usual en los trabajos previos de Jancis, sale airoso de la película animada más costosa y arriesgada en la historia de Estonia. En el filme hay nombres como el de Riho Unt y un gran equipo de Nuku Films. Sin embargo la imaginación desbordada del relato (basado en libro ilustrado del mismo autor-director) por momentos flaquea y en otros parece tomar un dinamismo que no termina de cuajar. Aún así está película supondrá un clásico para una generación de niños a los que aún les guste el stopmotion, ya que nos regala la magia del todo hecho a mano. Animación de la vieja escuela con pequeñas ayudas digitales. Al acabar el filme todos aplaudimos con la justa y sincera intensidad. Tenía que salir rápido porque debía llegar a otra proyección, pero antes me detuve ante la silla de Kaspar y le saludé para despedirme, nos dimos la mano sin concretar gestos concretos de camaradería. Kaspar Jancis es un animador muy particular al que hay que seguir de cerca.

Más tarde…

Llegué con breve retraso a la proyección de Virus Tropical pero no el suficiente para no comprender lo que pasaba en aquella historia. De inmediato pude adentrarme en la historia que Santiago Caicedo proponía sobre el cómic del mismo nombre de la artista Power Paola. Si bien la animación no era del todo fluida y la estética podría contener reminiscencias a  Persepolis; Virus tropical se revela como un trabajo sobre la búsqueda de identidad no solo de su protagonista, si no también de la animación en Latinoamérica. Veo el reflejo de millones de familias y mujeres que pasan por las mismas vicisitudes. La película por momentos se debilita debido a la descripción visual y narrativa. No echan mano de la abstracción, ese pequeño elemento que la animación tiene para potenciar una animación basada en una biografía. La película emociona por momentos y termina donde empieza la vida: la independencia. Hay que subrayar también la banda sonora que es digna de mención.

 

La lluvia perdió la indecisión. Se soltó en un aguacero fuerte y concreto. Por fortuna el festival organizó autobuses para las últimas funciones en los sitios más lejanos al centro. Los presentes en la sala pudimos llegar casi secos al centro. En el autobús pude conocer a la productora de Virus Tropical y con un vago saludo al director, Santiago Caicedo. Entre parada y parada hablamos un poco de la animación Latinoamericana y lo que suponía su filme en el panorama independiente de la animación latina. La lluvia bajó de intensidad pero no renunció a desaparecer.

En el hotel pensé en descansar pero la fiesta de apertura ya había comenzado así que guardé el cansancio y me dirigí por la orilla del lago hasta el restaurante La luna donde la fiesta ya estaba empezada. Al entrar pude ver a Nancy Denney-Phelps y su marido. No conocía a nadie más hasta que al pasar por la pista de baile un joven, alto, rubio y guapo me saludó pero no pude reconocerlo. Nikita Diakur, dijo. Ofrecí mis disculpas por no podernos encontrar en Animateka el año pasado, pero ya habíamos empezado una relación de emails porque como a muchos otros, su trabajo me parece interesantísimo. Hablamos, bailamos y después de unas horas nos despedimos.

 

Un hombre ha muerto (Un homme est mort), animación basada en el comic del mismo nombre. Es una historia que nos cuenta con lo que pasó en la revuelta obrera de Brest de los años posteriores a la guerra, en el que los trabajadores luchan por la dignidad de un trabajo seguro, bien remunerado y les permita llevar una vida digna. En el minuto cinco inicia el enfretamiento entre trabajadores y la policía. Los nervios y el enojo se crispan. Sucede lo inesperado. Alguien firma la orden de detener a los huelguistas a toda costa. La cuerda se tensa cuando los trabajadores se sienten emboscados. Sin más, la policía dispara hiriendo algunos de los rebeldes, pero una bala mata al personaje del intelectual. Esto desencadena que el jefe sindical conrate a un realizador para que filme la situación en la ciudad y las condiciones en las que vive el prolietarado. De esta forma el cine ayuda que la voz de los trabajadores sea escuchada. Es una película de gran calidad que oscila entre la denuncia y el románticismo de un comunismo idealizado y perdido. La interminable lucha de clases vuelve como un dejavú constante en los tiempos.  El filme goza de pequeños y delicados detalles que la hacen inolvidable. El homenaje a Paul Éluard, cuya poesía da nombre al filme y es el hilo conductor, sella perfectamente la película.

Nota triste: El hombre que se sentó a mi lado empezó a dormir después de los diez primeros minutos.

Un homme est mort – Bande annonce

 

Debido a que tuve que quedarme hasta el final de los créditos -como todo un profesional respetuoso- perdí el autobús que me permitiría llegar a tiempo a la proyección de la competición número 4, y a la cuál llegué 10 minutos tarde. No pude pasar porque la sala estaba llena, según los voluntarios del festival. Así que estimado lector le ruego me disculpe por la imposibilidad de narrar lo mejor del programa en cuestión.

Volví al hotel con ganas de descansar, pero un mensaje de un amigo con la invitación para asistir a la recepción de la delegación de Corea del Sur, me hizo poner de nuevo en marcha. Cogí una botella de Müller-Thurgau que había comprado para compartir con los amigos. Resultó que no la necesitaría. Al llegar a la recepción coreana la sala ya casi estaba vacía pero pude ver a Stela Cadez, Petra Balekic y Rachel Gutgarts. No pasaron más de 15 minutos y todos decidimos ir a la fiesta de MIFA donde los anfitriones sería la delegación Brasileña. Por el camino hablamos de enteogenos y de como Petra jamás los había utilizado. De la forma ceremoniosa en la que se consumen en México, no solo para usos recreativos. Y después hablamos del lago, del día, de los árboles.

Antes de llegar a la fiesta tuve que esconder la botella de proseco entre los arbustos porque no era posible entrar con tu propio alcohol. La fiesta estaba muy concurrida y prometía. A pesar de mi estado de salud -infección de garganta- decidí pedir una cerveza. Mala decisión. Petra, más inteligente, ordenó un vino. Nos fuimos a caminar y socializar. Encontré a algunos mexicanos que se revelaron como el presente y futuro de la animación. Conocí pues al director de programación de Pixelatl: Christian Bermejo. También a Bastian Pascal, Jesús Pérez y Ana Cruz. De forma fragmentada y precisa, hablamos de la animación en México. De los terremotos constantes. Del crecimiento inusitado de Pixelatl y por supuesto de lo que supuso Llamarada Animación, el estudio que empezó a sentar las bases para las futuras generaciones que ahora se dedican a hacer animación independiente y buscan crear industria en el país. También pude conversar con parte de la delegación ecuatoriana, concretamente con Esteban Erazo y Yesenia Buenano (que en el primer contacto pensó que era un colado, no la culpo) y de su búsqueda de financiación para poder traer a la vida el imaginario de Crakoshan, una idea tronchante y superlativa que me dejó perplejo. Desupués divagamos sobre cantantes ecuatrionaso famosos. Minutos más tarde mi salud me pidió que nos marcháramos. Al salir decidí dejar la botella de Müller-Thurgau en los arbustos y quizá volver al siguiente día. La temperatura constante mantenerse por los 15 o 16 grados con lluvia.

 

Dilili en París, creo que este filme fue el primero del día martes a las nueve de la mañana. Antes de Un hombre ha muerto.

Michel Ocelot hace agua en su nuevo filme. Si bien la recepción fue calurosa, no es el mejor trabajo del ya veterano director y animador. Dilili en París es una historia que sirve de pretexto para presentarnos la Belle Epoque de París, como un cuento recurrente y hasta cierto punto cansino. Los ojos que se encargan de mostrarnos este mundo son los de Dilili, una pequeña niña que llega de Nueva Caledonia a París, y Pedro, un joven mensajero que igual bailaba o cantaba con gran talento. Ambos se embarcan en la aventura de descubrir un misterioso movimiento que está robando niñas en La Ciudad de la Luz. Somos testigos de cómo Dilili se mueve por el París de Marie Curie, Sarah Bernhardt, Emma Calvé, Loiuse Pasteur y Toulouse-Lautrec entre otros. Todos colaboran para que Dilili y su amigo cumplan la misión de hallar los culpables de los inexplicables raptos. La narrativa se torna plana y repetitiva. La propuesta visual no logra estallar.  Algunos momentos no se sabe si la intención es la risa o el intento de conmoción. Lo más destacable de este filme quizá sea el inicio que pareciera una referencia a Kirikou y nos muestra a familia africana en una actividad cotidiana, cuando la cámara se aleja descubrimos que son parte de la nefasta fería universal en la que familias traídas del África eran obligadas a escenificar su vida cotidiana en un entorno artificial para el deleite de la pomposa sociedad francesa. El otro punto fuerte es el descubrimiento de la secta que quiere esclavizar a todas las mujeres para que no tengan oportunidad de tomar el poder. Esta trama que podría haber dado más se hunde en la superficialidad. Dilili en París se queda como una carta de amor a París que a ratos se siente absurda y cursí.

Por la noche encontré a Dave un amigo australiano que me llevaría en barco a su casa en Annecy para una cena con su esposa. Subimos a su pequeña lancha, más que barco, y partimos desde la orilla del lago de Annecy. A mitad de camino la pequeña barca se detuvo en la oscuridad. Dave maldijo en francés antes que en inglés. Algo fallaba en el motor. Ahí, en la penumbra de la noche, con una punto de vista distinto de la ciudad nos quedamos a la deriva como tres puntos suspensivos…

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