cine — 3 Febrero, 2016 at 15:46

La revolución de los ángeles

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Por Mr. Kropka

La Revolución de los Ángeles de Marc Barbena no es una película, es un artefacto propagandístico. Es, en las palabras de sus propios creadores: un libro, una posible serie de capítulos de una hora de duración, y no sé si más mercadotecnia.

Me acerqué a esta película por la buena factura de algunos filmes españoles que he visto en los últimos años, y por su trabajo en Hollywood que cada vez cobra mayor relevancia. Pero desde la primera escena de La revolución de los ángeles sabía que no estaba frente a una de esas buenas películas. La idea del relato al menos es curiosa: enfermos terminales que en una España desmantelada comienzan a matar políticos corruptos en un acto que ellos creen devolverá a la gente la esperanza de un futuro mejor.

Este tipo de ideas, si no son bien desarrolladas, pensadas y ejecutadas pueden resultar contraproducentes para la misma esencia del proyecto. Y es lo que pasa con este primer capítulo de la que se espera sea una serie.

Walter Benjamín decía que el arte tiene que decir algo, ayudar a que el pueblo no sea sometido por su aparato político; un arte que no diga nada no vale nada. Por otro lado Theodore Adorno decía que el arte solo tiene ser para aquél que lo entienda, es decir: arte por arte. Un sentido más elitista. El cine como herramienta de propaganda siempre ha sido efectivo y hay muchos resultados que lo atestiguan pero en el caso de la Revolución de los Ángeles, ese arte útil tiene una debilidad desde el momento de plantear el tema hasta su ejecución. La apuesta es valiente, pero no logra contagiar ese sentimiento de esperanza; al menos no en mí. Tampoco me parece que sirva como punto de debate, puesto que en este momento de la historia en España nadie está dispuesto al derramamiento de sangre. Entiendo pues que este proyecto haya encontrado su nicho en las miles de personas desesperadas y resentidas con razón.

Estoy de acuerdo que lo que pasa con España y media Europa es terriblemente triste, vergonzoso y nefasto. Pero la ficción que me muestran me parece que intenta ayudar más a ese totalitarismo que se está asentando, que a promover un verdadero cambio. Advierte a la clase política que deben poner más candados y reprimir más, por si acaso. Sus creadores argumentan que utilizan el miedo que el sistema usa para usarlo en su contra. Esto me parece un argumento pobre de ideas y una justificación sin fuerza. En todo caso a lo que teme más la clase política no es una matanza de políticos en cadena, eso solo les otorgaría más fuerza para reprimir y llevar a estados excepcionales de gobierno. Temen más a una sociedad organizada que les haga frente con sus propias armas en su propio terreno; una sociedad inteligente. Estoy convencido de que aún hay formas no violentas para resolver las cosas en España.

No ahondaré en la parte artística de la Revolución de los Ángeles porque es evidente su malísima factura. Quizá lo siguientes capítulos, si los hay, sean mejores.

 

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