carrusel, crónica conciertos, música — 3 julio, 2018 at 0:10

El Garaje, Punk y Blues de Boss Hog hacen primera parada para presentar Brood X

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Foto: Juan Antonio Gamez

Jon Spencer y Cristina Martínez, o lo que es lo mismo, Boss Hog eligen Sevilla como primera parada en la gira de presentación de su nuevo disco (Brood X) tras diecisiete años de tensa espera. La suciedad y la irreverencia del Garaje-Punk-Blues neoyorquino, toman la Sala X.

Sevilla. Martes, 22h. De nuevo la trepidante y extraordinaria programación de nuestra querida Sala X nos obliga a trasnochar recién comenzada la semana. Esta vez, la cita ineludible, era con Jon Spencer, Cristina Martínez, Jens Jurgensen, Hollis Queens y Mickey Finn. No era a ciegas, aunque mucho tiempo ha pasado desde que nos vimos por última vez…y no fue difícil reconocernos ya que Boss Hog, mantiene intacto el espíritu agitador y contestatario de aquella banda que nos zarandeaba por última vez con Without (2000) diecisiete años atrás.

Como era de esperar el espectáculo se sustentó sobre temas del trabajo que presentaban: sonaron con fuerza y contundencia Black Eyes (donde encontramos algún regusto al The View of The Afternoon de unos imberbes Arctic Monkeys), Elevator (energético con mucho cambio rítmico, a lo RATM) o Ground Control, en el que Cristina nos regaló una de sus clásicas bajadas del escenario, y en la que Hollis, esa baterista con aspecto de protagonista de película de terror de los 80, se lució con unos certeros coros y el mejor sólo de batería de toda la noche.

Foto: Juan Antonio Gamez

Pero como corresponde a un grupo experimentado, que sabe de qué va esto, no se dejaron en el tintero los himnos de toda la vida: sus buques insignia I Dig You, Winn Coma, y sobre todo Strawberry (que se erigió en el momento cumbre del concierto), hicieron descargar adrenalina, y en grandes cantidades, a un público que, desde el principio, se encontraba entregado al desmadre neoyorquino.

Finalmente, la sensación con la que nos quedamos, es que Boss Hog cuajaron un fantástico concierto, que tocaron infinitamente mejor de lo que sonaron. Las señas de identidad de la banda, voz y guitarras distorsionada y cierre abrupto de los temas, se vio un tanto deslucida, a ratos, por un sonido saturado y poco nítido. Por ello, esperamos no tener que esperar diecisiete años más para volver a verlos en directo, y que esta vez, sonido y espectáculo se encuentren a la misma altura.

Foto: Juan Antonio Gamez

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