featured, internacional — 5 abril, 2015 at 5:39

La prolongada insatisfacción de los albaneses de Macedonia

por

Por Eva Coronado

Struga es una de las ciudades en la Republica de Macedonia con un mayor número de albaneses /Sheila Alcolea
Struga es una de las ciudades en la Republica de Macedonia con un mayor número de albaneses /Sheila Alcolea

Movilidad, fluidez y adaptabilidad parecen ser las nuevas consignas de la aldea global en la que vivimos. Se habla de globalización económica, de movilidad internacional y de nomadismo 2.0. Pero aún quedan muchos lugares en el mundo en donde siguen existiendo fronteras físicas y fronteras no visibles, espacios donde el deseo de paz de los habitantes se mezcla con sentimientos identitarios subyacentes, susceptibles de saltar en cualquier momento.

Al igual que los países bálticos en Europa, la historia de los Balcanes ha mostrado siempre un importante movimiento de fronteras. Una rica región en donde conviven musulmanes, cristianos ortodoxos y católicos. 

Después de formar parte del Imperio Otomano, el Imperio Austro Húngaro y la antigua Yugoslavia y desde que en 1991 comenzara su desintegración, el núcleo de los Balcanes lo forman hoy en día seis Estados plenamente independientes y reconocidos por la ONU y un séptimo, Kosovo, que no se encuentra reconocido por la totalidad de la comunidad internacional.

La República de Macedonia al igual que los otros Estados balcánicos cuenta con gran presencia de sus vecinos; serbios, bosnios o croatas conviven con macedonios de origen eslavo (en adelante macedonios). Pero si hay un pueblo con el que mantienen unas mayores tensiones es con el albano.

De los 2.087.171  habitantes de Macedonia 529.083 son albanos lo que supone un 25,2%, según el último censo de 2013. Es la minoría étnica más grande del país. Se suelen situar en el noroeste del país en ciudades como Tetovo (70,3% ), Gostivar (66,7%), Debar (58,1%), Struga (56,8%), Kičevo (54,5%), Kumanovo (25,8%) y en la capital, Skopje (20,5%). En Tetovo la alcaldía es albanesa. 

Un ejemplo claro, en el barrio de Chai de la capital, Skopje el 57% de los 60.000 habitantes son albaneses. En la Junta del Distrito ondea la bandera rojinegra del águila (la albanesa) al lado de la macedonia, junto con la de Estados Unidos, ya que fueron los norteamericanos quienes ayudaron a construir el edificio. La mayoría de los albaneses están muy orgullosos del apoyo recibido por los estadounidenses durante todo el conflicto.

“Según la ley, los municipios con más de un 20% de albaneses tienen derecho a izar su bandera. Pero que quede claro que sentimos Macedonia como nuestro país”, explica el portavoz municipal, Avni Kallaba, sentado al lado de un póster de Skanderbeg, héroe nacional albanés del siglo XV, el considerado salvador de Europa frente a los turcos.

Otro de los casos más mediáticos fue el “caso Monstra”, en el cual seis albaneses fueron condenados a cadena perpetua dos años después de ser arrestados, acusados de haber asesinado a dos pescadores macedonios. Los hechos ocurrieron en 2012. El ministro del Interior Gordana Jankulovska organizó una importante operación policial que acabó con estas seis detenciones, a los cuales describió como “terroristas fuertemente influenciados por los fundamentalistas islámicos”.

Los acusados fueron condenados después de pasar por 46 audiencias judiciales. El 4 de julio de 2014 millones de albanos tomaron las calles de Skopje como respuesta a las condena impuesta, creando así la mayor y más violenta manifestación desde que la guerra acabara en 2001.

Una mujer sostiene con sus hombros una bandera macedonia y otra albanesa. /Eva Coronado
Una mujer sostiene con sus hombros una bandera macedonia y otra albanesa. /Eva Coronado

Historia de un conflicto

Tras finalizar la Primera Guerra Mundial y la partición del imperio austro-húngaro en 1918 se originó la creación de nuevos Estados: el Reino de los serbios, croatas y eslovenos. Una década más tarde Alejandro I transformó el reino en un Estado que se denominó Yugoslavia. En 1946  se convirtió en una federación con seis repúblicas y dos regiones autónomas (Kosovo y Voivodina). En 1947 se les uniría Istria y el enclave de Zadar. En 1991 la unidad se desintegró y estallaron las guerras yugoslavas que terminarían en 2001 en Macedonia y en Serbia.

Los albaneses llevan viviendo en Macedonia desde tiempos del Imperio Otomano. Durante la República Socialista Federal de Yugoslavia el líder, Josip Broz “Tito” introdujo algunas medidas protectoras en campos como la educación o la cultura y prohibió las religiones.  Eso consiguió contener las diferencias étnicas. De hecho, la  nostalgia hacia Tito debe ser de las pocas cosas en la que albaneses y macedonios están de acuerdo hoy en día. 

A partir de 1991, cuando Macedonia consigue la independencia se abre una nueva etapa de diálogo y disputas entre las distintas etnias que finalizará en 2001 con el acuerdo de Ohrid. Este texto intenta poner fin a la conflictividad interétnica del país y con soluciones políticas y jurídico-constitucionales. Se busca superar el conflicto armado iniciado en la primavera de 2001 con el levantamiento del llamado UÇK (Armada de Liberación de Kosovo) en varias zonas del noroeste del país.

Debido a este acuerdo se llevaron a cabo varios cambios en relación a la vida pública y a la lengua de los albaneses. Por ejemplo, la Universidad de Tetovo, donde se imparten clases en lengua albanesa, fue reconocida por las autoridades macedonias. Pero el sistema educativo sigue siendo un sistema totalmente segregado e influenciado por los distintos partidos políticos.

Fue con la guerra de 2001 cuando salieron a relucir las rencillas acumuladas durante siglos entre estas dos naciones que conviven en el país balcánico: una que se consideraba oprimida, los albaneses, y la de los considerados opresores, los macedonios de origen eslavo. Se habló de  conceptos como dividir Macedonia y modificar, una vez más, las fronteras de los Balcanes. Incluso se llegó a hablar de nuevas entidades políticas: Gran Albania y Gran Bulgaria.

Las actuales reivindicaciones albanesas llegan también a Grecia. En la región de Cameria una zona repartida entre el sur de Albania y el norte de Grecia, se enfrentan los dos vecinos. Los griegos defienden los intereses de las comunidades helénicas que sobreviven en Albania mientras que Tirana reivindica el patrimonio albanés de esa región, actualmente bajo control griego, de donde fueron expulsados miles de albaneses durante la Segunda Guerra Mundial.

En 2004 las tensiones tocaron uno de sus puntos álgidos cuando Grecia amenazó con bloquear una posible entrada de Albania en la Unión Europea si seguía aventando las reivindicaciones territoriales de Cameria.

Otro punto importante a tratar es la migración albanesa. Desde principios de los años 90 miles de albaneses llegaron a Grecia, donde trabajan en la construcción o como temporeros. Esta comunidad inmigrante es de las más numerosas del país, y una de las peor consideradas. 

En Montenegro, concretamente en el sur, también hay una fuerte presencia albanesa. Con la independencia de esta república balcánica esta minoría empezó a organizar movimientos políticos nacionalistas. Otro país cercano que alberga a un numeroso grupo de albaneses, muchos de ellos kosovares es Turquía pero por el momento no parece avecinarse ningún conflicto.

Visiones del presente

Silvija Dimovska tiene 26 años, es macedonia eslava y profesora de español en Skopje, al principio es reacia a hablar sobre los albaneses, pero poco a poco se siente más cómoda y empieza a contar sus impresiones “tenemos muchísimas tensiones con ellos. Por ejemplo, en los autobuses, les encanta armar jaleo. Viajan con palos y con cuchillos y los sacan para pelear. Tengo muy pocos amigos albaneses, tan sólo 3, bastante normales, pero es difícil, aquí el río divide la ciudad en barrios albaneses y macedonios. Mi padre nos solía decir a mi hermana y a mí que hace 30 años no había problemas con ellos. Realmente el problema llegó con la guerra en Kosovo, cuando EEUU les dio muchos derechos. En ese momento se sintieron poderosos y querían más.  Por eso se formó el ONA ( Ejército de Liberación Nacional), que pelean por una Albania grande y fuerte”

“Los albaneses de Macedonia son distintos, son más religiosos que en Tirana, también en Albania hay muchos católicos” añade. “En Albania también hay muchos macedonios, son muy pobres y no tienen muchos derechos, viven en Pustec”

Para la mayoría de los albaneses la solución al conflicto pasa por la entrada de Macedonia en la Unión Europea (complicado debido a las tensiones con Grecia), y por mejorar la economía del país. Están convencidos de que una mejor economía reduciría los enfrentamientos entre albanos y macedonios eslavos.

Driton Coma, de 40 años es un antiguo combatiente de la guerra de 2001 en Macedonia. Tiene claro por qué ha luchado toda su vida, “por una mejora de la situación de mi pueblo, por tener los mismos derechos que los macedonios, ayudas sociales e iguales beneficios”. Según explica, “el gobierno sólo invierte en lugares donde la mayoría son macedonios de origen esclavo y en términos educativos mientras que ellos deben aprender macedonio no ocurre lo mismo en sentido inverso, ya que los macedonios no tienen por qué aprender albanés”. Lo mejor, argumenta, sería que “los colegios fueran mixtos, pero sabe que tal y como se encuentran las cosas hoy en día es imposible”.

Driton es una de las caras visibles del OVL en Struga, una conocida organización de veteranos de guerra que lucha por acabar con lo que ellos denominan “la represión eslava”. 

La diferencia cultural entre ambos pueblos es bastante grande lo que complica aún más la situación. Las familias albanesas suelen tener más hijos, con tradiciones muy arraigadas, su religión es distinta (son musulmanes mientras que los macedonios son ortodoxos) y su lengua también. La presencia social de la mujer también es distinta, sólo hace falta pararse a observar una cafetería albanesa y darse cuenta de la presencia unánime de hombres, algo que no pasa en las macedonias, con una presencia más pareja entre ambos sexos.

Otro de los temas que menos gusta a los albanos es como son vistos fuera de sus fronteras, gracias en gran parte por las películas de Hollywood que les muestrancomo mafiosos y terroristas. “En la mayoría de las películas en las que salen albanos, ni siquiera hablan nuestro idioma correctamente, dicen cosas sin sentido”, sentencia Driton.

_DSC7182
Driton Coma (izq) junto con otros dirigentes del OVL (organización de veteranos de guerra)/Sheila Alcolea

música cine libros series discos entrevistas | Achtung! Revista | reportajes cultura viajes tendencias arte opinión

Deja tu comentario

Comments are closed.