15 francos, ACHTUNG!, carrusel, literatura, miradas, opinión, relatos — 19 abril, 2018 at 12:46

Algo más que fe

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Foto: Tookapic

De silencios, juguetes y páginas en blanco

Él me dice que está cabreado. Ella ha hecho como si se olvidara de él. Que habían puesto un lugar y una fecha que nunca llegarían porque ella se encargaba de que así fuera, y que el silencio que ahora gritaba tan alto entre ellos no tenia sentido. Que no entendía que ella siguiera con laberintos y sátiras si tan claro tenía que no había partida que jugar. Que empieza a necesitar algo más que fe para seguir creyendo. Que la sinceridad parece que caduca con cada nueva aplicación y que no encuentra la sonrisa que le habían prometido.

Me dice que no piensa decirle absolutamente nada. Que si el silencio es de ella, también es suyo. Y que tiene toda la intención de utilizarlo.

Yo le digo que lo utilice. Es más, que lo haga eterno. Que mate lo que ya está muerto. Que no invierta su tiempo en alguien que no invierte en él, porque nuestro tiempo es lo único real que podemos ofrecer. Que no patalee y que se levante, pida otra canción y no se exponga a miradas que no lo reconocen. Que todo es demasiado corto, volátil y divertido como para jugar con quien no quiere jugar —querer ganarlo todo y no atreverte a tirar los dados, ¿hay algo más triste?—. Habrá otras partidas y se pondrán otras fichas sobre el tablero. Se perderán más batallas y, puede que, incluso, se gane alguna guerra. Quién sabe. Lo importante es tener los cojones de querer jugar. Le digo, no, le ruego, que escape de personas tan malcriadas que no consiguen sonreír sin juguetes con los que entretenerse, gente con complejo de gacela que solo se entienden y se reconocen cuando consiguen a alguien que les persiga.

Le digo que se limpie la sangre, que se cambie de calzoncillos y salga a la pista de baile. Porque allí fuera, en algún lugar, bajo alguna piedra, habrá alguien que no necesita a nadie detrás para seguir hacia delante, que le importe un carajo que le llamen guapo o bonita o demás absurdos calificadores porque se encanta cuando se mira en el espejo y sonríe solo para sus ojos. Que no se mida en función del número de me gustas de cualquier red social ni se quiera por la cantidad de veces que algún fulano le guiña el ojo. Alguien que no sea una puta página en blanco buscando un escriba que redacte sus notas al pie, porque ella solita se basta para escribir su propia historia.

Le digo que estas personas existen, que estoy seguro de ello, que (también) es algo más que fe. Lo sé. Y lo sé porque sería demasiado triste que no fuera así.

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